
En el distrito de Nueve de Julio: María José Gentile está gobernando.
Y no es un dato menor.
Es la primera mujer que conduce los destinos del distrito desde el despacho principal del Palacio Municipal. Está en Sillón de Tomas West, como recuerda siempre Gustavo Tinetti, dando realce y jerarquía a la función funciplica del Ejecutivo. Pero la cuestión interesante no pasa solamente por el género. Pasa por otra cosa: qué está haciento una intendenta con un Municipio con problemas acumulados, pocos recursos, demasiadas demandas y gobiernos superiores que no necesariamente piensan como ella.
Ahí empieza la verdadera discusión sobre gobernabilidad.
Porque gobernar no es solo sacarse fotos cortando cintas.
Gobernar es elegir, optar.
Es decir que no a algunas cosas para poder hacer otras. Es explicar. Es negociar. Es conseguir recursos. Es tragarse algún sapo. Es soportar críticas. Es caminar sobre un terreno donde nadie tiene todas las cartas.
Y Maria José Gentile ha elegido una estrategia bastante clara: mirar el distrito antes que mirar el partido o sus ambiciones.
Eso, en la Argentina de hoy, ya es bastante.
Kicillof no es un amigo. Es el gobernador.
Hay una cuestión que merece ser dicha sin vueltas.
Axel Kicillof gobierna la Provincia de Buenos Aires.
María José Gentile gobierna Nueve de Julio.
No pertenecen al mismo espacio político.
Perfecto.
¿Y?
Los nuevejulienses no votaron a Gentile para que se peleara con Kicillof. La votaron para que consiguiera soluciones.
Y Kicillof no fue elegido gobernador para preguntarle a cada intendente de qué partido es antes de decidir si una obra, una escritura, una computadora, un camión o una ampliación de infraestructura puede llegar a un distrito.
La política empieza cuando se entiende que el adversario electoral puede ser el socio institucional del día siguiente.
Por eso la relación entre Gentile y Kicillof merece ser observada con atención.
No porque haya que suponer una amistad política.
Sino porque puede existir algo mucho más útil: una relación institucional que funcione.
Si de esa relación llegaron escrituras, equipamiento, infraestructura, soluciones para el agua, educación, ambiente o cualquier otra herramienta que mejore la vida cotidiana, habrá ganado Nueve de Julio.
Y eso debería alcanzar.
El vecino no pregunta quién puso la plata.
Pregunta si el problema se resolvió.
La gobernabilidad se mide cuando faltan recursos
Hay una tentación muy argentina de confundir gobernabilidad con mayoría.
No necesariamente.
Un gobierno puede tener mayoría y no saber gobernar.
También puede no tener todas las herramientas y, sin embargo, construir acuerdos.
María José Gentile enfrenta precisamente esa prueba.
Los caminos rurales son un ejemplo brutal.
Dos mil cuatrocientos kilómetros no se mantienen con discursos.
Tampoco con voluntad.
Mucho menos con magia.
Se necesitan máquinas, combustible, personal, planificación y dinero.
Y cuando el dinero no alcanza, alguien tiene que decidir.
La propuesta de una Comisión Vial con participación de los productores puede ser, en ese sentido, mucho más importante de lo que parece.
Porque modifica una lógica.
No se trata solamente de que el Municipio diga dónde va una máquina.
Se trata de que quienes pagan y utilizan el sistema tengan participación en las prioridades.
Eso se llama corresponsabilidad.
Y si funciona, puede convertirse en una política de Estado.
Si no funciona, será otra experiencia que podrá modificarse.
Pero alguien tenía que intentarlo.
El relleno sanitario: ahí se verá si hay gestión o solamente relato
Otro asunto será determinante: el relleno sanitario.
No es una obra simpática.
No se inaugura con facilidad.
No genera una foto tan linda como una plaza nueva.
Pero es exactamente el tipo de obra que define a un gobierno.
Porque resolver los residuos significa pensar en la ciudad que viene, no en la elección que viene.
Gentile parece haber tomado una decisión incómoda: avanzar.
Con dificultades.
Con costos.
Con asistencia técnica.
Con CEAMSE.
Con la Provincia.
Con un predio.
Con membranas.
Con el saneamiento del basural actual.
No alcanza con anunciarlo.
Ahora viene la parte difícil.
Hacerlo.
Y ahí se verá si la política de Estado deja de ser una frase para convertirse en una infraestructura concreta.
Agua: la deuda que nadie puede esconder debajo de la alfombra
Con el agua ocurre algo parecido.
Nueve de Julio conoce demasiado bien esta discusión como para aceptar soluciones a medias.
La ampliación de la planta de ABSA puede convertirse en uno de los puntos más importantes de la gestión si finalmente se traduce en mejor calidad y mayor disponibilidad.
El Municipio cedió terrenos.
La Provincia gestiona.
Hay financiamiento en juego.
Ahora habrá que ver resultados.
Porque cuando el tema es agua, no existe relato que aguante demasiado tiempo.
La canilla es un excelente periodista.
Cuando funciona, informa.
Cuando no funciona, también.
Educación: construir futuro sin esperar la foto
La Escuela Especial N° 501 plantea otro desafío.
No porque todo esté mal.
Precisamente porque la institución creció.
Y cuando una comunidad crece, las estructuras que antes alcanzaban dejan de alcanzar.
Ahí aparece nuevamente la relación Municipio-Provincia.
Gentile gestiona ante Educación.
La Provincia deberá responder.
Y el Municipio deberá insistir.
No hay misterio.
Es gestión.
Lo mismo ocurre con las obras en escuelas, la Escuela Técnica y las intervenciones en las localidades.
La educación es una de esas áreas donde un gobierno municipal puede hacer poco si quiere hacerlo solo y mucho si consigue articular.
La política de Estado como vacuna contra el borrón y cuenta nueva
Quizás aquí aparezca la definición política más interesante de Gentile.
Hablar de políticas de Estado es, en realidad, hablar de qué queda cuando cambia el intendente.
Porque Nueve de Julio conoce demasiado bien el ciclo:
llega un gobierno;
critica al anterior;
anuncia que todo estaba mal;
cambia algunas cosas;
llega otro;
critica al anterior;
vuelve a cambiar todo.
Y así pasan los años.
Mientras tanto, los caminos siguen necesitando mantenimiento.
El agua sigue siendo un problema.
Los residuos siguen existiendo.
La ciudad sigue creciendo.
Los jóvenes siguen preguntándose qué futuro tendrán.
Por eso la discusión de fondo no debería ser quién tiene razón.
Debería ser qué cosas no se pueden volver a discutir desde cero cada cuatro años.
Ahí Gentile tiene una oportunidad.
Y también una obligación.
Primera intendenta: la historia la va a juzgar por algo más que eso
Ser la primera mujer intendenta tiene un enorme valor histórico.
Pero la historia es bastante cruel con los gobernantes.
No alcanza con ser el primero.
Después pregunta qué hiciste con esa oportunidad.
Gentile tiene todavía tiempo para responder.
Y su respuesta no estará en los discursos.
Estará en las obras que sobrevivan a su administración.
En las decisiones que no puedan desarmarse fácilmente.
En los acuerdos que continúen.
En las instituciones que funcionen mejor.
En los proyectos que otros gobiernos puedan continuar aunque cambien las banderas políticas.
Ese sería un verdadero legado.
2027 está lejos. El legado está mucho más cerca.
Hay quienes ya miran 2027.
Es lógico.
La política siempre mira la próxima elección.
Pero quizás Gentile tenga que mirar otra cosa.
El día después de 2027.
Porque puede ocurrir que siga.
Puede ocurrir que no.
Puede ocurrir cualquier cosa.
Lo importante es qué queda.
Una intendenta que piensa solamente en la reelección administra cuatro años.
Una intendenta que piensa en la ciudad administra una generación.
La diferencia es enorme.
Por eso la frase de Gentile sobre dejar la vida en la gestión tiene valor si se traduce en algo concreto: dejar una ciudad mejor preparada para quien venga.
Y si quien viene es otro, mejor todavía.
Porque entonces habrá conseguido algo que en política suele ser extraordinariamente difícil:
hacer que su obra deje de pertenecerle.
El verdadero poder
Tal vez allí esté la clave para entender el momento político de Nueve de Julio.
Gentile no necesita convertirse en una caudilla.
Tampoco necesita tener todas las respuestas.
Necesita algo más difícil: hacer funcionar las instituciones alrededor de objetivos concretos.
Con Kicillof cuando haya que hacerlo.
Con el Concejo cuando corresponda.
Con los productores para los caminos.
Con las cooperativas para las localidades.
Con las familias para la educación.
Con las instituciones para el ambiente.
Con los vecinos para discutir la ciudad.
Y con quien sea necesario cuando esté en juego el interés nuevejuliense.
Eso no es abandonar las convicciones.
Es gobernar.
Porque el poder municipal no sirve para tener razón.
Sirve para transformar la realidad.
Y Nueve de Julio necesita eso.
No necesita otra pelea de dirigentes.
No necesita otro campeonato de egos.
No necesita que cada gobierno vuelva a inventar la ciudad.
Necesita continuidad.
Necesita planificación.
Necesita acuerdos.
Necesita obras.
Necesita que alguien se anime a pensar más allá del próximo domingo electoral.
Gentile tiene hoy esa oportunidad.
Y la relación con Kicillof puede ser una de las herramientas para aprovecharla.
No porque Kicillof sea Gentile.
Ni porque Gentile sea Kicillof.
Sino porque ambos tienen responsabilidades distintas sobre una misma comunidad.
La Provincia tiene que hacer lo que le corresponde.
El Municipio también.
Y Nueve de Julio tiene derecho a exigirles a los dos.
Ese debería ser el verdadero nacionalismo local: defender los intereses de los nuevejulienses antes que las camisetas partidarias.
El resto es ruido.
Y ruido, en Nueve de Julio, ya tenemos bastante.
Ahora hacen falta resultados.
Porque al final de una gestión no quedan las conferencias de prensa.
Quedan las obras.
Quedan las instituciones.
Quedan las decisiones.
Y queda, sobre todo, una pregunta que ningún intendente puede esquivar:
¿Qué ciudad le entregaste al que vino después?
Ahí se juega la verdadera gobernabilidad de María José Gentile.
Y ahí, también, empezará a escribirse su historia.


