miércoles, mayo 8, 2024
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Sobre hipertensión arterial dará una charla abierta el Presidente de la Sociedad Argentina de Cardiología

Dr. Guillermo Fábragues

De la mano del Laboratorio Gador, y promovido por el Circulo Medico llega a Nueve de Julio el Presidente de la Sociedad Argentina de Cardiología Dr. Guillermo Fábregues. El tema de su exposición abierta a la comunidad  es ‘Hipertensión Arterial’, un tema muy sensible a los mortales que a su vez esta cargado de mitos por aquello de la falta consulta a los profesionales y las creencias que se transmiten entre vecinos o amigos o familiares sin base científica cierta.

El visitante, cardiólogo  de prestigio internacional, que fue elegido titular de la Sociedad Argentina de Cardiología, hace casi un año – (4/12/14) conforme a su solvencia y distinción reconocida por sus pares, es conferencista de fuste en congresos de su especialidad. Ademas, se ha desempeñado en la Sociedad Argentina de Hipertensión y desde allí, no hace muchos meses se refirió sobre algunas creencias populares. Las detallo. Son diez que deben ser desterradas. Seguramente, también las explicara en el Salón Blanco este viernes 13 a las 18 hs. en la Comuna nuevejuliense.

Esos mitos que deben ser aclarados son:

1. Sé que tengo la presión alta cuando me duele la cabeza. La Sociedad Argentina de Hipertensión (SAHA) explicó que la cefalea, o dolor de cabeza, es un síntoma “inespecífico”, es decir que puede aparecer por muchas causas. En la mayoría de los casos, la presión alta no da síntomas. Por eso, desde la entidad insisten en que la única manera de saber si la presión no está dentro del rango normal es tomarse la presión. “No espere a tener síntomas para tomarse la presión. Esperar lo que difícilmente se presente puede ser tarde”, dijo el médico.

2. Mi presión (alta) es nerviosa. “Esto lo dice el 100% de los pacientes que llegan a la consulta. En realidad, subestiman un problema evitable, que es la principal causa de muerte”, aseguró el doctor Guillermo Fábregues, presidente electo de la SAC, que se ocupó de este mito en la charla abierta para la comunidad en el último Congreso Argentino de Cardiología. En un experimento simple con dos pacientes en la sala de espera de un consultorio, explicó que después de un tiempo tendrá la presión más alta aquel con las paredes arteriales más rígidas (un efecto de la hipertensión). “No es el nerviosismo por la espera o enfrentar el guardapolvo blanco lo que le hizo subir la presión, sino el estado de su sistema circulatorio”, precisó.

3. No puedo tomar café porque soy hipertenso. En dos cuestiones están de acuerdo los especialistas, ya sean cardiólogos o nefrólogos, que se dedican el manejo de la hipertensión: el consumo de café eleva de manera pasajera la presión, pero no está demostrado que su consumo moderado (menos de tres pocillos por día) provoque hipertensión. En el caso de los hipertensos, la SAHA aconseja que los que deseen seguir disfrutando de un cafecito o un cortado ingieran entre una y tres tazas diarias.

4. Si hago ejercicio me puede dar un ataque al corazón. La SAC detectó que los casos de muerte súbita en una maratón, en un gimnasio o una clase de educación física potencian la creencia de que el ejercicio es peligroso. El doctor Roberto Peidro, director del Consejo de Ergometría y Rehabilitación Cardiovascular de la entidad, insistió en los beneficios preventivos de la actividad física con una intensidad adecuada y sin olvidar el chequeo médico básico (examen y electrocardiograma). Indicó que el ejercicio reduce un 35-40% el riesgo de infarto en una década. “Los programas pueden iniciarse a cualquier edad, con las adaptaciones necesarias al estado físico actual de la persona. Tanto en hombres como en mujeres que caminan con regularidad cinco o seis días por semana, el riesgo de infarto y ACV disminuye un 35% luego de ocho o 10 años.” Recordó que una vez que el ejercicio se vuelve un hábito su efecto en la salud cardiovascular puede ser “similar o superior a muchos medicamentos. El problema es que requiere tiempo y voluntad”.

5. Hay que tomar mucha agua para bajar la presión. La hidratación excesiva puede aumentar la presión sanguínea, pero “una buena hidratación favorece el desarrollo de varios procesos orgánicos. Tomar mucha agua hace bien, pero no influye en los valores de presión”, comentó Rodríguez sobre este mito que identificaron los especialistas en hipertensión.

6. Cada vez que me tomo la presión es diferente. Es normal que varíe durante el día; influyen la actividad física, las emociones y hasta la temperatura. Suele ser más alta a la mañana y más baja al dormir. El hecho de tomarse la presión provoca un estado de alerta, al que el cuerpo reacciona con el aumento de la presión. Por eso, la SAHA aconseja repetir esa toma y descartar la primera. Si la presión es normal, se estabilizará en el segundo control. “La presión cambia cada vez que nuestro corazón late. Hay que consultar al médico si la mayoría de los valores (en los controles) superan 140/90 mmHg”, precisaron a través de un comunicado desde la institución.

7. Para cuidar el corazón, hay que tomar agua baja en sodio. Más de mil mayores de 18 años la ubicaron entre los cinco mitos sobre el consumo de agua en una encuesta del Cesni, la SAN y la Aadynd. “La sal del agua no sube la presión”, afirmó el doctor Ricardo Iglesias, ex presidente de la SAC, durante una conferencia de prensa conjunta. Paralelamente, 30 especialistas de la SAHA revisaron un centenar de investigaciones publicadas y fijaron posición sobre las aguas envasadas: “En su consumo habitual, el aporte de sodio no parece ser suficiente para provocar enfermedad cardiovascular ni hipertensión”, resumió el doctor Felipe Inserra, coordinador general del documento presentado en el último Congreso Argentino de Hipertensión Arterial. Precisó que ese consumo aporta, en promedio, un 10% de los 5,5 g de sodio que la OMS recomienda ingerir por día. Aquí, un adulto consume unos 11,2 g diarios de sal; el 75-80% proviene de los alimentos procesados. Para el Código Alimentario Argentino, son aguas bajas en sodio las que en su etiqueta no indican más de 20 mg/l y son de alto contenido, si superan los 200 mg/l. Las que tienen entre 20 y 200 mg/l son de contenido intermedio.

8. Lo importante es tener la mínima controlada. Esta idea surgió hace tiempo, cuando la medicina aún desconocía la importancia de la presión sistólica o “máxima” y la presión diastólica o “mínima”. La SAHA aclaró que el aumento de cualquiera de esos dos valores incrementa el riesgo cardiovascular. “Sin embargo, después de los 50 años, la presión máxima se relaciona más estrechamente con el riesgo cardiovascular”, aclaró el doctor.

9. Mejor saltear/bajar la dosis del remedio para el colesterol porque tiene efectos secundarios. El doctor Carlos Tajer, presidente de la SAC, explicó que está muy instalado en la comunidad que el uso de esos fármacos, o estatinas, daña el hígado y los músculos. “Está demostrado que bajar el colesterol en los pacientes cardiovasculares o de alto riesgo prolonga la vida. Y hay que bajarlo mucho. Hay que llevar el colesterol malo, que en la población promedio es de 150, a 70 -indicó-. Se impuso la idea de que esos fármacos son tóxicos para introducir otro tipo de fármaco, y se hizo con mucha presión sobre los médicos con un mensaje que generó uno de los mitos en cardiología más fuertes, que mata.” Ante un dolor muscular, por ejemplo, los pacientes suspenden o saltean la toma. “En la dosis correcta, esas drogas bajan un 40% la mortalidad”, precisó. En el último Congreso Argentino de Cardiología, se mostró que los mejores estudios publicados revelan que estos medicamentos, indicados en los pacientes adecuados, dañan el hígado y los músculos tanto como un placebo. “El 90% de los pacientes abandona el tratamiento mucho antes del año, cuando se siente bien”, dijo Guilermo Fábregues.

10. Necesito ponerle más sal a la comida porque el cuerpo me lo pide. Además de mito, como la del ejercicio suele ser una excusa muy frecuente a la hora de agarrar el salero en la mesa y volcarlo sobre el plato sin siquiera haber probado un bocado. Por eso, siempre los especialistas recomiendan probar la comida antes de salarla. “La sal que el cuerpo necesita es la que está presente en forma natural en los alimentos que consumimos. Ni más ni menos”, aclaró el profesional.

 

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