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El amor a Dios y al prójimo, eje del mensaje de la Misa de la Catedral Santo Domingo

El padre Oscar Mentimurro celebró la Misa que fue transmitida por Cadena Nueve para toda la Diócesis, y desde el Evangelio según San Mateo, el sacerdote invitó a vivir la fe desde el amor concreto a Dios y a los demás, especialmente hacia quienes atraviesan situaciones de necesidad

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En la Catedral de Nueve de Julio se celebró la Santa Misa presidida por el padre Oscar Mentimuro, quien durante su homilía reflexionó sobre uno de los mensajes centrales del Evangelio: el amor a Dios y al prójimo como fundamento de la vida cristiana.

La celebración fue transmitida por Cadena Nueve para toda la Diócesis, permitiendo que la comunidad pudiera acompañar la Eucaristía y participar de la reflexión del sacerdote desde distintos puntos.

El Evangelio proclamado correspondió a San Mateo y presentó el diálogo entre Jesús y un doctor de la ley, quien le preguntó cuál era el mandamiento más importante.

La respuesta de Jesús fue clara: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con todo tu espíritu”. Y agregó el segundo mandamiento, inseparable del primero: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”.

A partir de estas palabras, el padre Mentimuro señaló que Jesús ofrece una síntesis fundamental para la vida de fe: el amor a Dios no puede separarse del amor hacia los demás.

“El amor a Dios está unido al amor al prójimo”

Durante su reflexión, el sacerdote vinculó el Evangelio con la primera lectura, tomada del libro del Éxodo, donde se recuerda al pueblo de Israel que debe tener una consideración especial hacia los extranjeros, las viudas, los huérfanos y quienes se encuentran en situaciones de vulnerabilidad.

El padre Mentimuro destacó que el pueblo de Israel había conocido la experiencia de ser extranjero y de vivir bajo la esclavitud en Egipto. Por eso, al recibir la Ley, Dios le pide recordar esa historia y actuar con misericordia hacia quienes llegan desde otros lugares.

“Recuerden que ustedes fueron extranjeros en Egipto”, explicó el sacerdote al desarrollar el sentido de la lectura, remarcando que quien llega desde otro lugar debe ser recibido con caridad y considerado como uno más.

En ese sentido, señaló que muchas personas se ven obligadas a abandonar su tierra por circunstancias dolorosas, como la guerra, el hambre o distintas situaciones de necesidad. La Palabra de Dios, sostuvo, invita a recibirlas con solidaridad y cuidado.

La mirada hacia los más vulnerables

La homilía también puso especial atención en las viudas y los huérfanos, figuras que aparecen reiteradamente en las Escrituras como representación de quienes se encuentran sin protección o sin alguien que los defienda.

El sacerdote relacionó esta enseñanza con la preocupación por los pobres y por quienes tienen menos recursos. También recordó la advertencia bíblica frente a prácticas que puedan profundizar la situación de vulnerabilidad de quienes necesitan ayuda.

La reflexión llevó la Palabra al presente y planteó preguntas concretas para la vida cotidiana: cómo se recibe a quien llega de afuera, cómo se trata a quien está solo, qué lugar se le da a quien necesita ayuda y de qué manera cada persona puede desprenderse de actitudes que generan daño.

“Hoy también esta lectura es para nosotros”, expresó el padre Mentimuro, invitando a revisar las propias actitudes y decisiones cotidianas.

Una fe que se demuestra en el amor

Al referirse nuevamente al Evangelio, el sacerdote explicó que en tiempos de Jesús existían numerosos preceptos y normas religiosas, por lo que la pregunta sobre cuál era el mandamiento principal buscaba encontrar una síntesis de toda la Ley.

Jesús responde colocando en el centro el amor: primero hacia Dios y, unido inseparablemente, hacia el prójimo.

Para el padre Mentimuro, esta enseñanza significa que no es posible afirmar que se ama verdaderamente a Dios si ese amor no se traduce también en una actitud concreta hacia los demás.

“Si amo verdaderamente a Dios, tengo que amar al prójimo”, señaló durante la homilía.

En esa línea, recordó también la enseñanza de la Primera Carta de Juan acerca de quien afirma amar a Dios pero no ama a su hermano, subrayando la coherencia que debe existir entre la fe que se profesa y la manera en que se vive.

“El termómetro es si estamos amando”

Uno de los momentos centrales de la reflexión llegó cuando el sacerdote propuso una pregunta para la revisión personal de cada creyente: ¿cómo estoy amando?

“El termómetro, entonces, para saber si estamos viviendo este mandamiento principal que Jesús hoy nos presenta es si estamos amando”, afirmó.

La invitación fue a trasladar el mensaje del Evangelio a la vida cotidiana, preguntándose cómo se ama a Dios y cómo se ama al prójimo en las acciones concretas de cada día.

El padre Mentimuro remarcó además que el prójimo no debe entenderse únicamente como la persona más cercana o conocida. Desde la perspectiva del Evangelio, el prójimo alcanza a toda persona, incluso a aquel extranjero que no se conoce.

Una invitación para vivir el Evangelio durante la semana

Hacia el final de su homilía, el sacerdote invitó a continuar durante la semana la reflexión propuesta por las lecturas y el Evangelio, haciendo de la oración una oportunidad para renovar el compromiso con Dios y con los hermanos.

La celebración en la Catedral de Nueve de Julio dejó así como mensaje central una invitación sencilla y profunda: amar a Dios y expresar ese amor en el encuentro con los demás, especialmente con quienes necesitan acompañamiento, solidaridad y cuidado.

Como síntesis de la reflexión, el padre Mentimuro propuso llevar a la oración cotidiana una frase que resume el sentido de la celebración: “Quiero amarte, Señor, a vos y a mis hermanos”.

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