Este lunes 17 de agosto es feriado nacional en la Argentina en conmemoración del paso a la inmortalidad del general José de San Martín, una de las figuras centrales de la historia de la independencia argentina y americana.
Pero recordar a San Martín no debería limitarse a una fecha del calendario ni a la evocación de sus campañas militares. Su misión histórica tuvo una dimensión mucho más profunda: liberar a América del dominio colonial y abrir el camino para que sus pueblos pudieran decidir su propio destino.
San Martín comprendió que la independencia no podía quedar reducida a una declaración política. La emancipación debía traducirse en soberanía, dignidad y capacidad de los pueblos para construir sus propias instituciones. Su proyecto libertador, que tuvo como hitos fundamentales el cruce de los Andes y las campañas que llevaron a la independencia de Chile y Perú, formó parte de una estrategia continental: la libertad de América debía ser una obra colectiva.
Una liberación que iba más allá de lo político
La mirada sanmartiniana permite recuperar una idea que conserva una enorme actualidad:
‘no existe verdadera libertad cuando los pueblos quedan sometidos a estructuras de privilegio, abuso o corrupción’
El orden colonial había dejado instaladas formas de concentración del poder y de los beneficios, con funcionarios, corporaciones y sectores privilegiados que muchas veces colocaban sus intereses por encima de las necesidades de la sociedad. La ruptura con ese sistema no podía ser solamente institucional. También implicaba transformar una cultura política basada en privilegios y sometimientos.
Desde esa perspectiva, hablar hoy de una mirada sanmartiniana no significa trasladar mecánicamente las ideas del siglo XIX al presente, sino recuperar principios que siguen teniendo vigencia: la austeridad en el ejercicio del poder, el sentido del deber, la defensa de la soberanía, la honestidad y la prioridad del interés colectivo por encima del beneficio personal.
San Martín dejó además una imagen de autoridad alejada de la ostentación. Su conducta pública estuvo marcada por la disciplina y por una concepción del servicio en la que el poder debía estar subordinado a una causa superior.
El objetivo: una América libre
La dimensión continental de su proyecto es uno de los aspectos que más claramente distingue su figura. San Martín no pensaba la independencia como un fenómeno aislado de una provincia o de un territorio. Su estrategia tenía como horizonte la emancipación de buena parte de América del Sur.
Su decisión de organizar el Ejército de los Andes, cruzar la cordillera y continuar la campaña hacia Chile y Perú respondió a una convicción estratégica: la independencia de las Provincias Unidas no estaría consolidada mientras el poder español continuara dominando otros puntos decisivos del continente.
Por eso, su misión fue mucho más grande que una victoria militar. Fue parte de un proceso destinado a terminar con la dominación colonial y a crear las condiciones para que los pueblos americanos pudieran gobernarse por sí mismos.
Una mirada sanmartiniana frente a la crisis
En una Argentina atravesada por dificultades económicas, sociales e institucionales, el legado de San Martín puede ser leído como una invitación a recuperar valores básicos para cualquier sociedad que aspire a superar una crisis.
Una mirada sanmartiniana implica preguntarse qué lugar ocupa el bien común frente a los intereses particulares. Significa reclamar instituciones fuertes, funcionarios responsables, transparencia en la administración de los recursos públicos y una cultura que no naturalice la corrupción ni los privilegios.
También supone entender que la libertad no consiste solamente en poder elegir autoridades. La libertad necesita instituciones confiables, justicia, oportunidades y una sociedad capaz de defender sus propios intereses colectivos.
San Martín entendió que las grandes transformaciones requieren sacrificio, planificación y una visión que supere las urgencias del momento. Su vida muestra que una causa nacional puede exigir decisiones difíciles cuando el objetivo es preservar un bien mayor.
El desafío de recuperar el espíritu de servicio
A más de dos siglos de su nacimiento, la figura de San Martín sigue ofreciendo una referencia para pensar el vínculo entre política, ética y servicio público.
No se trata de convertirlo en una figura intocable ni de utilizar su nombre para justificar cualquier posición política. Se trata de recuperar una pregunta que atraviesa su trayectoria: ¿para qué se ejerce el poder?
La respuesta sanmartiniana parece clara: para servir a una causa que trasciende al individuo.
En ese sentido, recordar a San Martín en este feriado nacional puede ser mucho más que una ceremonia patriótica. Puede convertirse en una oportunidad para revisar qué valores necesita la Argentina para salir de sus crisis recurrentes: responsabilidad, honestidad, austeridad, planificación, educación, soberanía y compromiso con el futuro.
La independencia que San Martín ayudó a conquistar fue, ante todo, una apuesta por la libertad de los pueblos. Mantener vivo ese legado significa comprender que la emancipación también requiere combatir las prácticas que degradan las instituciones, naturalizan la corrupción y colocan los intereses particulares por encima del bien común.
A 176 años de su muerte, la pregunta permanece vigente: ¿qué haríamos hoy si miráramos la crisis argentina con los ojos de aquel hombre que convirtió una causa continental en una misión de vida?
Quizás allí se encuentre una parte de la respuesta que el presente necesita: recuperar el sentido del deber, poner el interés nacional por encima de las mezquindades y volver a entender la libertad no como una consigna, sino como una responsabilidad colectiva.


