A 204 años de ser libre de toda dominación extranjera

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Era martes y el día estaba soleado el 9 de Julio de 1816.

Hacía unos meses que el Congreso de Tucumán había comenzado a sesionar. Lo hacía desde el 24 de marzo con 33 diputados. Se había elegido esa ciudad porque estaba ubicada en el centro del virreinato y porque las provincias se negaban a que Buenos Aires fuera otra vez la única protagonista de un hecho que alcanzaba a un vasto territorio.

La realidad dictaba que era imperioso dar una formalidad a la revolución iniciada en 1810, detrás de esta proclama se encontraban todos los pueblos y territorios americanos que hasta aquí conformaban un Virreinato, el del Río de la Plata, bajo el reinado de España.

Mientras tanto la Corona Española ya hacía 2 años que con Fernando VII había recuperado el control que había perdido a manos de la ocupación Francesa que años atrás había llevado a cabo su emperador, Napoleón Bonaparte. Así de esta forma España comenzaría a intentar acabar con los levantamientos y revoluciones que se venían sosteniendo en el continente Americano.

Pero era inminente la caída de este colonialismo, debido a los deseos de libertad de los habitantes de estas tierras.

Ese martes, cerca de las 14 horas comenzaría a plasmarse el chispazo que daría inicio a la conformación definitiva de la independencia. Se empezaba a tratar el designio de libertad y de autodeterminación de un pueblo, pensando en crear una nación.

Ese congreso tenía ausentes.

Faltaba, la Liga Federal compuesta por las provincias de Santa Fe, Misiones, Corrientes y Entre Ríos junto a la Banda Oriental, que habían expresando algunas discrepancias.

Además, no sesionaban las Provincias del Alto Perú que nuevamente habían sido recuperadas por los españoles. Tampoco estaba el Paraguay que ya se había independizado en 1811 y los territorio del Gran Chaco, la Patagonia y el sur del continente que se hallaban dirigidos por Pueblos Autóctonos y en algunos casos también despoblados.

Y fue unánime que los encargados del futuro del pueblo, allí en la Casa de Tucumán, la Casita de Tucumán como nos comentan a cierta edad, la casa de la señora Francisca Bazán de Laguna (ver CN), todos votaron a favor de declarar la independencia.

Acto seguido se comenzaron a preparar las celebraciones para el día siguiente, donde entre festejos, misas y discursos, se nombraría a Juan Martín de Pueyrredón, hasta el momento Diputado por la Provincia de San Luis, Director Supremo de las Provincias Unidas del Río de la Plata.

El Acta de Independencia rezaba entre otras cosas la Declaración de Independencia; y luego la solemne manifestación invocaba a todos los diputados y demás responsables presentes en una enérgica línea que fijaba:
“Dada en la sala de sesiones, firmada de nuestra mano, sellada con el sello del Congreso y refrendada por nuestros diputados secretarios.”

En la misma aparecían alineados los INTEGRANTES DEL CONGRESO DE 1816

Como dato anecdótico, mediante una sesión secreta unos días después el 19 de Julio se realizó una pequeña rectificación al texto, pero no por eso menos importante, ya que había quedada abierta la posibilidad de pasar a depender de algún otro imperio distinto de España, es por esto que se modificó donde el Acta reza “…nación libre e independiente del rey Fernando séptimo, sus sucesores y metrópoli…” se anexó “y toda otra dominación extranjera” donde luego más tarde se sucederían como parte de esta gesta, las guerras por la independencia, pero no quitarían ni una migaja de las esperanzas de aquel pueblo, de poder bramar a los cuatro vientos el más sentido y profundo VIVA LA PATRIA!!