viernes, julio 30, 2021

El distrito de Gral Viamonte cumple 112 años de su autonomía

La ciudad de Los Toldos arriba el 2 de noviembre venidero a 128 años de su fundación por Electo Urquizo

Como pocos pueblos bonaerenses, Los Toldos es un claro ejemplo de tener raíces en habitantes originarios.

Tras avatares en el sur argentino, de guerras entre tribus por tierras y ubicaciones de sus tribus, Coliqueo decide radicar su gente en la zona fronteriza de Junín o Bragado, lejos de las invasiones, en terreno donado, y así fundar un pueblo o fuerte; para ello son numerosas las actividades diplomáticas que realizó.

En 1862 se levanta la tribu de Junín, pues los Ranqueles preparan una nueva invasión. Raninqueo y Simón Coliqueo se despiden del Juez de Paz de Junín y ponen en su conocimiento que se trasladan hacia El Potroso por una orden recibida, pero en ese lugar permanecen poco tiempo, pues reciben permiso de Mitre y de Vedia para trasladarse a Bayauca. Poco a poco se van corriendo de lugar, y llegan a establecerse en el Fortín Médanos del Hornito, hoy Zavalía. Allí se les une el Cacique Coliqueo.

Los indios, que con Justo Coliqueo había ido a recorrer los campos, descubrieron un lugar ideal de asentamiento cerca de las Lagunitas y Tapera de Díaz. En julio de 1862 don Ignacio Coliqueo, desde Bragado, escribe el gobernador de la provincia, general Bartolomé Mitre, solicitándole su radicación definitiva en esa zona, en Tapera de Díaz.

Para acelerar el trámite decide viajar, y en persona, realizar el pedido, al ya presidente Bartolomé Mitre. Mediante los oficios de un “lenguaraz”, se llega a un acuerdo de palabras y logra la donación de las tierras, con la promesa posterior de realizar las formalidades legales. En el mes de noviembre, Coliqueo se instala con sus hombres en el lugar de su propiedad con la idea de instalar su pueblo a la manera de fuerte y colonia agrícola.

Esta es una región, que por sus características, recibió el nombre de “Serranilla del Río Salado”. Se asentaron en el paraje entre las dos lagunas profundas que hoy conocemos con nombre de “del Cementerio” y “La Salamanca”. Más afuera se encontraban otras como la de “Cotta”, la de “Morón”, “La Salada”, allí iban a abrevar los ganados, los cazadores de ñandú.

Cada capitanejo agrupó a su gente alrededor de su toldo. El centro lo ocupaba el Cacique Coliqueo y su tribu; a lo lejos, los caciques abregados. Algunos hicieron su rancho y sembraron retazos de campo maíz y cebada. Allí se radicaron y hasta ahora quedan sus descendientes. Coliqueo siempre quiso servir a los cristianos, hasta su muerte. Peleó en contra de aquellos que no querían la paz. Su hijo Simón continuó el mismo proceder de su padre. Fueron siempre leales, fieles, los “indios amigos” del gobierno, como lo afirmaba Mitre: se debe hacer distinción con un Coliqueo, que hizo lo que ningún otro.

El general Mitre ayudó mucho a los indios. Hizo construir un rancho en la Tapera de Díaz y un galpón para guardar las cosechas. A los caciques y capitanejos que hacían custodia en las fronteras; les daba sueldos y ayuda a sus familias. De esa manera empezó a prosperar la tribu de Coliqueo.

Como pago de la buena actuación de Cacique y su tribu, se decreta por la Ley del 29 de septiembre de 1868 y en la del 30 de septiembre de 1868, la donación de seis leguas cuadradas establecidas alrededor de la Tapera de Díaz. Lo que fue aprobado por el gobierno de la provincia de Buenos Aires a cargo de Emilio Castro por resolución del 17 de julio de 1869, disponiéndose que el escribano mayor de gobierno otorgase las escrituras de propiedad. El Cacique Coliqueo se adaptó fácilmente a la cultura argentina y su máxima aspiración fue la cultura de su tribu, a tal efecto, solicita al gobierno se instale a su tierra una capilla y una escuela.

Alrededor de 1860 se establecen los primeros negocios del blanco entre los indios. Entre los más destacados caben mencionarse el negocio de Juan José Arzuaga, quien a los 17 años había llegado a instalar una pulpería de los más próspera y fuerte de la tribu, llegando a ocupar el cargo de alcalde desde 1871 y 1876. En 1868, se instalaron las pulperías de Deliza Lizarazo, José Alonco y Martín Ibarguren.

El 6 de junio de 1872, llega a Los Toldos “viejo”, el posterior fundador de Los Toldos “nuevo”, don Electo Urquizo, que instala “El Argentino”, un boliche que prosperó notablemente. Por esa época deben soportar el avance indígena, capitaneado por Calfulcurá, que en reiterados motines llegan a las puertas de Bahía Blanca, Bragado, Junín y 9 de Julio.

Lo cierto es que esta breve historia dio origen a que el día 6 de agosto de 1908 se declarara la autonomía del Partido de Los Toldos, cuya ciudad cabecera será el pueblo de Los Toldos. El 7 de Octubre de 1910 se resuelve cambiar el nombre Los Toldos por el de General Viamonte, en homenaje a un soldado de luchas internas. Se rescató el pasado mapuche en esas tierras.

Luego de que se declarase la autonomía, es Manuel F. Castillo quién fue designado el primer comisionado de Los Toldos. Su nombre figura en el decreto original. Desde el 1 de enero de 1909 a el 16 de Junio de 1912.

Hoy a 128 años es gobernado ese distrito por Franco Flexas, quien impulsa obras de infraestructura para el distrito y alienta la participación ciudadana al tiempo que se muestra en abierto apoyo a los sectores de la economía para su desenvolvimiento.

En la actualidad, todo ello se articula con la Emergencia Sanitaria que caracteriza la pandemia.

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