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Carga rápida: cuando las opiniones se dicen sin ton ni son

Escribe para Cadena Nueve, Pío Sánchez, 'Viejito sembrador'

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Dicen que vivimos en la era de la carga rápida. El celular en diez minutos recupera media batería. El auto eléctrico se enchufa un ratito y sigue viaje. Hasta el reloj inteligente se carga mientras uno se baña.

Pero parece que lo que más rápido se carga hoy… son las opiniones.

Antes, para opinar había que escuchar un poco, leer otro poco y, si quedaba tiempo, pensar.

Hoy el procedimiento es mucho más moderno: un mate, dos sorbos… ¡y listo! Ya hay opinión formada sobre economía, política, fútbol, medicina, meteorología, inteligencia artificial, agricultura y hasta sobre cómo tiene que criar los hijos el vecino.

Y las redes sociales hicieron el milagro.

Antes, el que hablaba mucho en el almacén del pueblo era uno solo. Ahora cada uno tiene un micrófono en el bolsillo y una tribuna mundial en el teléfono.

Apenas pasa algo, no falta el que ya escribe: “Yo lo dije hace meses”. Lo curioso es que nunca quedó registrado… pero siempre lo había dicho.

Hay gente que comenta una noticia antes de leer el título completo. Otros leen el título… y ya se sienten especialistas. Y algunos ni siquiera leen eso; con ver la foto ya arrancan con un discurso de veinte renglones.

En las redes todos son directores técnicos cuando juega la Selección, economistas cuando sube el dólar, abogados cuando hay un juicio, ingenieros cuando se rompe un puente y epidemiólogos cuando alguien estornuda.

Lo lindo es la seguridad con la que hablan. No tienen una duda. No conocen un dato. Pero les sobra certeza.

Es como ese vecino que jamás arregló una canilla en su casa, pero cuando ve trabajar al plomero le dice:
—No, maestro… eso yo lo hubiera hecho distinto.

Y lo peor es que las opiniones también vienen con “actualización automática”. Si cambia la noticia, cambian de idea… pero aseguran que siempre pensaron igual.

El problema no es opinar. Todos tenemos derecho a hacerlo. El asunto es creer que cualquier ocurrencia vale lo mismo que la experiencia, el estudio o la información.

Mi abuelo decía que Dios nos dio dos orejas y una sola boca para escuchar el doble de lo que hablamos. Hoy pareciera que usamos dos pulgares para escribir… y dejamos las orejas de adorno.

Capaz que nos vendría bien una carga un poco más lenta. Cargar primero la cabeza con información, después el corazón con paciencia… y recién ahí poner a funcionar la lengua o el teclado.

Porque un celular sin batería no sirve para mucho… pero una opinión sin fundamento dura menos que un termo de mate en una rueda de amigos.

Y los años han enseñado que el mate siempre ayuda a pensar… aunque no hace milagros con las opiniones.

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