domingo, septiembre 26, 2021

Lo que tapó el agua

Gustavo TinettiLa argentina se movilizó detrás de La Plata. La capital bonaerense tiene un afecto particular en todo el país.
De todas las regiones nacionales varios de sus profesionales y gobernantes son egresados de las aulas de sus variadas facultades.
El clima social que la caracteriza es coloquial, amable, austero, sencillo y de una gran solidaridad entre sus habitantes, sobre todo en los estudiantes.
Hoy, esa ciudad querible en la argentina y cono sur – muchos habitantes latinoamericanos la visitaron para estudiar, probar suerte, de turismo o razones de investigaciones o congresos – está golpeada. Muy apaleada.
Una vez más, los compatriotas de todos lados sacaron lo mejor de si y a través de cadenas solidarias acopiaron y juntaron donaciones para enviar a los necesitados. La reacción y ayuda fue más allá del cariño a la ciudad de las diagonales.
Lo que ha tapado el agua es, a priori,  y una vez más, que el Estado está ausente, cualquiera fuese el estamento – Nacional, Provincial y Municipal -. Sus habitantes respondieron por ellos y sin cuestionamientos ayudaron y ayudan.
Esa conducta tardía del Estado se refleja en toda una cadena de circunstancias. La reacción morosa en la movilización para la ayuda ante la catástrofe pone al desnudo la improvisación. No hay escuadrones preparados y entrenados preventivamente, para actuar en la emergencia – esto se ve, salvo excepciones a lo largo de todo el país.
Asimismo, la ausencia de obras de infraestructura en una sociedad cada vez más compleja no se realiza con previsión. Se actúan ante la emergencia, urgencia y mal. No hay protocolos que se activen mecánicamente ante lo imprevisto.
El aspecto más alarmante es la de los representantes de los ciudadanos. Los hombres que eligen el pueblo. Salvo el Intendente de Carlos Casares en la zona, que envió desde acción social de su comuna lo que pudo y sin apelar a la población (independientemente que el pueblo casarense luego lo haya hecho per se) dando una muestra del deber ser,  sin querer, muestra una gran crisis institucional donde el resto de sus pares, estuvo ausente, ya que la reacción y acción debió ser de las instituciones oficiales a través de sus conductores. Sin embargo el primer plano es de la gente cuando debió ser de la dirigencia que la sociedad eligió para conducir sus destinos.
Ante una catástrofe cuantiosa es el Estado quien debe responder en forma inmediata con dinero y aportes concretos. La conducta de la gente debe ser la excepción y no la regla. Una pena de gravedad institucional.Ojala se analice, y se considere para futuras acciones.
Cada Intendente debió abrir la billetera oficial y estar presente en nombre de su pueblo. Ello No ocurrió. Fue el pueblo el que la abrió, y “esos representantes de su pueblo” solo coordinaron – algunos – para la foto. Quienes así lo hicieron convierte a esa actitud política en una verdadera vergüenza, que avergüenza. La gente anónima dio en silencio y en anonimato, como corresponde en una gesta de esta naturaleza. No hay espacios para “la chapa” y muchos menos con la donación de otro. Que misera política y espiritual quienes así actuaron!
Que el agua no siga tapando la mora y desidia en el interés colectivo para mejorar la calidad de vida de sus habitantes. Que las frases que pronuncian sean sostenidas con hechos concretos.
Que el pueblo no se olvide que sigue siendo el protagonista a la hora de la verdad y que aprenda a no tapar nunca más con el agua la desidia e improvisación del Estado, encarnada en sus representantes.
Que si hay una segunda vez – los hechos naturales son imprevisibles – que el agua no tape a sus habitantes ni destruya sus casas y les haga perder sus bienes.
Da la sensación que hoy más que nunca se está muy cerca de un gran cacerolazo… el de hacerlo por las instituciones de la república para que se pongan a la altura de las circunstancias… por no decir, por arriba del agua, para que no los tape.
 
 
 

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