Luis Federico Leloir fue Premio Nóbel en 1970 tras superar dificultades en la carrera universitaria

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Luis Federico Leloir fue un orgullo nacional al obtener un Premio Nobel – el de Química – en 1970 y que falleciera hace 32 años, el 2 de diciembre de 1987.

Circunstancialmente nació en París. Su padre fue trasladado muy enfermo en busca de curas en la capital francesa. Su madre viajó embarazada y Luis Federico nació a la semana de la muerte de su padre. Fue el 6 de septiembre de 1906.

Fue médico, bioquímico y farmacéutico. Su primera incursión universitaria terminó rápidamente cuando abandonó los estudios de arquitectura que había comenzado en el Instituto Politécnico de París.

El máximo galardón internacional le llega por sus por sus investigaciones sobre los nucleótidos de azúcar, y el rol que cumplen en la fabricación de los hidratos de carbono. Tras su hallazgo, se lograron entender de forma acabada los pormenores de la enfermedad congénita galactosemia.

Tras el regreso de París con 18 meses , vivió junto a sus ocho hermanos en la Estancia El Tuyú, unas 40.000 hectáreas que iban desde San Clemente del Tuyú hasta Mar de Ajó, propiedad de su padre.

Allí aprendió a leer solo a los 4 años. Además, se dedicaba a observar todos los fenómenos naturales con particular interés, y sus lecturas siempre apuntaban a temas relacionados a las ciencias naturales y biológicas.

Sus estudios iniciales se repartieron entre la Escuela General San Martín, donde dio libre el primer año, el Colegio Lacordaire, el Colegio del Salvador y el Colegio Beaumont, en Londres.

Tras recibirse de médico en la Universidad de Buenos Aires, haber desaprobado anatomía cuatro veces, Luis Federico Leloir decidió dedicarse a la investigación de laboratorio, tras pasar por el Hospital Escuela de Clínicas, con críticas por su poco roce con los pacientes.

En 1933 conoció a Bernardo Houssay – Premio Nobel de Medicina en 1947- , quien dirigió su tesis doctoral acerca de las glándulas suprarrenales y el metabolismo de los hidratos de carbono.

En 1936 viajó hacia Inglaterra para dar comienzo a sus estudios avanzados en la Universidad de Cambridge, bajo la supervisión de Frederick Gowland Hopkins, quien había obtenido un premio Nobel en 1929 por sus estudios en fisiología y medicina tras descubrir que ciertas sustancias, hoy conocidas como vitaminas, eran fundamentales para mantener la buena salud. Sus estudios en el Laboratorio Bioquímico de Cambridge se centraron en la enzimología, específicamente en el efecto del cianuro y pirofosfato sobre la succínico deshidrogenasa. A partir de este momento, Leloir se especializó en el metabolismo de los carbohidratos.

Hacia 1943 Leloir dejó el cargo de investigador que tenía en la Universidad de Buenos Aires, en solidaridad con su mentor Bernardo Houssay, quien había sido expulsado de la Facultad de Medicina de esa universidad por firmar una carta pública en oposición al régimen nazi de Alemania. Gobernaba Pedro Pablo Ramírez y Edelmiro Julián Farrell era su ministro de guerra.

El destino de Leloir fue Estados Unidos, donde ocupó el cargo de investigador asociado en el Departamento de Farmacología de la Universidad de Washington, a cargo del matrimonio de Carl y Gerty Cori, con quienes Houssay compartió el Nobel en 1947.

También compartió investigaciones con el profesor D. E. Green en el Enzyme Research Laboratory, College of Physicians and Surgeons de Nueva York. Antes de partir hacia el exilio, se casó con Amelia Zuberbühler, con quien tuvo una hija a la que le pusieron el mismo nombre.

En 1945 regresó a Argentina para trabajar en el Instituto dirigido por Bernardo Houssay, precedente del Instituto de Investigaciones Bioquímicas de la Fundación Campomar, que Leloir dirigiría desde su creación en 1947 a manos del empresario Jaime Campomar y durante 40 años.

Desde 1947 formó un grupo de trabajo con quienes investigó y descubrió por qué el riñón impulsa la hipertensión arterial cuando está enfermo.

A principios de 1948, el equipo de Leloir identificó los azúcares carnucleótidos, compuestos que desempeñan un papel fundamental en el metabolismo y la ruta metabólica de los hidratos de carbono, lo que convirtió al Instituto en un centro mundialmente reconocido. Inmediatamente después, Leloir recibió el Premio de la Sociedad Científica Argentina.

A fines de 1957 Leloir fue tentado por la Fundación Rockefeller y por el Massachusetts General Hospital para emigrar a los Estados Unidos. Luis Federico Leloir, pese a contar con pocos recurso desistió y se abocó a seguir investigando en Buenos Aires.

Al año siguiente firmó un acuerdo con el Decano de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires, Rolando García, por el cual se creó el Instituto de Investigaciones Bioquímicas de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales nombrando profesores titulares a Leloir, Carlos Eugenio Cardini y Enrico Cabib. Esto contribuyó a que jóvenes universitarios argentinos se sintieran atraídos por la investigación científica, lo que repercutió en el crecimiento de la institución. También llegaron a ese centro investigadores y becarios procedentes de los Estados Unidos, Japón, Inglaterra, Francia, España y varios países de América Latina.

Leloir festejando junto a sus compañeros el 10 de diciembre de 1970, día que fue galardonado con el Premio Nobel.

Para ese entonces, Leloir estaba llevando a cabo sus trabajos de laboratorio en conjunto con la docencia como profesor externo de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales, tarea que sólo interrumpió para completar sus estudios en Cambridge y en el Enzime Research Laboratory de Estados Unidos.

Su voluntad de investigación superó a las dificultades económicas enfrentadas por el Instituto. Con herramientas caseras, Leloir se dedicó a estudiar el proceso interno por el cual el hígado recibe glucosa y produce glucógeno, el material de reserva energética del organismo, y junto a Mauricio Muñoz logró oxidar ácidos grasos con extractos de células hepáticas.

En 1968 obtuvo el premio Benito Juárez otorgado por el gobierno de México, el doctorado honoris causa de la Universidad Nacional de Córdoba y la membresía de la Pontificia Academia de las Ciencias de la Ciudad del Vaticano por resolución de sus miembros.

En 1970 recibió el Premio Nobel de Química y fue el primer iberoamericano en conseguirlo.

Donó los ochenta mil dólares del premio al Instituto Campomar para continuar su labor de investigación.

Falleció en Buenos Aires el 2 de diciembre de 1987 a los 81 años, tras un ataque al corazón poco después de llegar del laboratorio a su casa. Fue enterrado en el cementerio de La Recoleta de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.