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El pequeño músico nuevejuliense volvió a subir a un escenario en Carlos Casares. Invitado por la banda Va Como Piña, tocó dos clásicos del rock nacional ante un público que lo despidió con una ovación. A cada presentación suma experiencia, confianza y aprendizaje, acompañado por su profesor y por sus padres, que sostienen y acompañan cada paso de este camino.
La música tiene esas historias que comienzan casi sin hacer ruido y, con el paso del tiempo, empiezan a hacerse escuchar cada vez más fuerte.
La de Pedrito Guazzaroni es una de ellas.
Con apenas 8 años, el pequeño baterista de 9 de Julio continúa sumando experiencias sobre distintos escenarios y demostrando que la pasión, cuando encuentra acompañamiento y dedicación, puede convertirse en un camino de crecimiento.
El último capítulo de esta historia ocurrió el viernes 4 de septiembre en Carlos Casares, donde se realizó una cena show protagonizada por la reconocida banda Va Como Piña. La convocatoria tuvo reservas agotadas en un reconocido bar del centro casarense.
Y allí estuvo nuevamente Pedrito.
Dos clásicos del rock nacional
Una vez más, el niño fue invitado a compartir escenario con la banda. Para la presentación utilizó una batería cedida por su profesor y se sumó a Va Como Piña para interpretar dos canciones emblemáticas de nuestro rock nacional: “Qué Ves”, de Divididos, y “Manuel Santillán, el León”, de Los Fabulosos Cadillacs.
Fueron dos temas, pero para Pedrito significaron mucho más que eso.
Cada presentación representa la posibilidad de enfrentarse a un nuevo escenario, escuchar a otros músicos, seguir los tiempos de una banda y poner en práctica todo aquello que aprende durante sus clases y ensayos.
Y, fundamentalmente, disfrutar.
Al finalizar su participación, el público casarense respondió con una fuerte ovación. La frescura con la que Pedrito afrontó el desafío, su pasión y la técnica demostrada detrás de la batería sorprendieron a quienes lo escucharon por primera vez.
Crecer arriba y abajo del escenario
A los 8 años, Pedrito está construyendo sus primeras experiencias como músico.
Cada presentación muestra también una evolución. La seguridad para sentarse frente a una batería, seguir una canción, compartir escenario con otros músicos y tocar frente a un público son aprendizajes que se incorporan experiencia tras experiencia.
No se trata solamente de tocar un instrumento.
Se trata de aprender a escuchar, esperar, acompañar, sostener un ritmo y entender que la música también es compartir.
En ese recorrido, el estudio y la práctica tienen un papel fundamental. Pero también lo tiene la posibilidad de acceder a escenarios donde pueda poner a prueba todo lo aprendido.
Y Pedrito ya empieza a tener esas oportunidades.
Una familia que acompaña cada paso
Detrás de cada presentación hay también una historia familiar.
Sus padres, Cristian Guazzaroni y su familia, acompañan de cerca este proceso. Están presentes en los ensayos, en las presentaciones, en los traslados y en cada uno de esos momentos que forman parte del crecimiento de un niño que encontró en la batería una manera de expresarse.
Ese acompañamiento es parte fundamental del camino.
Porque a los 8 años no se trata solamente de proyectar un futuro musical, sino de permitir que Pedrito pueda disfrutar del presente, aprender, equivocarse, volver a intentar y descubrir hasta dónde puede llevarlo aquello que tanto le gusta.
Con el apoyo de sus padres, el acompañamiento de su profesor y las oportunidades que aparecen en el camino, Pedrito sigue acumulando experiencias.
Una historia que recién comienza
La presentación en Carlos Casares fue una nueva página en ese recorrido.
Dos canciones, un escenario, una banda, un público y una ovación que seguramente quedará entre esos recuerdos que acompañan los primeros pasos de cualquier músico.
Pedrito tiene apenas 8 años.
Todavía queda muchísimo por aprender, muchos escenarios por conocer y muchas canciones por tocar.
Pero hay algo que ya está claro: la batería dejó de ser solamente un instrumento para convertirse en parte de su historia.
Y mientras Pedrito sigue creciendo, también crece su música.
Paso a paso, presentación a presentación, con sus padres a su lado y la pasión intacta, este pequeño gran baterista de Nueve de Julio empieza a escribir una historia que recién está comenzando.
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