
Los siniestros viales provocados por conductores que circulan bajo los efectos del alcohol siguen generando preocupación en la Argentina. A pesar de la vigencia de normas nacionales, provinciales y municipales que establecen la prohibición de conducir con alcohol en sangre, se repiten los episodios que dejan víctimas fatales y personas con heridas de gravedad, tanto en rutas como en zonas urbanas.
En los últimos días, distintos hechos ocurridos en la provincia de Buenos Aires, la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Neuquén y Salta volvieron a poner en evidencia las consecuencias de combinar alcohol y conducción. Los casos, difundidos por medios nacionales y regionales, muestran situaciones en las que el consumo de bebidas alcohólicas estuvo presente en conductas de alto riesgo al volante.
Cuatro hechos que reflejan la gravedad del problema
Uno de los episodios ocurrió durante la madrugada del sábado en la zona de Olivos, sobre la autopista Panamericana, en la provincia de Buenos Aires. Según la información difundida, un joven de 21 años que conducía con 1,03 gramos de alcohol por litro de sangre protagonizó un choque en el que murió un hombre de 48 años. Además, trascendió que el vehículo del conductor acumulaba al menos 24 infracciones por exceso de velocidad.
Otro hecho se registró durante la madrugada del domingo en el barrio porteño de Flores. Una mujer de 36 años, que circulaba con 1,79 gramos de alcohol por litro de sangre, chocó contra dos automóviles estacionados, volcó y atropelló a tres pasajeros que descendían de otro vehículo.
En la ciudad neuquina de Centenario, un conductor de 24 años que presentaba 1,22 gramos de alcohol por litro de sangre chocó y volcó sobre la Ruta 7 durante la mañana del sábado. Como consecuencia del siniestro, su acompañante, un adolescente de 16 años, resultó herido.
A estos episodios se sumó un caso ocurrido en la provincia de Salta, sobre la Ruta Provincial 36. De acuerdo con la información difundida, un efectivo policial que conducía una motocicleta a gran velocidad y con 1,28 gramos de alcohol por litro de sangre atropelló a una mujer, quien sufrió heridas de extrema gravedad.
Se trata de algunos de los casos que trascendieron públicamente y que permiten dimensionar la magnitud de un problema que se repite en diferentes jurisdicciones del país.
¿Por qué el alcohol al volante es tan peligroso?
El alcohol afecta capacidades fundamentales para conducir de manera segura. Reduce los reflejos, altera la percepción de las distancias y las velocidades, dificulta la coordinación de movimientos y disminuye la capacidad para tomar decisiones rápidas ante situaciones imprevistas.
Además, puede generar una falsa sensación de confianza y llevar a subestimar los riesgos, aumentar la velocidad o realizar maniobras imprudentes. Estas alteraciones pueden presentarse incluso cuando la persona no percibe claramente los efectos del consumo.
En el tránsito, una reacción tardía o una decisión equivocada puede ser suficiente para provocar un choque, un atropello o una tragedia irreversible.
Por ese motivo, no existe una cantidad de alcohol que garantice una conducción segura. La recomendación preventiva es clara: si se va a conducir, no se debe beber alcohol.
La importancia de los controles y las sanciones
Desde la organización Luchemos por la Vida señalan que, más allá de la legislación vigente, es necesario fortalecer los controles de alcoholemia de manera sistemática y sostenida en todo el territorio nacional.
La prevención requiere operativos frecuentes, sanciones efectivas para quienes incumplen las normas y acciones de reeducación vial que contribuyan a modificar conductas peligrosas antes de que provoquen consecuencias irreparables.
La existencia de una ley, por sí sola, no alcanza si no está acompañada por controles, cumplimiento efectivo y conciencia social. Evitar que una persona alcoholizada se ponga al volante puede significar la diferencia entre un viaje seguro y una tragedia.
Una advertencia que sigue vigente
Los hechos registrados en distintos puntos del país vuelven a poner en primer plano una advertencia fundamental: haber conducido alcoholizado en otras oportunidades sin sufrir un accidente no significa que la próxima vez vaya a ocurrir lo mismo.
Cada conductor tiene bajo su responsabilidad no solo su propia vida, sino también la de sus acompañantes, peatones y demás usuarios de la vía pública.
Que nunca te haya pasado nada por conducir alcoholizado no significa que nunca te pasará.
La prevención, los controles y la responsabilidad individual siguen siendo herramientas esenciales para reducir las muertes y lesiones en el tránsito.
Fuente: Luchemos por la Vida


