A 99 años del natalicio de Eduardo Pironio

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‘Si tuviera que hablar de mi vida, comenzaría con mi familia y, en particular, por mi madre, que fue una mujer sencilla pero de fe profunda. Yo soy el vigésimo segundo hijo, el último nacido, y tengo que reconocer que en esta historia hay algo de milagroso. Mis padres eran italianos. Cuando nació el primer hijo, mi madre tan sólo tenía 18 años y se enfermó gravemente. Durante seis meses estuvo en cama, sin poder moverse. Cuando se recuperó los médicos le dijeron que no podría tener más hijos pues, de lo contrario, su vida correría un grave riesgo.
Al no saber qué hacer, mi madre fue a consultar al obispo auxiliar de La Plata, quien la tranquilizó y celebró una misa pidiendo protección.
Más tarde dio a luz a 21 hijos, yo soy el último. Pero lo mejor no acaba aquí, pues después fui nombrado obispo auxiliar de La Plata, precisamente en el cargo de aquél que había bendecido a mi madre. El día de mi ordenación episcopal el arzobispo me regaló la cruz pectoral de aquel obispo, sin saber la historia que había detrás. Cuando le revelé al arzobispo que debía la vida al propietario de aquella cruz, lloró’.

Este relato de Eduardo Pironio pone bien arriba el milagro de la vida. Es un hecho trascendente que ocurre a diario, y sin embargo no nos detenemos un segundo a pensar en ello. Había nacido en Nueve de Julio el 3 de diciembre de 1920, siendo sus padres, inmigrantes italianos. A ese suceso divino, Pironio lo recordaba siempre. A los 5 años, le dijo a su madre que quería ser sacerdote.

En la actualidad está en marcha un proceso de Beatificación camino a la santidad. Desde 2006 es ‘Siervo de Dios’, instancia inicial de ese proceso y ahora se analiza su vida y si un milagro en Santiago del Estero le pertenece. Se ha expresado que en el año 2008 se debe al nuevejuliense la curación completa de un niño de 15 meses que habría salvado su vida sin secuela alguna, luego de una intoxicación con purpurina. Beato significa literalmente feliz, en el convencimiento que goza del Paraíso. Pironio irradiaba felicidad. Llevó una vida cristianamente ejemplar, digna de ser recordada.

Falleció en Ciudad del Vaticano el 5 de febrero de 1998 y sus restos descansan en la basílica de Luján conforme su pedido. Allí se había ordenado. Se encuentran junto al altar del Sagrado Corazón de Jesús.

El papa Juan Pablo II dijo en sus funerales en la basílica de San Pedro, el 7 de febrero de ese año: “Fue un testigo de la fe valiente que sabe confiar en Dios”.

Debido a su posición e influencia en la Santa Sede, a la orientación que brindó a varias Congregaciones de la Curia Romana, a su enorme prestigio ―tanto en la Santa Sede como en la Argentina―, a su labor con los jóvenes de todo el mundo (fue gran impulsor de las primeras versiones de la Jornada Mundial de la Juventud) y a su presunta proximidad a la sucesión de Pablo VI y Juan Pablo I, algunos medios lo consideraron al momento de su muerte «el eclesiástico argentino más encumbrado de la Historia».

Eduardo Pironio fue  fue designado obispo de la diócesis de Mar del Plata, el 19 de abril de 1972 y asumió el 26 de mayo. Allí tendría su ejercicio episcopal destacado, pero su manera de llegar a los feligreses, en especial a los más necesitados le significó una persecución política años después ya que se lo consideraba ‘Obispo-Montonero’. Tuvo amenazas de muerte en forma reiterada. ante ello,  en 1975 la Santa Sede decidió trasladarlo a Roma.

Tras su arribo fue nombrado arzobispo titular de Thiges y pro prefecto de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica. El papa Pablo VI lo elevó al cardenalato en el consistorio del 24 de mayo de 1976, otorgándole la diaconía de los santos Cosme y Damián.

Tres días más tarde, el 29 de mayo de 1976 sería designado prefecto de la misma congregación, donde permanecería hasta el 8 de abril de 1984. Desde allí catalizó los cambios que las diversas congregaciones e institutos de vida consagrada debieron realizar a la luz del Concilio Vaticano II. Pablo VI tuvo gran empatía con Pironio,10​ e hizo de él su confesor personal.

Tanto en el cónclave de agosto de 1978 tras la muerte de Pablo VI, como en el cónclave de octubre de 1978 luego del fallecimiento de Juan Pablo I, fue considerado potencial candidato a Papa. Su nombre estuvo en las primeras planas de la prensa mundial y en especial en latinoamérica.

A 99 años de su deceso, donde una Avda. en Nueve de Julio lleva su nombre y es precisamente la que pasa frente a la casa de sus padres – Cardenal Pironio 1111 e Hipólito Yrigoyen – actual Centro Cultura que lo recuerda no se descarta que para el centenario, el proceso de beatificación haya culminado.