miércoles, diciembre 1, 2021

Durante la Misa Crismal el obispo Torrado Mosconi invitó a ‘redescubrir la Iglesia’

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El obispo diocesano, Monseñor Ariel Torrado Mosconi presidió la misa crismal en la Iglesia Catedral de Nueve de Julio, en la noche de este jueves 22. Asistieron delegaciones de las parroquias de la diócesis y fue concelebrada por la casi totalidad del clero diocesano junto al obispo emérito Mons. Martín de Elizalde osb y el arzobispo Mons. Alfredo Zecca. En ella se bendijeron los santos Óleos, consagró el santo Crisma para los Sacramentos y los sacerdotes renovaron sus promesas.

En la homilía el prelado hizo un insistente llamado a redescubrir la Iglesia “como madre amorosa, a vivir en ella como familia en íntima comunión de amor, y a testimoniarlo entusiasta y gozosamente para que llegue a todos”. Asimismo la definió como misterio de cruz, amor y esperanza, ya que tiene su fundamento en la Pascua que vamos a celebrar.

Remitiéndose al legado del Cardenal Pironio, a los 20 años de su fallecimiento,   profundizó sobre las “tres realidades de fe” que se celebran durante la misa crismal: La Iglesia de la Pascua, la caridad pastoral y la paternidad espiritual de los presbíteros y de la toda Iglesia.

“En la Pascua está la matriz de la Iglesia –subrayó el prelado-. Ella revive constantemente el misterio de la cruz cuando participa y se compadece de los sufrimientos de los hombres así como cuando es perseguida y da testimonio de fidelidad y amor en la santidad de sus hijos. Por eso es signo, motivo y aliento de la esperanza en épocas de incertidumbre, desaliento y violencia. En cada celebración eucarística encontramos la fuerza para llevar la cruz y ser testigos de la esperanza para cuantos nos rodean”.

En segundo lugar, se dirigió a los sacerdotes paraa que durante la renovación de sus promesas y, por ende, a la renovación de sus “conciencias de haber sido ungidos para santificar y bendecir a nuestro pueblo” a que no tengan “miedo de morir a sí mismos, de salir y donarse de todo corazón a los fieles a los cuales fueron enviados”.

Asimismo se refirió a la insustituible labor que tienen como padres espirituales que “engendran la fe en el corazón de los cristianos”. “Engendrar la fe” sigue siendo hoy una de las claves de la nueva evangelización… La Iglesia cumple con su misión cuando da a luz nuevos cristianos. Y los sacerdotes -obispos y presbíteros- somos padres en ella”.

Antes de la bendición final, el Pbro. Lic. Pablo Etchapareborda de la diócesis de Mar del Plata, quien ya había disertado horas antes ante el Clero diocesano, brindó un breve testimonio cordial sobre la figura del cardenal Pironio. Finalmente las delegaciones compartieron un ágape fraterno en el salón de la capilla Sagrado Corazón de Jesús.

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La Iglesia de la Pascua: misterio de cruz, caridad y esperanza

Homilía del Obispo de Santo Domingo de Nueve de Julio, Ariel Torrado Mosconi, en la Misa crismal celebrada en la Iglesia catedral el jueves 22 de marzo de 2017.

(Is. 61, 1-3ª. 6ª. 8b-9; Ps 88; Ap. 1, 4b-8; Vs. Is. 61,1; Ev. de Lc 4,16-21)

Estamos celebrando la Misa Crismal, uno de los acontecimientos litúrgicos que mejor ponen de manifiesto, año tras año, la vida en de una Iglesia particular. Reunidos en torno al altar de la iglesia catedral, los fieles laicos, los consagrados provenientes de las distintas comunidades y el presbiterio junto al Obispo, hacen visible cordialmente el misterio de comunión y misión que es la Diócesis.

Este año lo vivimos con una connotación especial: se han cumplido veinte años de la partida del Siervo de Dios cardenal Eduardo Francisco Pironio y estamos haciendo memoria agradecida de su vida y legado.

Abrevando de la rica fuente de las oraciones y las lecturas de la palabra de Dios proclamadas, y relacionándolas  con algunos puntos claves y propios del pensamiento del Cardenal, deseo reflexionar sobre tres realidades de fe celebradas en esta liturgia, y llamadas a realizarse en la existencia concreta de las comunidades y de cada uno de nosotros según la propia vocación en el seno del santo pueblo de Dios. Ellas son: La Iglesia de la Pascua, la Caridad pastoral y la paternidad espiritual de los presbíteros y de la Iglesia toda.

La Iglesia de la Pascua

Muchas veces se suele preguntar qué Iglesia necesitamos en estos tiempos de cambios vertiginosos que estamos viviendo. El siervo de Dios Cardenal Pironio decía:

“Queremos decir que la imagen de la Iglesia no puede ser definida desde una perspectiva simplemente socioeconómica y política. Lo que importa en ella es el Sacramento –es decir, el signo e instrumento– del Señor Resucitado. Por lo mismo es preciso partir –si queremos entender bien el misterio de la Iglesia– de un auténtico acto de fe en la acción fecunda del Espíritu Santo. Por un lado nos impulsa a la conversión y a la contemplación. Por el otro, nos impulsa a la misión y al testimonio: la Iglesia debe ser en el mundo fermento de transformación y signo del Dios verdadero. Todo lo cual es exigencia y fruto de comunión. Esto nos lleva a presentar la imagen de la Iglesia –«Iglesia de la Pascua»– … desde la cruz y la esperanza”[1].

La riqueza de estas palabras provienen tanto de su arraigo profundo en la misma Palabra de Dios como de haber sido dichas en momentos en los cuales resultaba todo una novedad y hasta sorprendían.  Aún hoy mantienen toda su vigencia.

En la Pascua -podríamos decir- está la matriz de la Iglesia que es continuamente vivificada, guiada e impulsada por el Espíritu Santo. Ella revive constantemente el misterio de la cruz de su Señor cuando participa y se compadece de los sufrimientos de los hombres así como cuando es perseguida y da testimonio de fidelidad y amor en la santidad de sus hijos. Y, por todo ello, es signo, motivo y aliento de la esperanza en épocas de incertidumbre, desaliento y violencia. En cada celebración eucarística encontramos la fuerza para llevar la cruz y ser testigos de la esperanza para cuantos nos rodean. ¡Cada una de nuestras comunidades está llamada a ser lugar de experiencia del Espíritu, escuela donde se aprende a asumir la cruz y testimonio vigoroso de esperanza para cuantos no la tienen!

Y este misterio de la Iglesia se expresa de manera particular en esta misa crismal. Así lo expresaba Monseñor Pironio allí por 1974 en Mar del Plata:

“Hoy es la fiesta de la unidad diocesana: la fiesta del presbiterio unido  con su obispo, del obispo y su presbiterio unido con todo el Pueblo de Dios y de todo el Pueblo de Dios unido en fecunda comunión con el mundo”[2] 

-“Fecunda comunión”- está demás todo comentario. ¡No me cansaré de repetir que en la comunión está la mayor riqueza, fortaleza y fecundidad misionera de una diócesis! A vivirla en verdad, generosidad y audacia, los convoco una vez más.

Caridad pastoral de los sacerdotes

Decía el cardenal Pironio:

“La caridad pastoral constituye el centro de la espiritualidad sacerdotal. Es la caridad del «buen Pastor», conocedor personal de sus ovejas, pronto a dar la vida por ellas, con inquietud misionera por las lejanas, siempre dispuesto a buscar y cargar sobre sus hombros a la extraviada. La espiritualidad sacerdotal, como la caridad en general es la síntesis de la perfección. Por eso el Concilio reduce todo a la caridad pastoral. El ministerio mismo es esencialmente santificador porque la triple función sacerdotal supone y engendra «la caridad del Buen Pastor». La unidad de vida de los presbíteros (contemplación y acción) se obtiene mediante el ejercicio de la caridad pastoral”[3].

Que al renovar hoy la conciencia de haber sido ungidos para santificar y bendecir a nuestro pueblo podamos expandir el perfume de esa caridad pastoral que nos viene de la gracia sacramental.

¡Por eso, queridos hermanos sacerdotes, los llamo y convoco, en este día tan entrañable en que renovarán sus promesas, a no tener miedo de morir a sí mismos, de salir y donarse de todo corazón a los fieles a los cuales fueron enviados!

La Paternidad espiritual

Por último quiero hacer referencia a este otro tópico central de su espiritualidad que hace referencia al trato con que los fieles suelen referirse a sus sacerdotes (al llamarlos padre) y que es la experiencia más profunda a la que remite en su testamento espiritual como fuente de alegría en el ministerio. Decía el siervo de Dios:

“…Una Evangelización plena supone desembocar en el compromiso práctico de la fe. Engendrar la fe en el corazón de los cristianos es comprometerlos para la vida. … La fe alcanza su perfección en la realización práctica de la justicia y la caridad. Y por allí avanza el camino de la paz”[4].

“Engendrar la fe” esta sigue siendo hoy una de las claves de la nueva evangelización. Debemos retomar, ahondar y profundizar hoy también este rico concepto pastoral. La Iglesia cumple con su misión, sobre todo, cuando “da a luz” nuevos cristianos. Y los sacerdotes -obispos y presbíteros- somos “padres” en ella. Y esta paternidad se ha de prolongar en el crecimiento, la formación y el acompañamiento hasta que pueda dar los frutos de conversión y caridad que nuestro Padre Dios espera encontrar en cada uno de sus hijos. Recordemos la enorme gravitación e importancia que tenía esa “paternidad” en la vida y el pensamiento del cardenal Pironio, entre las numerosísimas referencias a ello, recordemos la de su testamento en la cual afirma del sacerdocio, el episcopado y el cardenalato que son “una forma más honda de paternidad espiritual… me siento feliz de ser padre”[5]

Queridos hermanos, que estas reflexiones nos dispongan el corazón para el rito de la bendición de los santos óleos y del sagrado crisma, que nos recuerdan precisamente hoy, esta realidad sacramental primordial por la cual la Iglesia da y comunica la vida de Dios.

Y esto mismo, nos pone en relación con el objetivo propuesto para nuestro camino pastoral diocesano: “Caminar en comunión para anunciar a todos la alegría del Evangelio”[6]. Así avanzamos en la senda del espíritu y la llamada a la “conversión pastoral” a la cual nos convoca insistentemente el Santo Padre Francisco.

¡Los invito hoy, queridos hijos, hermanos y fieles, -celebrando con esta acción litúrgica el misterio de la Iglesia diocesana y en la estela luminosa de la herencia del cardenal Pironio- a re-descubrir la Iglesia como madre amorosa, a vivir en ella como familia en íntima comunión de amor, y a testimoniarlo entusiasta y gozosamente ante quienes nos rodean, para que llegue a todos la alegría del Evangelio!

[1] E. Pironio “La Iglesia de la Pascua” en Revista Criterio nº 1652, septiembre de 1972.

[2] E. Pironio Homilía en la Misa crismal en “Preparando la Pascua. Reflexiones en la Semana Santa 1974” Editora Patria Grande, Buenos Aires, 1975.

[3] E. Pironio “Espiritualidad Sacerdotal” en “Iglesia Pueblo de Dios” Indo American Press Service, Bogotá, 1970.

[4] E. Pironio o.c. en nota 1.

[5] E. F. Pironio “Testamento Espiritual” Roma. 1996.

[6] Jornadas de pastoral del presbiterio diocesano. Mari Lauquen, octubre de 2017.

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