El gobierno Kirchnerista y la clase media

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Escribe Juan José Cavallari

El 13 de septiembre próximo pasado, participé de la movilización  multitudinaria que se realizó en la Capital Federal e  innumerables ciudades del interior. Fue una gesta que se constituye en un antes y un después, tanto para el gobierno  como  para nuestra sociedad.

No voy a entrar en la polémica de cuanta gente salió a las calles, que por supuesto fue mucha y tal vez la movilización más numerosa en muchos años, pero sí destacar que fue espontánea, propuesta por medio de las redes sociales, sin participación de partidos políticos, gremios, organizaciones empresariales o productivas

Pude observar una marcha pacífica, ordenada, respetuosa en términos generales, con algunos exabruptos muy minoritarios, con consignas claras como “No a la reforma constitucional”; “No a la reelección”; “Basta de inseguridad”; Basta de inflación”; Basta de corrupción”;  Algunas más duras, “El peor enemigo de un gobierno corrupto es un pueblo culto”; otras ingeniosas como:”cuidado a quien pisas para subir, porque quizás te lo encuentres al bajar”, entre otras. Creo entonces, que resulta falso que la marcha careciera de objetivos o que fueran menores o que pueda generalizarse involucrando a todos en una suerte de “odio destructivo”.

Cabe también preguntarse ¿Cuál fue la respuesta del gobierno? Como siempre, redoblar la apuesta, descalificando a la protesta y a la clase media. “Que no tenían consignas claras”, “que no se sabía quien había convocado” (cuando en realidad allí está la fortaleza de la protesta); “que la clase media se quejaba porque no podía  comprar dólares”; “que se quejan a pesar de tener todos los problemas resueltos”; “que son los que apoyaron a los gobiernos militares”,etc.etc.etc.

GRAN ERROR del KIRCHNERISMO. Las extraordinarias posibilidades de desarrollarse que tiene nuestro país, se deben al crecimiento de la clase media en países como China e India y en menor medida, Pakistán, Brasil, etc. Estos hicieron crecer en un tercio la clase media mundial, que entre otras consecuencias, significa aumento del consumo de alimentos e incorporación de proteínas animales a la dieta, abriéndole  a la Argentina, una nueva oportunidad de ser parte de la satisfacción de esa demanda creciente.

La clase media en cualquier país, es el principal provocador de la movilidad social ascendente. Es, en mayor o menor medida, el sector que accede a la mejor salud posible, que busca darle a sus hijos, mejor educación e instrucción; el que en mayor o menor medida tiene capacidad de ahorro para progresar y sostener las mejoras a las que acceden y programar nuevas; el que accede a la información que le permite razonar y tener opinión propia y por ende, mayor cuota de libertad, es el docente, el trabajador independiente, el trabajador calificado, el comerciante, el productor, el profesional, el empresario, entre otros.  Son los que se comprometen con las instituciones y las organizaciones sociales. Son los que en general estimulan y promueven esa movilidad  y el avance social.

El ex presidente de Brasil Lula, exhibe con orgullo como el más importante del éxito de sus políticas, la incorporación de 30 millones de brasileros a la clase media, ¿Cómo es posible que el gobierno argentino intente descalificarla? ¿Acaso no hemos escuchado decir a Cristina Fernández de Kirchner, que  está orgullosa de ser hija de colectivero y haber llegado a Presidente de la Nación? Entonces ella  es producto de la  movilidad social. ¿Como descalificar a la clase media, cuando en realidad debemos aspirar a que más argentinos se incorporen a ella?

Hoy está en ejecución  un “supuesto modelo K”, que con mayor precisión deberíamos hablar de “populismo K”. El populismo es hostil a la democracia representativa. Se presenta como alternativa a la idea liberal de que la sociedad está compuesta por individuos que suscriben un hipotético “contrato social” y que delegan sus intereses a representantes elegidos por el voto directo.

El populismo carece de ideología y exige únicamente un liderazgo carismático. El líder asciende directamente del pueblo para expresar en forma directa sus reclamos, aspiraciones e ideales.

El discurso o relato, va directamente al grano sin rodeos. No conoce los tonos grises, todo es blanco o negro. En el relato existen los amigos y enemigos y estos son tratados como tales. El enemigo no compite, conspira.

El relato populista K se presenta como un discurso que tiende a dividir entre “buenos y malos”. La política no es un conflicto de intereses, sino un conflicto entre leales y enemigos.

Por eso, para el mal llamado “modelo K”, el pluralismo no tiene cabida. Es un desafío abierto a la democracia representativa, por eso “confunde diálogo con monólogo y se violentó recientemente con las preguntas de los estudiantes de la Universidad de Harvard le formularon y pretendió groseramente descalificarlos asegurando que las mismas habían sido preparadas por grupos de interés, demostró que no está acostumbrada a debatir sino a imponer. Consultar a los que piensan diferente y muchas veces a los propios, es muestra de debilidad.

”El gobierno populista”, toma decisiones pragmáticas y en general improvisadas, que pueden ser del agrado de las grandes masas populares, aunque dichas medidas vayan en contra de las finanzas o de la economía o del beneficio del propio país. Son medidas de efectos inmediatos y pasajeros, pero efectistas, que se implantan con el solo objetivo de obtener el apoyo popular.

Más que generar riqueza, avanza sobre los recursos y la riqueza que generan los distintos sectores.

El populismo  se basa en principios de soberanía, legitimidad y participación popular,  tiene tendencia a la demagogia, al autoritarismo, al unitarismo, a la concentración de poder, a la corrupción, al debilitamiento de las instituciones, al desconocimiento de la división de poderes y al incumplimiento del orden jurídico.

Por eso creo que debemos dar la batalla cultural al populismo para construir una sociedad más desarrollada, más justa, más tolerante, donde los conflictos que se generan sean saldados a través del diálogo y la negociación  en el marco de las instituciones de la República.

Los gobiernos pasan, pero las consecuencias de las pautas culturales, influyen e inciden, por mucho tiempo en la vida de generaciones de argentinos.

Nuestro desarrollo, se construye entre todos y con todos. Dividir a la sociedad es postergar las soluciones de sus problemas.

Tolerancia, respeto al que piensa diferente,  apego a la ley, ejemplaridad del funcionario público, son alguno de los prerrequisitos para el desarrollo.