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Cerrar las grietas también empieza por los gestos

Escribe para Cadena Nueve, Gustavo Tinetti*

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Hay discursos que, por repetidos, corren el riesgo de convertirse en fórmulas. “Hay que cerrar las grietas”, “hay que trabajar juntos”, “hay que dejar de lado las diferencias” son expresiones que se escuchan con frecuencia en la política argentina.

Y, en principio, nadie podría estar en desacuerdo con la necesidad de construir una convivencia democrática más madura, donde las diferencias no impidan encontrar puntos de coincidencia.

Pero la política también se construye con gestos. Y muchas veces son esos gestos, pequeños y aparentemente secundarios, los que terminan diciendo mucho más que un discurso.

Este sábado, Nueve de Julio fue escenario de un encuentro político e institucional que reunió a intendentes de la región, dirigentes y legisladores. Estuvieron presentes, entre otros, el intendente de Trenque Lauquen, Francisco Recoulat; el intendente de Tres Lomas, Luciano Spí­nolo; el intendente de Lincoln, Salvador Serenal; la senadora provincial Natalia Quintana; el diputado provincial Valentín Miranda; el presidente de la Convención Provincial de la UCR, Pablo Nicoletti; el concejal de Nueve de Julio Ignacio Palacios; el presidente del Partido Nacioanl Radical, Leonel Chiarella, y el presidente de la UCR bonaerense, Emiliano Balbín.

Todos, desde sus diferentes responsabilidades, forman parte de instituciones que representan a ciudadanos que los eligieron.

Y justamente por eso aparece una pregunta que excede cualquier pertenencia partidaria: ¿qué lugar ocupan las formas institucionales cuando se visita otro distrito?

En Nueve de Julio existe una intendenta, María José Gentile, elegida democráticamente por los vecinos del distrito. Podrán existir diferencias políticas, partidarias o de gestión. Podrán compartirse algunas ideas y disentirse profundamente en otras. Eso forma parte de la democracia.

Pero cuando dirigentes de otros distritos llegan a una ciudad en carácter de intendentes, legisladores o autoridades partidarias, hay una dimensión institucional que debería estar por encima de esas diferencias.

Un saludo, una visita protocolar, un encuentro breve, una fotografía institucional o simplemente la cortesía de acercarse a quien ejerce la máxima representación municipal no significan necesariamente un acuerdo político. Mucho menos implican resignar convicciones.

Significan reconocer una institución.

Y esto adquiere todavía mayor relevancia cuando el motivo del encuentro está relacionado con una problemática que atraviesa a toda la región, como la situación de la Ruta Nacional 5. Allí no hay una bandera partidaria exclusiva. Hay vecinos, productores, transportistas, comerciantes y comunidades enteras que reclaman respuestas.

La pregunta, entonces, no es quién tiene razón políticamente. La pregunta es si estamos construyendo, con nuestros comportamientos cotidianos, aquella unidad que tantas veces reclamamos desde los discursos.

Porque cerrar grietas no consiste solamente en sentarse juntos cuando las cámaras están encendidas. También implica poder saludar a quien piensa diferente, reconocer al que ocupa una responsabilidad institucional y entender que el adversario político no deja de ser, por eso, parte de la misma comunidad democrática.

Los intendentes no concurren a otro distrito solamente como dirigentes partidarios. Son mandatarios municipales. Los legisladores representan a una porción de la ciudadanía. Las autoridades partidarias cumplen también una función dentro de la vida democrática. Y quienes ejercen cargos públicos tienen, además de sus derechos políticos, una responsabilidad simbólica sobre la manera en que se relacionan con otras instituciones.

Quizás por eso los gestos importan.

Si queremos una sociedad menos dividida, habrá que empezar por pequeñas cosas. Por recuperar la cortesía. Por dejar de interpretar cada saludo como una alianza y cada encuentro como una claudicación. Por comprender que reconocer institucionalmente al otro no significa pensar como el otro.

La política argentina necesita diferencias. Las diferencias son parte de la democracia. Lo que necesita evitar es que esas diferencias se conviertan en indiferencia hacia las instituciones o en obstáculos para construir acuerdos.

Nueve de Julio también puede ser una oportunidad para pensar en eso.

Porque cuando se habla de cerrar grietas, quizá el verdadero desafío no sea encontrar grandes frases para decirlo, sino empezar a practicarlo en los pequeños gestos.

Y uno de ellos puede ser tan sencillo como llegar a una ciudad, reconocer a quien fue elegido para gobernarla y tener la cortesía institucional de saludarlo.

No debería ser demasiado pedir en una democracia.

 

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