lunes, enero 17, 2022

El Obispo de Nueve de Julio pide una casa para la recuperación de jóvenes adictos

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El obispo de Nueve de Julio, monseñor Ariel Torrado Mosconi, encabezo  la misa crismal en la catedral Santo Domingo de Guzmán, conforme lo adelantado por CN.

Durante la celebración de la cual participaron los sacerdotes de la diócesis, recordó que “hemos sido ungidos para llevar la buena noticia a los pobres y a vendar los corazones heridos” y para “proclamar la liberación de los cautivos y la libertad a los oprimidos”. En ese contexto, el prelado expresó su deseo de que la diócesis sea “una Iglesia que esté más cerca de los pobres, los enfermos y de todos los que sufren” y que, como fruto de este Año de la Misericordia, pueda tener una casa para la recuperación de jóvenes adictos.

En este Año de la Misericordia, el prelado pidió de manera especial que se invite a entrar por la Puerta Santa a “los hermanos nuestros que viven esclavos de los vicios y pecados”, en particular a los jóvenes que “no conocen a Cristo y que están sometidos a las adicciones al alcohol y las drogas”.

Antes de renovar las promesas sacerdotales, monseñor Torrado Mosconi exhortó a los sacerdotes a “que crezcan cada vez más en la conciencia de la dignidad de su ministerio y de la misión que les ha sido encomendada”, a fin de que esta celebración eucarística sea para ellos “motivo de una verdadera renovación espiritual y pastoral”.

El obispo les pidió a los laicos que acompañen y recen “encarecidamente” por los sacerdotes, también por las vocaciones de especial consagración.

Monseñor Torrado Mosconi llamó a la comunidad diocesana a “crecer en las iniciativas de una pastoral orgánica que nos permita estar más cerca de los pobres, especialmente a través de una renovación de las Cáritas parroquiales, y de los jóvenes en riesgo, a través de iniciativas de contención en la pastoral ordinaria de las parroquias, y de alguna casa de recuperación para los jóvenes heridos y lastimados por las adicciones”.

“Será también una gracia para el pueblo argentino la próxima santificación del cura Brochero. Le pedimos fervientemente que interceda por todos los sacerdotes ayudándonos a revivir la unción recibida en la ordenación”, rogó.

Homilía de monseñor Ariel Torrado Mosconi, obispo de Nueve de Julio, en la Misa Crismal (Iglesia catedral, 17 de marzo de 2016)

En esta primera misa crismal como obispo de Santo Domingo en Nueve de Julio ante todo quiero alabar y bendecir a Dios por el pueblo santo de Dios que peregrina en nuestra diócesis. Por los fieles laicos que trabajan incasablemente es sus parroquias y movimientos, por los monjes y monjas que sostienen a nuestra Iglesia con su oración, por los religiosos, religiosas y demás consagrados que con su testimonio y servicio son fragancia de Cristo en medio de su pueblo.

Quiero agradecer a Dios por el don de los sacerdotes de nuestra diócesis, por todos y cada uno.

Permítanme que me dirija en esta ocasión de manera especial a los sacerdotes.

Ustedes son los elegidos por Dios, son los amigos de Jesús y mis primeros colaboradores en la misión que Dios me ha encomendado como sucesor de los apóstoles. En esta misa, que es la expresión por excelencia de la comunión de nuestro presbiterio, ruego que todos sean uno para que el mundo crea. La pertenencia cordial al orden de los presbíteros en comunión con el obispo actualiza la oración sacerdotal de Jesús en la última cena.

Esta epifanía de la comunión debe acrecentarse a través de la oración mutua, el trato cordial en la amistad, la ayuda y el acompañamiento entre los sacerdotes. De manera especial los exhorto a crecer en el trabajo en común para dar algunos pasos en orden a la pastoral orgánica en nuestra diócesis.

Les agradezco profundamente su entrega, su trabajo abnegado y escondido en cada una de sus parroquias y en las distintas áreas pastorales. De manera especial quiero agradecerles su disponibilidad pronta y alegre para responder a las necesidades de la diócesis. Valoro mucho la generosidad con que tantos de ustedes aceptaron dejar sus cargos donde estaban trabajando para aceptar algún nuevo desafío pastoral.

Todos los días rezo por ustedes y le pido al buen Dios que los llene de su consuelo y los sostenga para que puedan desgastarse fecundamente en el ejercicio del ministerio. Dios quiere que se cansen, pero con un cansancio feliz, sereno y generoso. Porque a veces, las actividades mal vividas, sin las motivaciones adecuadas y sin una espiritualidad pueden cansar más de lo razonable y hasta pueden enfermar.

En esta celebración sacerdotal le pido a Dios que renueve la unción en cada uno de ustedes y los revista de esa alegría y fortaleza que ella nos da. Por eso los invito a reflexionar sobre el sentido profundo de los sagrados signos de la liturgia de esta misa crismal, en la cual se bendecirán los óleos que son para impregnar, ungir y perfumar.

En efecto, la unción que ustedes han recibido en la sagrada ordenación es para impregnar todo su ser, ungir todo lo que toquen y perfumar al santo pueblo de Dios.

La unción, en primer lugar, impregna el ser del sacerdote, lo consagra y lo configura con Cristo. Así como el aceite penetra y deja marca, también ustedes han sido penetrados por la gracia y marcados con una identidad nueva. Se trata de una santidad objetiva, han sido santificados en la sagrada ordenación. Esa santidad debe ser conservada y acrecentada en toda su belleza y esplendor en la medida que pasa el tiempo, y debemos procurar que ese aceite de la caridad no se ponga rancio por la rutina, el cansancio, la sequedad espiritual y la mediocridad. Es muy importante no perder nunca la conciencia de nuestra dignidad como consagrados y santificados. Debemos tener fe, creer en lo que ha realizado la gracia en nosotros. Esta santificación debe conducirnos a una configuración con Cristo pobre, casto y obediente, que nos lleve a decir como el apóstol Pablo, ya no vivo yo sino que es Cristo quien vive en mí.

Recuerden que el Espíritu del Señor está sobre ustedes porque los ha consagrado por la unción. ¡Cómo desearía que tomen cada día una mayor conciencia de su dignidad como sacerdotes!

Esa unción que ha penetrado en ustedes es para que puedan ungir todo lo que toquen. No es para guardarla, ni es un don del cual me pueda apropiar de manera celosa y egoísta. Es la fuerza para bendecir y santificar. Así como algo aceitado marca todo aquello con lo que toma contacto, así también ustedes santifican todo lo que tocan, no por su propia fuerza sino por la gracia de Dios. El óleo perfumado que desciende hasta los bordes de las vestiduras del sacerdote Aarón tal como describe el salmo 133, debe interpretarse como la unción para llegar hasta las periferias geográficas y existenciales de todo el pueblo que nos ha sido encomendado. Como afirmaba el Papa Francisco, también en su primera misa crismal, la casulla tiene su origen en el manto que usaba el sumo sacerdote del cual pendían piedras de onix con los nombres de las tribus de Israel. Así la casulla con la que nos revestimos para la Eucaristía nos debe recordar al pueblo santo de Dios que tenemos a nuestro cargo, con sus luchas y sufrimientos, con sus angustias y trabajos, con sus sueños y esperanzas. Y la unción llega a esos bordes del manto, es decir, a aquellos que todavía están lejos pero a los cuales también tenemos la misión de alcanzar, tocar y santificar.

Según los textos de la Palabra de Dios que hemos escuchado la unción ha de llegar principalmente a los pobres y a los que sufren. Les pido de manera especial renovar la opción preferencial por los pobres. Con dolor podemos constatar que muchos están buscando alimentar su vida espiritual fuera de la Iglesia porque nuestra tarea pastoral no está atendiendo suficientemente a las personas y sitios más pobres de nuestros pueblos y ciudades.

Recordemos que hemos sido ungidos para llevar la buena noticia a los pobres y a vendar los corazones heridos. ¡Cómo quisiera que nuestra diócesis sea una Iglesia que esté más cerca de los pobres, los enfermos y de todos los que sufren!

En efecto, este aceite perfumado se expande e impregna todo a su paso. Así el sacerdote debe expandir el perfume de Cristo a todo el pueblo que le ha sido encomendado y aún a aquellos que están más lejos. Es propio de los perfumes invadir el ambiente y extender más y más sus fragancias. Así nuestro ministerio debe buscar siempre expandirse bajo la fuerza del Espíritu con creatividad y entusiasmo para llegar cada vez más lejos, a los que están más alejados. En este año de la misericordia, de manera especial, debemos acercarnos e invitar a entrar por la puerta de la misericordia a aquellos hermanos nuestros que viven esclavos de los vicios y pecados. Particularmente les encomiendo a los jóvenes que no conocen a Cristo y que están sometidos a las adicciones al alcohol y las drogas. ¡Cómo quisiera que nuestras comunidades sean acogedoras de los jóvenes, que sean espacios de fraternidad y amistad para que puedan transformarse en oasis de misericordia donde los chicos y jóvenes sean cuidados y protegidos, de manera preventiva, de los peligros de la calle y la soledad!

Recordemos que hemos sido ungidos para proclamar la liberación de los cautivos y la libertad a los oprimidos. ¡Cómo quisiera que como fruto de este año de la misericordia también podamos iniciar en nuestra diócesis una casa para la recuperación de jóvenes adictos!

Queridos hermanos sacerdotes con esta breve reflexión he querido exhortarlos, antes de la renovación de sus promesas sacerdotales, a que crezcan cada vez más en la conciencia de la dignidad de su ministerio y de la misión que les ha sido encomendada. Así, esta celebración será para ustedes motivo de una verdadera renovación espiritual y pastoral.

A los queridos laicos de las distintas comunidades de nuestra diócesis les agradezco su trabajo y los exhorto a querer mucho a sus pastores, a cuidarlos y valorarlos por la dignidad de su ministerio. A recibirlos siempre con gratitud, como si fuera al mismo Cristo y a jamás criticar ni juzgar a los ungidos de Dios, en todo caso, cuando sea necesario, ejercer con caridad la corrección fraterna. Deben rezar mucho por ellos y por las vocaciones sacerdotales. Espero que los puedan ayudar en su misión y quiero recordarles que también ustedes han sido ungidos en el bautismo. Por eso mismo, cabe para ustedes, aunque de manera diversa, la tarea de santificar, conducir y enseñar a todo el pueblo. En estos tiempos en que faltan las vocaciones debemos verlo como un llamado de Dios a que los fieles laicos asuman, con mayor compromiso, su responsabilidad como misioneros. No dejen solos a sus pastores. Por sobre todo les pido encarecidamente: ¡recen por ellos!

A todos, pastores y fieles, los llamo en este año de la misericordia a crecer en las iniciativas de una pastoral orgánica que nos permita estar más cerca de los pobres, especialmente a través de una renovación de las cáritas parroquiales, y de los jóvenes en riesgo, a través de iniciativas de contención en la pastoral ordinaria de las parroquias, y de alguna casa de recuperación para los jóvenes heridos y lastimados por las adicciones.

Será también una gracia para el pueblo argentino la próxima santificación del cura Brochero. Le pedimos fervientemente que interceda por todos los sacerdotes ayudándonos a revivir la unción recibida en la ordenación.

Mons. Ariel Torrado Mosconi, obispo de Nueve de Julio

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