El 7D tiene 202 años de antecedente

Hace 202 años el 8 de Diciembre marcó un antes y un después en la concepción de principios que caracterizaban a una sociedad y eran reflejados en los escasos medios de entonces. Aparece la idea de democracia e igualdad por sobre “los privilegios de la corona”.

Un 8 de diciembre, pero de  1810, Mariano Moreno, secretario de la Primera Junta, publicó en     La Gaceta el denominado “Decreto de Supresión de Honores”. Se trataba de una resolución que tenía por destinatario terminar con privilegios. El mismo constaba de un largo encabezamiento y 16 artículos.

Básicamente, en la normativa se establecía  que los funcionarios de la Junta debían  tener un trato igualitario respecto de los ciudadanos. Se suprimían prerrogativas, escoltas, boatos, la mayoría de ellos heredados de los tiempos del virreinato.

Los artículos 8 y 9 eran  particularmente claros y concretos: “Se prohíbe todo brindis, viva o aclamación pública en favor de individuos particulares de la Junta; si éstos son justos vivirán en el corazón de sus ciudadanos; ellos no aprecian bocas que han sido profanadas con elogios a los tiranos”. En el inciso siguiente, se aclaraba que toda persona que cometa estos delitos será desterrada por seis años. Más adelante, el legislador la emprende contra las esposas de los funcionarios, las cuales no recibirán ningún honor especial. Para las fiestas, ceremonias y reuniones públicas los hombres de la Junta no dispondrán de palco especial y deberán pagar las entradas  como cualquier hijo de vecino. Por último, el famoso decreto anuncia que “queda concluido todo ceremonial de la iglesia con las autoridades civiles; éstas no concurren al templo a recibir inciensos sino a tributar al Ser Supremo…”.

Para entonces la normativa cayó como una bomba.

Hasta el día de hoy  llama la atención su contenido austero y democrático, su perfil igualitario y su lenguaje republicano. En 1810, en una sociedad cuya cultura colonial y monárquica seguía siendo fuerte, emplear en reiteradas ocasiones la palabra “ciudadanos” -cuando pocos meses antes se hablaba de súbditos- y enfatizar los valores de la igualdad -cuando lo dominante eran las jerarquías- constituía una verdadera ruptura con la pauta cultural propia de un régimen vigente.

Justamente, lo que distinguía a Mariano Moreno de los sectores conservadores de la Primera Junta, fue que no estuvo  dispuesto a creer en el simulacro de la “máscara fernandina”, ya que  tenía claro que la revolución había llegado al Río de la Plata para quedarse. Por lo tanto, había que prepararse para afrontar sus desafíos. La planificación debía ser política, cultural y militar. En un tiempo de confusión, de incertidumbres inevitables, Moreno sabía mejor que nadie cuáles eran las tareas de la revolución y actuaba en consecuencia.

Esas obras incluían en primer lugar la necesidad de construir un poder acorde con los objetivos trazados. Sus escritos en La Gaceta, su correspondencia, sus decisiones, apuntaban todas en la misma dirección: al poder conocido  había que sustituirlo por un esquema diferente de igualdades y posibilidades. Para ello, hacían falta, ideas superadoras. Su audacia, su atrevimiento respondían justamente al hecho de que era consciente de las tareas de la hora que se vivía en la vida institucional.

Señalamos  que el decreto salió publicado en el diario La Gaceta, el periódico fundado por Moreno en junio de ese año para definir desde el punto de vista teórico los objetivos de la revolución. La Gaceta no sólo informaba sobre los logros del cambio se iba dando. Señalaba lineamientos con firme convicción explicando que se proponía fundar un nuevo lenguaje político y una nueva legitimidad.

Entendemos que el 7D de estos tiempos, es un antes y un después en las formas de la comunicación. Pensamos que significa una declaración en el interés colectivo para erradicar  una manera de contar los sucesos en el provecho propio o de unos pocos.

Curiosamente, aquel  mes de diciembre, también dio inicio a una ofensiva del morenismo tendiente a radicalizar la revolución. Sin embrago,  concluyó con su renuncia, su destino diplomático a Londres y su muerte  – sospechosa -en alta mar, en los primeros días de marzo de 1811. Por su parte, Saavedra no pudo disfrutar demasiado tiempo de su “victoria”. Seis meses más tarde sería liquidado por otra intriga y conoció el sabor amargo del destierro y el ostracismo políticos. El trasfondo enseña que la sociedad iba asimilando su avance pero no toleraba las formas.

La revolución apenas cumplía un año y ya se había devorado a sus principales hijos. En los años siguientes, alcanzó a Castelli, Vieytes, French y Larrea, entre otros. Precisamente, uno de los rasgos distintivos de esos tiempos fue la aceleración de los lapsos políticos.

Hace 202 años, la ola revolucionaria barría con todo, con leales y traidores, con conservadores y radicalizados. A unos y a otros, la evolución social no les dejó otra alternativa que mirar hacia adelante. Devoró los extremos.

Que este 7D, en todo caso devore los egoísmos del poder comunicacional – interesado -y abra las puertas del equilibrio informativo en el interés colectivo y no en el egocentrismo de una minoría.

Que el antes y el después de la fecha nos invite a reflexionar que desde las redes sociales y una comunicación abierta, colectiva, equilibrada  y solidaria se marcará el rumbo de los medios del futuro con el compromiso del interés general , y no la concepción de la creación de medios para satisfacer el apetito de un poder corporativo para el interés de pocos, en perjuicio de las mayorías.

Que el 7D sea el cambio hacia la pluralidad de voces y el respeto por el pensamiento distinto. Como hace 202 años, la sociedad devorará los extremos.