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La confesión de un sacerdote que impactó en la Catedral nuevejuliense: ”Yo comía ratones’ para poder evangelizar

La frase sorprendió a quienes escuchaban su relato y contó que durante su experiencia misionera en Quixaxe, provincia de Nampula, al norte de Mozambique, llegó a comer ratones como parte de la alimentación habitual de la comunidad. Lo hizo al explicar que evangelizar también significaba compartir la vida cotidiana, las costumbres y hasta la comida de quienes lo recibían. Ahora proyecta regresar con un equipo de profesionales para impulsar una misión sanitaria.

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“Yo comía ratones”. La frase del padre Guillermo Gómez generó sorpresa en la Catedral de Nueve de Julio cuando, al ser consultado sobre la alimentación durante su experiencia misionera en Mozambique, relató una de las vivencias que más lo marcaron de su paso por aquel país africano.

Lejos de tratarse de una anécdota aislada, el sacerdote explicó que compartir esos alimentos formaba parte de su tarea evangelizadora. Para acercarse a la comunidad, conocer su realidad y construir vínculos, era necesario compartir también sus costumbres, sentarse a la misma mesa y aceptar aquello que para los habitantes de la zona era parte de la vida cotidiana.

Gómez desarrolló su experiencia en Quixaxe, en la provincia de Nampula, al norte de Mozambique, una región donde las condiciones económicas y las dificultades de acceso a los alimentos marcan la vida diaria de numerosas familias.

Al describir la alimentación, explicó que la distancia de la costa y la pobreza hacían que el pescado de mejor calidad fuera destinado principalmente a las ciudades más grandes. En las comunidades rurales, en cambio, las posibilidades eran más limitadas y la dieta dependía de los alimentos que podían conseguir.

Previamente, y durante su relato había señalado que el mate era su gran compañero a punto de decir ‘dejé algún calzoncillo para llevar yerba para el mate, ya que no podía faltar’.

Entre las comidas habituales mencionó pescados pequeños, carne de cerdo, cabrito y, ocasionalmente, gallina. También destacó la xima, una preparación tradicional a base de harina de maíz blanco que constituye uno de los alimentos fundamentales de la región.

Pero hubo un alimento que llamó especialmente la atención durante su relato: los ratones.

Una costumbre que también formó parte de su misión

El sacerdote explicó que el consumo de ratones forma parte de las costumbres alimentarias de algunas comunidades de esa zona. Incluso describió cómo se preparan: primero se queman los pelos, luego se cocinan y posteriormente se retiran algunas partes antes de servirlos.

“Yo comía”, recordó al contar cómo se había adaptado a esa realidad.

Con humor, también relató que había llegado a establecer una especie de acuerdo con sus compañeros de misión: mientras ellos podían comer los ratones, él prefería reservar su porción de gallina. Sin embargo, terminó probando e incorporando también ese alimento durante su estadía.

La historia provocó sorpresa, pero detrás de aquella frase había un mensaje más profundo. Para el padre Gómez, evangelizar no significaba solamente transmitir la palabra religiosa, sino compartir la vida de la gente, comprender sus necesidades y acercarse sin prejuicios a una cultura diferente.

De la evangelización a una misión por la salud

La experiencia en Mozambique también lo puso frente a otra realidad que lo movilizó especialmente: las enormes dificultades que tiene la población para acceder a la atención médica.

Durante su relato, Gómez describió un sistema sanitario con recursos muy limitados, donde muchas personas deben recorrer grandes distancias para encontrar un médico. En ese contexto, problemas de salud que podrían recibir tratamiento oportuno terminan convirtiéndose en situaciones graves.

Frente a esa realidad, el sacerdote comenzó a proyectar una nueva iniciativa para el próximo año: regresar a la región acompañado por un médico, una enfermera y otras personas vinculadas al área sanitaria.

La propuesta es organizar una misión de salud que permita acercar profesionales, atención y herramientas de prevención a las comunidades que más lo necesitan.

Según explicó, ya existen algunos contactos y una organización inicial con referentes locales, aunque todavía resta avanzar en la coordinación para concretar el viaje y definir el equipo de trabajo.

Compartir para transformar

La frase “Yo comía ratones”, que sorprendió en la Catedral de Nueve de Julio, terminó siendo una puerta de entrada para conocer una experiencia mucho más profunda.

Detrás de esa confesión aparece la historia de un sacerdote que, durante su misión en Mozambique, entendió que acercarse a una comunidad implica compartir sus costumbres, conocer sus dificultades y estar dispuesto a aprender de quienes viven una realidad muy distinta.

Ahora, el desafío de Guillermo Gómez es dar un nuevo paso: transformar aquella experiencia de evangelización en una iniciativa que también permita llevar atención médica a una población que enfrenta importantes carencias.

Porque, como dejó en claro su testimonio, la misión no termina en la palabra: también se construye compartiendo la mesa, acompañando a las personas y trabajando para mejorar sus condiciones de vida.

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