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José Larralde, la voz de la tierra y de las injusticias que marcó al folklore argentino

El reconocido cantautor y poeta nacido en Huanguelén construyó una trayectoria ligada a la milonga campera, la vida rural y la denuncia social, donde al cumplir 89 años, su obra que trascendió generaciones y fronteras, se convirtió en uno de los grandes referentes de la música popular argentina

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José Teodoro Larralde Saad nació el 22 de octubre de 1937 en Huanguelén, en el sudoeste de la provincia de Buenos Aires. Desde muy pequeño estuvo ligado al campo y a las dificultades de una familia humilde. Esa realidad, lejos de quedar como una simple parte de su infancia, se transformó en el corazón de una obra artística que décadas después lo convertiría en una de las voces más reconocidas del folklore argentino.

La guitarra llegó a su vida cuando era apenas un niño. A los 7 años comenzó a escribir sus primeros versos y, alrededor de los 11, aprendió a tocar las notas de una milonga. Mientras realizaba distintas tareas rurales, observaba los personajes, oficios y situaciones de su entorno y los transformaba en canciones. Así comenzó a construir un estilo propio, marcado por la mirada sobre la vida cotidiana del hombre de campo.

Una vida marcada por el trabajo y las dificultades

Durante su juventud atravesó momentos de desorientación y una vida errante. Según el material biográfico, llegó a dormir en andenes de trenes, embarcaderos y otros espacios públicos, experiencias que posteriormente quedarían reflejadas en canciones como “Cimarrón y tabaco”.

Con el tiempo buscó nuevas oportunidades laborales y realizó distintos trabajos, entre ellos boyero, peón rural, albañil, mecánico, tractorista y soldador. Esa experiencia directa con el mundo del trabajo fue fundamental para las letras que luego caracterizarían su carrera.

El encuentro con Jorge Cafrune que cambió su carrera

Uno de los momentos decisivos de su trayectoria ocurrió en 1966, cuando conoció a Jorge Cafrune. El encuentro fue posible gracias a José Dip, un vecino de Huanguelén que tenía vínculos con el reconocido cantor.

Cafrune quedó impresionado al escuchar las composiciones de Larralde y decidió impulsar sus canciones. Dos de ellas, “Permiso” y “Sin pique”, fueron incluidas en un disco de Cafrune editado en 1967. Aquella aparición permitió que las composiciones del hasta entonces desconocido artista llegaran a un público mucho más amplio.

Poco después, Cafrune lo invitó a compartir un escenario en Girodias. Allí Larralde interpretó varias canciones, entre ellas “Herencia pa’ un hijo gaucho”, y logró captar la atención de representantes de RCA Victor, que posteriormente le ofrecieron un contrato discográfico.

Una extensa trayectoria discográfica

La carrera discográfica de José Larralde comenzó en 1967 con Canta José Larralde, editado por RCA Victor. A partir de entonces desarrolló una prolífica producción musical que incluyó numerosas grabaciones y una obra que recorrió diferentes expresiones del folklore argentino.

Entre sus trabajos más reconocidos aparecen Milonga de Tiro Largo Santos Vega, Cimbreando, Simplemente, Del corazón pa’ dentro y El alegre canto de los pájaros tristes. Su repertorio abarcó milongas pampeanas, ritmos patagónicos, expresiones del Litoral y Cuyo, además de valses criollos.

Su música también alcanzó una importante difusión internacional y llegó a países como Uruguay, Paraguay, Chile, Brasil, Colombia, Venezuela, México, España, Alemania y Australia.

Una voz para los trabajadores y los sectores populares

La identidad artística de Larralde estuvo profundamente vinculada con la realidad rural. Sus canciones abordaron los oficios y las tareas del trabajador, las dificultades económicas, la explotación laboral y las desigualdades sociales.

Con una voz potente y expresiva y el acompañamiento de la guitarra, convirtió sus experiencias y observaciones en relatos cargados de realismo. Sus letras directas y coloquiales lo posicionaron como un cronista de los sectores populares y de aquellos que muchas veces no tenían voz.

Pero su repertorio no se limitó a la denuncia. También dedicó canciones al amor, la libertad y la naturaleza, aunque incluso en esos temas mantuvo una fuerte conexión con los paisajes y las imágenes del ámbito rural.

Reconocimiento y legado

Con el paso de los años, Larralde se consolidó como uno de los principales exponentes de la milonga campera y del folklore arraigado en el interior bonaerense. Su estilo logró conectar con un público que encontraba en sus canciones una representación de sus propias experiencias y realidades.

En 1995 recibió el Premio Konex de Platino como mejor cantante masculino de folklore de la década en la Argentina, uno de los reconocimientos más importantes de su carrera.

Su influencia también llegó a generaciones y géneros musicales posteriores. Entre los artistas que reivindicaron su obra aparece Ricardo Iorio, quien grabó versiones de canciones de Larralde y contribuyó a acercar su música a un público más joven y vinculado al rock y al heavy metal argentino.

Una carrera atravesada por la censura

El contenido social y crítico de sus canciones también generó dificultades durante los gobiernos militares. El material señala que su obra fue objeto de censura y restricciones debido a sus letras reivindicativas y a su mirada sobre las desigualdades y las problemáticas sociales.

A pesar de esas presiones, Larralde mantuvo su postura artística y evitó modificar su mensaje. Esa decisión reforzó con el tiempo la imagen de un artista independiente, comprometido con sus convicciones y con la realidad de los sectores populares.

Una figura que permanece en la cultura popular

Alejado de los grandes circuitos comerciales y de los escenarios masivos, Larralde mantuvo durante décadas un vínculo estrecho con su público. Su estilo austero, su defensa de la autenticidad y sus letras sobre la vida cotidiana hicieron que su obra trascendiera las modas y las generaciones.

Desde aquella guitarra que lo acompañó durante su infancia en Huanguelén hasta los grandes escenarios del folklore, José Larralde construyó una identidad artística inconfundible. Su legado quedó asociado a una manera de contar la Argentina desde sus raíces: con la voz del campo, la mirada del trabajador y una poesía que nunca dejó de señalar las desigualdades de su tiempo.

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