
La elección de esos colores no fue casual. La vestimenta del jockey fue diseñada tomando como referencia la primera camiseta del Club Atlético Quiroga, reproduciendo un formato prácticamente idéntico al que identificó a la institución en sus comienzos. De esta manera, cada vez que el caballo sale a competir, también lleva consigo una representación de Facundo Quiroga y de sus colores deportivos.
Detrás de esta particular historia se encuentra Jorge Salomón, propietario del ejemplar, quien mantiene un vínculo con el establecimiento San Ramón, campo relacionado con el origen de esta iniciativa y con la decisión de llevar los colores de Quiroga a las competencias.
En cuanto al trabajo diario con el caballo Charir, su cuidado está a cargo de Gustavo Aón, mientras que el jockey José María Ortiz es quien tiene la responsabilidad de conducirlo en las carreras.
Los resultados deportivos acompañan esta historia: el pura sangre ya consiguió tres victorias en el Hipódromo de Palermo, uno de los escenarios más importantes del turf nacional.
Así, cada presentación representa mucho más que una competencia. En las pistas de Palermo, el caballo lleva los colores de una institución de Facundo Quiroga, convirtiéndose en un motivo de orgullo para quienes mantienen vivo el sentido de pertenencia por su localidad y por el Club Atlético Quiroga.
Una historia donde el deporte, la tradición y la pasión se encuentran, y donde los colores de un club de pueblo también tienen su lugar en uno de los escenarios más reconocidos del turf argentino.



