viernes, enero 28, 2022

En la diócesis de Nueve de Julio, con diversos actos se recordarán los 30 años de la visita del Papa Juan Pablo II a la Argentina

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Del 6 al 12 de abril de 2017 se han preparado en la diócesis de Nueve de Julio una serie de actos para recordar el trigésimo aniversario de la visita pastoral del Papa Juan Pablo II a la Argentina.

El viernes 7 de abril se hará un vía crucis y luego la misa en el barrio Las Violetas de la ciudad de Bragado que tiene como patrono al santo Papa Juan Pablo II y dónde ha misionado el grupo de jóvenes que desde hace ya más de 12 años lleva el nombre de Juan Pablo II por patrono.

También se realizará una celebración comunitaria el lunes 10 a las 17 en el salón misional Juan Pablo II del barrio de Ciudad Nueva en la ciudad de Nueve de Julio.

Se dictará una conferencia en el Centro Vocacional Cardenal Pironio donde se recorrerá las temáticas abordadas por Juan Pablo II hace 30 años y se verá el derrotero de sus propuestas.

En la celebración del Domingo de Ramos se hará mención de aquél domingo que presidió la bendición de ramos en Buenos Aires y de la apertura de la primera jornada mundial de la juventud que se celebrara fuera de Roma.

En todos los sitios mencionados estará expuesta la reliquia del santo para su veneración.

Al hacer la convocatoria el obispo Ariel Torrado Mosconi ha expresado los siguientes conceptos:

“Mucha agua ha corrido bajo el puente” de la Iglesia, de nuestra Argentina, del mundo y de nuestras propias vidas, desde aquel abril del ´87 en que éramos visitados por segunda vez -la primera había sido con ocasión del conflicto bélico con Gran Bretaña por las islas Malvinas en 1982- por San Juan Pablo II “el Papa viajero” como por aquellos tiempos se lo apodó. Entre otros acontecimientos notables que se pueden tomar como hitos anotemos que: en la Iglesia le sucedieron dos papas, el actual ¡argentino!; en nuestra patria recuperábamos la democracia y hoy seguimos trabajando por sostenerla y mejorarla; el fenómenos de la globalización mundial fue alcanzando todos los niveles al mismo tiempo que tuvimos que atravesar serios conflictos bélicos y cambios en el mapa geopolítico; a todo esto, cada uno de nosotros, podrá agregarles sus particulares vicisitudes biográficas “refrescando” la memoria. Sirva lo anterior como un modo de remontarnos con la memoria al contexto de treinta años atrás y con  lo cual podremos ver en perspectiva el legado y los frutos de aquel memorable viaje apostólico que, sin lugar a dudas, fue uno de los acontecimientos más trascendentales de la historia religiosa y social del país.

Por eso mismo, no sería vano un esfuerzo reflexivo de evocación para ver su vigencia y resonancia en nuestro presente.

En primer lugar se debe tener presente la enorme expectativa que provocó en todos los sectores sociales, lo cual hizo que la gente se volcará tan multitudinariamente como la primera vez aunque en esta embargada por el entusiasmo y un sentimiento generalizado de unidad nacional como pocas veces se había visto.

El recorrido de la visita abarcó diez ciudades representativas diseminadas a lo largo y a lo ancho de la geografía argentina: Buenos Aires, Bahía Blanca, Viedma, Mendoza, Córdoba, Tucumán, Salta, Corrientes, Paraná y Rosario y se prolongó desde el lunes 6 al domingo 12.

Como Iglesia en la Argentina, la preparación -no solamente la organización- fue pastoralmente esmerada ya que se preparó a conciencia mediante misiones populares en barrios y pueblos, catequesis, momentos de oración y predicaciones.

Clero y pueblo de Dios, gobierno, cuerpo diplomático, obreros, sector rural, inmigrantes, aborígenes, presos y enfermos, empresarios y mundo de la cultura y también la familia, la paz, la evangelización fueron destinatarios de su saludo y mensaje.

Como puede apreciarse, prácticamente no quedó ámbito civil o eclesial significativo y gravitante con el que el Santo Padre no tuviera un encuentro y les dejara un mensaje dirigido a lo que era el núcleo de sus cometidos en la sociedad y en la vida.

Precisamente, gestos que llegaron al corazón y palabras que iluminaron las conciencias, fue de lo que no faltó en esos días. Sin exageración alguna, puede decirse que el “Papa venido de lejos” caló hondo en el corazón de los argentinos. Y esto no podemos olvidarlo.

Los grandes temas constantes de su magisterio aparecieron de una forma u otra: “abrir las puertas a Cristo”, la paz, el diálogo Iglesia-mundo y la nueva evangelización. Y, hoy, a treinta años, no podemos negar que ellos siguen teniendo plena vigencia así como es indudable que esas mismas consignas marcaron el quehacer pastoral de la Iglesia en la Argentina.

Para los que no comparten nuestra fe, la imagen de un líder mundial incansable trabajador de la paz así como en diálogo e imbuido del conocimiento del mundo contemporáneo, les quedará grabada por siempre.

Para los fieles todos, su llamado repetido e insistente a una nueva evangelización abrió una nueva etapa pastoral para la Iglesia en el país. Una conciencia de pastoral de conjunto y misionera cobro entusiasmo por aquellos días. Seguramente cada sector del pueblo de Dios guarda algún recuerdo particular de aquella memorable presencia. Pero si en algún sector impactó favorablemente fue en los jóvenes. Podemos decir, sin temor a equivocarnos, que toda una generación juvenil fue “marcada” por aquél Papa y aquella visita.

En nuestra diócesis no podemos olvidar que la primera Jornada Mundial de la Juventud fuera de Roma se llevó a cabo aquí en Buenos Aires ese Domingo de Ramos con que culminó la el viaje del Pontífice, fue impulsada y organizada por el Cardenal Eduardo Pironio encargado en aquella época del Pontificio Consejo para los Laicos. Pensando en el desarrollo y la importancia que tuvieron sucesivamente para la juventud en la Iglesia, debería movernos al recuerdo y la gratitud.

Bien se podría concluir estas líneas conmemorativas apelando a unos de los cantos coreados por las multitudes en esos días “¡Juan Pablo II, te quiere todo el mundo!” o “¡Juan Pablo, querido, el pueblo está contigo!” porque expresan desde los más hondo la alegría y el entusiasmo que embargaban el corazón de los argentinos por esos días. Una alegría y entusiasmo que debemos revivir para llevar adelante la nueva evangelización, construir la amistad social de los argentinos y fortalecer la república así como para motivar e impulsar nuestra existencia cotidiana.

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