lunes, enero 17, 2022

El Obispo encabezo la celebración del ‘Corpus Christi’

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El Obispo de Santo Domingo encabezó la Solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo, en la Catedral de Nueve de Julio.

Monseñor Ariel torrado Mosconi, tras saludar a los padres en su día,  señaló que el ‘Corpus Cristi’ es una fiesta de la Iglesia católica destinada a celebrar la Eucaristía.La fiesta surgió en la Edad Media, cuando en 1208 la religiosa Juliana de Cornillon promueve la idea de celebrar una festividad en honor al Cuerpo y la Sangre de Cristo presente en la Eucaristía.

En relación a la celebración del Día del Padre expresó ‘Que San José modelo de todos los padres interceda por los papás en su día y les conceda la gracia para vivir la importante misión que Dios les ha confiado’. Tras ello agregó que ‘Recemos por los que ya han partido para que el Buen Dios los recompense en el cielo. Les ruego que también recen por mí para que pueda ejercer siempre la paternidad espiritual consolando, animando y acompañando a todos a encontrar el verdadero sentido de la vida hasta llegar a los brazos del Padre de todos que nos espera en el cielo. Felicidades a todos los papás’!.

En relación a  la Solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo, refirió la trascendencia de la comunión y como alimento espiritual resaltó una vez más la importancia de la reconciliación.

El sacerdote lo hizo a una feligresía que colmo el templo pese a la jornada de frio y que se sumó a una procesión resaltando la celebración por el centro de Nueve de Julio, pero el mensaje fue para toda la diócesis y todo aquel que quiera considerarlo.

Homilía de Monseñor Ariel Torrado Mosconi:

La belleza y riqueza de las lecturas de la Palabra de Dios que se acaban de proclamar iluminan y nos hacen saborear el tesoro de fe que contiene esta celebración de hoy. Su luz nos ayuda a penetrar el sentido del misterio eucarístico y hasta poder probar espiritualmente el fruto que encierra para toda la existencia. ¡Sí! ¡Hoy se nos invita a re-descubrir, a disfrutar sapiencialmente y a asombrarnos contemplativamente ante este misterio de amor encerrado en la Eucaristía que dominical y cotidianamente celebra la Iglesia!

Con tres palabras, tomadas de los textos bíblicos de hoy, quisiera comentarlos y encontrar unas enseñanzas para nuestra vida de todos los días. En la primera lectura del Dt se nos habla del alimento; en la primera carta de Pablo a los corintios se habla de la comunión; y, en el evangelio de Jn se nos habla de la vida. Alimento, comunión y vida: tres palabras plenas de significado, sentido y simbolismo vastos y profundos.

El alimento. Durante la larga y difícil travesía del Éxodo, Yavé confortó a su pueblo con un pan misterioso -el maná- superior a cualquier alimento terrenal. Con ese maná les enseñó, los confortó, los nutrió y los consoló. También hoy Dios sigue nutriendo a su pueblo santo -a cada uno de nosotros- con la Eucaristía “maná nuevo y verdadero”. Tengámoslo bien claro y presente: Dios nunca nos deja morir de hambre en medio de las pruebas de esta vida. De mil modos nos hace llegar sus dones y su gracia, pero en la sagrada Eucaristía tenemos la certeza que nos ayuda y se nos da a sí mismo todo entero. ¿Cómo no vamos a compartir el pan que nos entrega el Padre Dios en su providencia? ¿Cómo vamos a dejar que haya hermanos nuestros que mueran de hambre?

La comunión. Con un tono entrañable y emocionante, Pablo nos retrotrae y remonta a la noche de la última Cena en el Cenáculo, a las primeras celebraciones eucarísticas, para hacernos ver claramente que el fundamento y el origen mismo de la vida comunitaria, de la eclesialidad y de la convivencia fraternal está allí. La “fracción del pan”, el “ágape sagrado” mantiene y sostiene la comunión entre hermanos a la vez que motiva a generarla y difundirla entre los seres humanos. ¡La Iglesia se comprende a sí misma como un sacramento de la unidad del género humano con Dios y entre sí, porque es muy consciente de su “entraña eucarística”! Celebrar y honrar la eucaristía nos compromete a vivir en comunión, a ser siempre instrumentos de unidad.

En un mundo con guerras por aquí y por allá, en una argentina tan necesitada de reencuentros, unidad y amistad social, ante la división en la familia o los síntomas preocupantes de agresividad o indiferencia, la Eucaristía nos llama y, al mismo tiempo nos da la fuerza, para ir construyendo la comunión, para ser agentes de paz y mensajeros de la reconciliación.

La vida. ¿Quién no aspira a vivir? Y, sin embargo, cuántas amenazas a la vida encontramos a nuestro alrededor. Son muy variadas y de distinto origen. Jesús ha venido para que “tengamos Vida en abundancia” (cfr. Jn 10,10), él mismo es el “pan vivo”, quien lo coma vivirá. El Evangelio de hoy nos hace tomar renovada conciencia de realidades básicas pero nos siempre respetadas, promovidas o defendidas. La vida -tu vida, mi vida- es un don inapreciable y un bien no negociable ni descartable. El Evangelio de Jesús y toda la fe cristiana es mensaje portador de vida, de vida nueva, de vida “con mayúscula”. Y en el Sacramento del Altar, celebrado en el santo Sacrificio de la misa encontramos el alimento que nos comunica la gracia de la vida verdadera y eterna. ¡Que la Eucaristía nos estimule e impulse a ser misioneros, testigos y defensores de la vida! Hace mucha falta en este mundo en que vivimos.

Queridos hijos, hermanas y hermanos: hoy no es la “conmemoración de una idea abstracta” sino la celebración de una realidad: el cuerpo del Señor entregado por nosotros. ¡Comemos su cuerpo y bebemos su sangre! Recibimos su amor. Por eso saldremos a las calles de nuestra ciudad con Jesús Eucaristía para testimoniar dónde está nuestro alimento. Recorreremos como comunidad, convocada y unida por Cristo. Celebraremos la vida que nos trae Jesús y nos llena de alegría.

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