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Ariel Torrado Mosconi: “Esta vida plena es un regalo de Dios”

Durante la celebración, dos mujeres recibieron el sacramento del Bautismo y numerosos fieles completaron su iniciación cristiana con la Confirmación y la Primera Comunión. En su homilía, el obispo invitó a renovar la fe, confiar en la acción del Espíritu Santo y encontrar en Jesús el camino hacia una vida plena

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En el Santuario de Nuestra Señora de Fátima se vivió una significativa celebración de fe y encuentro comunitario, con una misa presidida por el obispo de Santo Domingo, Ariel Torrado Mosconi, en la que se administraron los sacramentos del Bautismo y la Confirmación y se compartió la Eucaristía.

La ceremonia reunió a catequistas, padrinos, madrinas, familiares y miembros de la comunidad, quienes acompañaron a los protagonistas de una jornada marcada por la emoción, la oración y el compromiso de continuar creciendo en la vida cristiana.

Uno de los momentos centrales fue el bautismo de Manuela y Candelaria, quienes fueron recibidas en la Iglesia y se incorporaron a la comunidad cristiana. A su vez, un grupo de fieles recibió el sacramento de la Confirmación, mientras que otros participaron por primera vez de la Comunión, completando así una etapa fundamental de su camino de fe.

Una invitación a renacer y encontrar una vida plena

Durante su homilía, monseñor Ariel Torrado Mosconi tomó como punto de partida el encuentro entre Jesús y Nicodemo, relatado en el Evangelio de San Juan. A partir de ese pasaje, propuso una reflexión sobre las búsquedas personales, las dificultades de la vida y la necesidad de acercarse a Dios para encontrar un sentido más profundo a la existencia.

El obispo reparó especialmente en la imagen de Nicodemo, quien se acerca a Jesús durante la noche. Desde esa escena, vinculó la oscuridad con las situaciones difíciles, los momentos de dolor y las incertidumbres que atraviesan las personas a lo largo de sus vidas.

En ese contexto, señaló que la búsqueda de Dios nace muchas veces del deseo de encontrar respuestas, esperanza y una vida más plena.

La respuesta de Jesús a Nicodemo —la necesidad de nacer de nuevo— fue el eje de su mensaje. Torrado Mosconi explicó que ese nuevo nacimiento no debe entenderse en un sentido meramente físico, sino como una transformación espiritual que se hace posible por la gracia de Dios.

En ese sentido, destacó el valor del Bautismo y la Confirmación como dones que permiten profundizar el encuentro personal y comunitario con Jesucristo.

“Esta vida plena no es fruto de nuestro esfuerzo, sino que es un regalo de Dios”, expresó durante la homilía, al remarcar que la fe se sostiene en la gracia divina y en la presencia de Jesús en la vida de cada persona.

La comunidad, un espacio para crecer juntos

Otro de los aspectos destacados de su mensaje estuvo relacionado con la importancia de la comunidad cristiana. El obispo recordó que la Iglesia está integrada por personas imperfectas, pero unidas por la confianza en la misericordia de Dios y por el deseo de crecer en el seguimiento de Jesús.

En ese marco, invitó a los fieles a no considerar la recepción de los sacramentos como un punto de llegada, sino como el comienzo de una nueva etapa de compromiso y participación en la vida de la Iglesia.

También reconoció el esfuerzo de quienes se prepararon para recibir los sacramentos, muchas veces compatibilizando los encuentros de catequesis con las responsabilidades familiares, laborales y personales.

A los catequistas, padrinos y madrinas les recordó la importancia de acompañar a quienes comienzan o profundizan su camino cristiano, mediante el testimonio, la cercanía y el ejemplo cotidiano.

La noche, el agua y el viento: tres imágenes para la vida cristiana

En uno de los pasajes más significativos de la homilía, Torrado Mosconi propuso conservar tres imágenes del Evangelio: la noche, el agua y el viento.

La noche, explicó, representa las dificultades y las búsquedas que atraviesan las personas. El agua remite al Bautismo y al nacimiento a una vida nueva, mientras que el viento simboliza la acción del Espíritu Santo, que guía y transforma el corazón de los creyentes.

A partir de esta última imagen, el obispo invitó a confiar más en Dios y a aprender a dejarse conducir por el Espíritu Santo, sin pretender controlar cada aspecto de la propia vida.

Señaló que esa apertura permite avanzar por un camino de santidad, con una actitud de confianza, esperanza y disposición para responder al llamado de Dios.

Los sacramentos, centro de una celebración emotiva

Luego de la Liturgia de la Palabra y de la homilía, la celebración continuó con los ritos sacramentales.

Manuela y Candelaria recibieron el Bautismo, en una ceremonia acompañada por sus familias y por la comunidad presente. La imposición de la vestidura blanca y la entrega de la luz de Cristo expresaron la nueva vida recibida y el compromiso de mantener viva la fe.

Posteriormente, los fieles que se habían preparado para la Confirmación participaron del rito de imposición de manos y de la unción, mediante los cuales recibieron el don del Espíritu Santo y fueron llamados a fortalecer su testimonio cristiano.

La celebración eucarística reunió luego a la comunidad alrededor de la mesa del altar. Quienes recibieron los sacramentos participaron de la Comunión, en un momento que puso de manifiesto la unidad entre el Bautismo, la Confirmación y la Eucaristía dentro del camino de iniciación cristiana.

Durante la plegaria eucarística también se elevó una oración especial por Manuela y Candelaria y por los fieles que recibieron la Confirmación y participaron por primera vez de la Comunión, pidiendo que pudieran crecer en la amistad con Dios y en la comunión con la Iglesia.

Una fe que continúa después de la celebración

La misa concluyó con la bendición impartida por el obispo Ariel Torrado Mosconi, quien encomendó a los presentes y a sus familias a la protección de Dios.

Al finalizar, se compartieron fotografías con quienes habían recibido los sacramentos y se entregaron recordatorios de la celebración, en un clima de alegría y emoción que reunió a los protagonistas, sus seres queridos y los integrantes de la comunidad.

La jornada en el Santuario de Nuestra Señora de Fátima dejó un mensaje que trascendió el rito religioso: la invitación a renovar la fe, sostener los vínculos comunitarios y permitir que la acción del Espíritu Santo acompañe cada paso de la vida.

Como expresó el obispo durante su homilía, el desafío es que el encuentro con Jesús no quede limitado a una ceremonia, sino que se transforme en una experiencia cotidiana capaz de dar sentido a la existencia y orientar a cada persona hacia una vida más plena.

Para la publicación en Cadena Nueve: el artículo está elaborado a partir de la transcripción de la celebración. Como el material no precisa la fecha de la misa ni confirma expresamente el número total de personas que recibieron cada sacramento, esos datos no se agregaron para evitar información sin verificar.

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