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Noche de Brujas: la historia detrás de Halloween y su vínculo con Todos los Santos

La celebración del 31 de octubre suele quedar asociada a disfraces, dulces y una tradición comercial instalada desde Estados Unidos. Sin embargo, su nombre y su ubicación en el calendario tienen una historia mucho más antigua, atravesada por costumbres europeas, tradiciones cristianas y la celebración católica de Todos los Santos

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Cada 31 de octubre, la llamada Noche de Brujas o Halloween vuelve a ocupar un lugar en el calendario. Disfraces, calabazas, máscaras y pedidos de dulces forman parte de una imagen que en las últimas décadas se difundió ampliamente desde Estados Unidos hacia otros países.

Pero reducir Halloween a una fiesta de origen norteamericano significa dejar afuera una historia mucho más extensa.

La propia palabra Halloween proviene de All Hallows’ Eve, expresión inglesa que significa “Víspera de Todos los Santos”. Es decir, su denominación está vinculada directamente con la jornada que la Iglesia Católica celebra el 1 de noviembre: la solemnidad de Todos los Santos.

Una historia que comenzó mucho antes de los disfraces actuales

En el origen remoto de algunas de las costumbres asociadas al 31 de octubre aparece Samhain, una antigua celebración de pueblos celtas relacionada con el final de la cosecha y el comienzo de la estación oscura del año. Las tradiciones vinculadas a esa fecha incluían fogatas, disfraces y creencias sobre una cercanía particular entre el mundo de los vivos y el de los muertos.

Con la expansión del cristianismo por las regiones de Europa donde esas costumbres estaban arraigadas, distintas prácticas populares fueron adquiriendo nuevos significados y se relacionaron con las celebraciones cristianas.

La historia de la fiesta de Todos los Santos también tiene un recorrido propio. En Roma, el papa Bonifacio IV dedicó en el año 609 el antiguo Panteón a la Virgen María y a todos los mártires. Posteriormente, el papa Gregorio III amplió la celebración para incluir a todos los santos y la trasladó al 1 de noviembre. Con el tiempo, la fecha se extendió a toda la Iglesia.

De esta manera, la noche anterior a la solemnidad comenzó a ser conocida como All Hallows’ Eve, expresión que con el paso de los siglos derivó en el actual “Halloween”.

¿Qué significa para la Iglesia Católica?

Desde la perspectiva católica, el centro de estas fechas no está puesto en las brujas, los monstruos ni en el consumo, sino en los santos, la vida eterna y la esperanza cristiana.

El Vaticano señala que la veneración de los santos tiene una larga tradición en la Iglesia y que sus celebraciones buscan presentar ejemplos concretos de vida cristiana y recordar la obra de Dios en quienes siguieron ese camino.

La solemnidad del 1 de noviembre ocupa además un lugar reconocido dentro del calendario litúrgico. El Código de Derecho Canónico establece a Todos los Santos entre las fiestas que deben observarse en la Iglesia universal.

El sentido de la celebración aparece también en las palabras de Benedicto XVI, quien explicó que Todos los Santos permite contemplar la variedad de hombres y mujeres que alcanzaron la santidad y recordar que ese camino no está reservado exclusivamente a unas pocas personas.

De la víspera de una solemnidad a la fiesta popular

Con el paso de los siglos, las tradiciones vinculadas a la víspera de Todos los Santos se mezclaron con costumbres populares de distintas regiones de Europa.

En Inglaterra, Irlanda y Escocia existieron prácticas como el souling, mediante las cuales personas pobres recorrían viviendas y recibían alimentos a cambio de comprometerse a rezar por los difuntos. También se desarrolló el guising, una costumbre en la que jóvenes se disfrazaban y realizaban canciones, poemas o pequeñas representaciones a cambio de alimentos. Algunas de estas tradiciones son consideradas antecedentes de lo que posteriormente sería el “trick or treat”.

Más tarde, durante los siglos XIX y XX, los inmigrantes europeos llevaron distintas costumbres a Estados Unidos. Allí la celebración fue adquiriendo nuevas características hasta transformarse en la fiesta popular que hoy se conoce mundialmente.

El componente comercial llegó mucho después y terminó ocupando un lugar central en la versión contemporánea de Halloween, especialmente a través de disfraces, golosinas, decoración y entretenimiento.

La mirada cristiana sobre la muerte

Para la Iglesia, las fechas de comienzos de noviembre tienen además una continuidad particular.

El 1 de noviembre se celebra Todos los Santos. El 2 de noviembre, la Conmemoración de Todos los Fieles Difuntos invita a rezar por quienes han muerto.

Juan Pablo II explicó que ambas jornadas están profundamente relacionadas con la fe cristiana en la vida eterna: primero se contempla a quienes alcanzaron la plenitud junto a Dios y luego se recuerda a los fieles difuntos.

Por eso, desde una mirada católica, la cercanía de Halloween con Todos los Santos no debería interpretarse solamente desde las imágenes de terror que dominan la cultura popular.

La fecha permite recuperar una historia en la que conviven antiguas tradiciones europeas, la evolución de las celebraciones cristianas y, mucho más recientemente, la transformación de Halloween en un fenómeno cultural y comercial de alcance internacional.

Mucho más que una fiesta importada

La Noche de Brujas que hoy aparece en vidrieras, escuelas, fiestas y redes sociales es el resultado de siglos de transformaciones.

Su historia no comenzó en las grandes tiendas estadounidenses ni con los disfraces modernos. La propia expresión “Halloween” recuerda su vínculo lingüístico con la Víspera de Todos los Santos, mientras que algunas de sus costumbres hunden sus raíces en antiguas tradiciones europeas que posteriormente se mezclaron con prácticas cristianas y populares.

Para la Iglesia Católica, el verdadero eje de estas jornadas se encuentra en otro lugar: la santidad, la memoria de quienes ya murieron y la esperanza en la vida eterna.

Así, detrás de las calabazas, los disfraces y los dulces que caracterizan al Halloween contemporáneo existe una historia que vale la pena conocer: una historia que atraviesa culturas, siglos y tradiciones y que desemboca, en el calendario cristiano, en una de las celebraciones centrales de noviembre: Todos los Santos.

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