En el marco del Mes Rosa, la doctora Carla Mingote puso el foco en una idea que busca trascender el calendario y convertir la prevención del cáncer de mama en una práctica cotidiana y colectiva: generar una red de acompañamiento que ayude a derribar miedos, mitos, tabúes y las distintas barreras que muchas veces terminan postergando los controles.
“Quiero que nos agarremos todas de la mano y nos ayudemos”, planteó durante una entrevista en Despertate, el programa conducido por Gustavo, al explicar su propuesta de construir una verdadera “Tribu Rosa”.
La denominación no es casual. Mingote apeló a dos conceptos que hoy forman parte del lenguaje social —la idea de “tribu” y el empoderamiento femenino— para llevarlos al terreno de la salud. La propuesta consiste en que una amiga pueda acompañar a otra, una hija pueda recordar a su madre, una pareja pueda preguntar por los controles y que hacerse una mamografía deje de ser una decisión individual atravesada por el miedo para convertirse en un acto de cuidado compartido.
“Este año hagamos algo distinto: por una amiga, por una mamá; mandar un WhatsApp, generar una red de charlas, hacer un pacto de amistad. ‘Che, este año vamos juntas a hacernos la mamo, saco turno, te ayudo’”, ejemplificó.
Mingote recordó que el cáncer de mama es la patología oncológica más frecuente en las mujeres y remarcó la importancia de sostener los controles indicados por los profesionales de la salud.
En ese sentido, recuperó una frase que la impactó especialmente: “La mamografía detecta lo invisible”.
Para la especialista, uno de los grandes desafíos consiste en superar el temor a lo desconocido. Incluso relató su propia experiencia: se realizó su primera mamografía a los 35 años y reconoció haber llorado ante el miedo, la incertidumbre y la preocupación por el dolor, pese a ser médica y conocer el procedimiento.
“Después de eso ya está, es como todo: ya sabés lo que es, ya sabés lo que dura”, explicó.
Mingote insistió además en que la realización de estudios no debe convertirse en una elección entre distintas prácticas por iniciativa propia, sino seguir la indicación médica de acuerdo con la edad, los antecedentes y las características de cada paciente.
Una red que también necesita a los varones
Aunque octubre y el color rosa suelen asociarse inmediatamente con las mujeres, la propuesta de Mingote busca involucrar activamente a los hombres.
“No es que solo nos pasa a nosotras”, señaló al referirse a la patología mamaria masculina. Explicó que el cáncer de mama en el hombre es infrecuente, pero existe, y que también pueden presentarse otras alteraciones que requieren consulta y evaluación médica.
Por eso, la médica llamó a que el tema sea conversado dentro de las familias.
“Que sea algo que se hable siempre”, pidió.
La idea apunta a que los varones también formen parte de esa red: que puedan preguntar a sus madres, parejas, hijas o amigas si realizaron sus controles, acompañarlas a sacar un turno o simplemente ayudarlas a vencer el miedo.
“Si algún hombre está escuchando y tiene una viejita, una gordita, una hijita en la casa, pregúntenle”, expresó durante la entrevista.
La prevención, sostuvo, no debería quedar limitada a las mujeres. También los hombres deben asumir sus propios controles de salud y superar los prejuicios que muchas veces los llevan a postergar consultas y estudios.
El cuidado también se aprende en casa
Otro de los conceptos centrales de la charla fue el papel de la familia.
Para Mingote, los hábitos saludables y la cultura de la prevención comienzan en el hogar y se transmiten principalmente a través del ejemplo.
“Todo empieza en casa. Una mamá que se controla va a tener una hija que se controla. Un papá que se hace sus estudios y come sano en su casa…”, resumió.
Desde esa perspectiva, octubre puede ser una oportunidad para instalar conversaciones que después continúen durante todo el año: controles médicos, alimentación, actividad física, salud sexual, prevención y la importancia de consultar ante cualquier duda.
Derribar el miedo y facilitar el acceso
La especialista también destacó que no siempre la falta de controles responde a la ausencia de información. Existen otros obstáculos: dificultades para conseguir turnos, cuestiones económicas, pudores o simplemente el temor a enfrentarse con un estudio que nunca se realizó.
En ese sentido, contó que desde el centro de diagnóstico por imágenes Fotón, donde desarrolla parte de su actividad profesional, se trabaja con horarios extendidos y distintas alternativas para facilitar el acceso. También anunció una acción social mediante la cual se donará un número determinado de mamografías al municipio para su distribución a través de las distintas salas.
“Que esto no sea un impedimento ni una cuestión económica”, remarcó.
Mingote destacó además el trabajo de los profesionales que integran el servicio y la implementación de un sistema de doble lectura de las mamografías, con médicos especializados en patología mamaria. La estrategia busca sumar miradas y experiencia en la interpretación de los estudios.
Tecnología, especialización y una mirada humana
La conversación también permitió conocer algunos de los avances tecnológicos y profesionales disponibles en 9 de Julio. Mingote explicó que el diagnóstico por imágenes actual combina equipamiento de alta complejidad, profesionales subespecializados y sistemas de interconsulta que permiten trabajar en contacto con especialistas de distintos lugares.
Pero para la médica, la tecnología no reemplaza el vínculo humano.
Relató que suele tomarse unos minutos adicionales con sus pacientes para escuchar sus dudas y temores, incluso cuando la consulta surge de preguntas que pueden parecer elementales.
“Me encanta generar confianza para que la gente me pueda decir sus temores”, sostuvo.
Y allí aparece nuevamente el espíritu de la propuesta: una prevención que no se base únicamente en máquinas, turnos y protocolos, sino también en acompañamiento, confianza y comunicación.
Una propuesta que busca salir de 9 de Julio
La iniciativa de Mingote nació desde una realidad concreta que observa diariamente en su consultorio y en la comunidad de 9 de Julio, pero tiene una vocación mucho más amplia.
La médica habló de una sociedad pequeña donde todavía existen barreras y tabúes alrededor de determinados temas de salud y propuso aprovechar justamente la fortaleza de los vínculos cercanos para transformarlos en una herramienta de prevención.
La idea quedó sintetizada durante la entrevista en un nombre: “La Tribu Rosa”.
Una red de amigas. De madres e hijas. De parejas. De familias. De compañeros de trabajo. De vecinos. Y también de varones dispuestos a involucrarse.
Porque, como resumió Mingote, “ayudémonos entre todos a que esto no sea un problema de salud grave”.
Y porque el mensaje que busca instalar el Mes Rosa, más allá de octubre, es sencillo: la prevención también puede ser un acto de amor.
La denominación “Tribu Rosa” funciona especialmente bien como concepto editorial porque no reduce la campaña a una consigna médica: incorpora pertenencia, acompañamiento, solidaridad y participación masculina. Además, permite que la propuesta tenga continuidad durante todo el año y pueda convertirse en una iniciativa identificable de Nueve de Julio.



