domingo, noviembre 1, 2026
16.7 C
Nueve de Julio
domingo, noviembre 1, 2026
16.7 C
Nueve de Julio

Padre Guillermo Gómez: “Todos tenemos una vocación común por lo cual podemos alcanzar la santidad”

El sacerdote de Lincoln celebró la Misa que retrasmite Cadena Nueve en la Catedral nuevejuliense y llamó a vivir el Evangelio en el trabajo, la familia, el barrio y en cada realidad cotidiana, al tiempo que destacó que la verdadera seguridad está en Dios

- Advertisement -
- Advertisement -
- Advertisement -

 

Como cada domingo, Cadena Nueve pone a disposición de sus lectores y seguidores la celebración de la Misa en ‘Día de Precepto’, acercando la celebración religiosa a quienes no pueden participar presencialmente.

En esta oportunidad, la Eucaristía fue celebrada por el padre Guillermo Gómez, párroco de Lincoln, quien recientemente regresó de una experiencia misionera en Quixaxe, provincia de Nampula, al norte de Mozambique, donde desarrolló su ministerio durante un año y tres meses.

La celebración tuvo lugar en la Iglesia Catedral y estuvo acompañada por el párroco de la Catedral, padre Adolfo Petti. Desde el comienzo, el padre Gómez compartió con la comunidad algunos aspectos de la experiencia vivida durante su misión, incorporando incluso una palabra de la lengua utilizada en la liturgia macúa.

Explicó que en muchas de las oraciones de esa liturgia aparece la expresión “yom te”, que significa “por favor”. El sacerdote destacó el sentido que tiene esa expresión en la relación con Dios y la vinculó con una actitud de profunda humildad.

Según explicó, para quienes viven aquella realidad, Dios es reconocido como creador de todas las cosas y como quien redimió a la humanidad, por lo que la relación con Él no se plantea desde la exigencia, sino desde el reconocimiento de la propia condición de criatura.

“Dios no se le exige”, fue la idea central de su reflexión, al referirse a la gracia, al perdón, a la salvación y también a aquello que las personas necesitan para vivir.

Para el padre Gómez, esa experiencia permite recuperar una actitud que también aparece en el mensaje bíblico: acercarse a Dios con humildad, sin exigir, reconociendo que todo es gracia.

Una misión sostenida por la comunidad

Durante la celebración, el sacerdote recordó que su experiencia en Mozambique no fue una misión personal, sino una tarea asumida como parte de la Iglesia y sostenida por numerosas personas.

Al dirigirse a la comunidad, expresó su alegría por celebrar la Eucaristía y reencontrarse con personas con las que había compartido parte del camino. También agradeció especialmente a quienes lo acompañaron y colaboraron durante su permanencia en África.

En ese marco, recordó las acciones que habían permitido ayudar a niños de una escuela infantil. Explicó que con una suma de dinero relativamente pequeña podía brindarse alimento a cuatro o cinco chicos, y destacó que fueron muchas las personas que lo sostuvieron durante los meses de misión.

De esta manera, el regreso de Mozambique apareció en la celebración como una experiencia que involucró a toda una comunidad.

La celebración estuvo atravesada por la solemnidad de Todos los Santos.

El Evangelio proclamado fue el de las Bienaventuranzas, según San Mateo. Allí Jesús habla de los pobres de espíritu, de quienes sufren, de los pacientes, de quienes tienen hambre y sed de justicia, de los misericordiosos, de quienes tienen un corazón puro, de quienes trabajan por la paz y de quienes son perseguidos por practicar la justicia.

A partir de este texto, el padre Gómez puso el acento en una idea central: todos tienen una vocación común a la santidad, reafirmando que “todos tenemos una vocación común por lo cual podemos alcanzar la santidad”.

Señaló que esa vocación no se limita a quienes desarrollan una tarea religiosa. También alcanza a los laicos, llamados a vivir y transformar las realidades de cada día de acuerdo con el Evangelio.

En ese sentido, destacó especialmente el ámbito del trabajo, la familia, el barrio y los distintos espacios donde cada persona desarrolla su vida.

“Laicos llamados a ser luz del mundo” fue el sentido de su reflexión, al señalar que la fe debe hacerse visible no solamente a través de las palabras, sino también mediante la propia vida.

Hablar de Dios en las situaciones cotidianas

Uno de los momentos centrales de la homilía estuvo dedicado a la necesidad de llevar la palabra del Evangelio a las conversaciones y situaciones de todos los días.

El sacerdote planteó que muchas veces las personas hablan de diferentes situaciones de la vida, de las dificultades de la comunidad, del gobierno o de la crisis económica, pero no siempre aparece una palabra capaz de iluminar esas circunstancias desde la fe.

Por eso llamó a recuperar el impulso de hablar más de Dios, incluso en espacios cotidianos, como una conversación en la calle o en una cola de supermercado.

La propuesta no estuvo planteada como una cuestión exclusivamente religiosa, sino como una manera de acompañar al otro frente a sus dificultades con una palabra de esperanza y de salvación.

La seguridad puesta en Dios

El padre Gómez también profundizó sobre el significado de las Bienaventuranzas y, particularmente, sobre aquellos que tienen “alma de pobres”.

Explicó que se refiere a quienes colocan su seguridad en Dios y no exclusivamente en las cosas, en las personas, en el trabajo o en el dinero.

Reconoció que para la persona humana es difícil desprenderse de esas seguridades, porque todos buscan certezas para afrontar la vida. Sin embargo, señaló que poner la seguridad en Dios constituye un desafío fundamental.

Desde esa perspectiva, sostuvo que el Reino de Dios comienza a hacerse presente en la propia vida cuando Dios reina en el corazón y guía a la persona.

“Dios en nosotros”, sintetizó al referirse a la vida eterna y al camino de santidad.

Las intenciones y la celebración eucarística

Durante la Misa también se elevaron distintas intenciones de oración.

Se pidió por la próxima visita del Santo Padre León XIV a la Argentina, para que sea una oportunidad de encuentro, comunión y renovación para la Iglesia y la sociedad.

También se rezó por los gobernantes, por los más pobres y marginados, por la santificación del pueblo argentino, por quienes trabajan por la justicia, el perdón y la paz y por los seres queridos que ya no están.

La celebración continuó con la presentación de las ofrendas, la consagración del pan y el vino y la oración eucarística.

En el momento de la comunión, se invitó a los fieles a recibir el pan de vida para renovar las fuerzas necesarias para amar, servir y hacer felices a los demás.

Una celebración que unió la fe, la misión y la vida cotidiana

Al finalizar la Misa, se agradeció al padre Guillermo Gómez por su presencia y por haber compartido la celebración con la comunidad.

La transmisión realizada por Cadena Nueve permitió acompañar esta celebración de precepto y acercar a sus lectores y seguidores las palabras de un sacerdote que regresó de una experiencia misionera de un año y tres meses en Mozambique.

La reflexión dejó como eje la experiencia de la misión, pero también una invitación que alcanza a cada persona en su propia realidad: la santidad no es una tarea reservada para unos pocos, sino una vocación que se vive allí donde cada uno está.

Desde esa mirada, el mensaje del Evangelio se trasladó desde la Catedral a la vida cotidiana: al trabajo, a la familia, al barrio, a las conversaciones y a cada encuentro donde una palabra de esperanza puede convertirse también en una forma concreta de vivir la fe.

 

 

 

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

Últimas noticias