El ciclo “Escuela para Padres”, que se emite todos los martes a las 9 por Despertate, en Cadena Nueve, Máxima 89.9 y Visio Plus TV, volvió a poner sobre la mesa una problemática que atraviesa a muchas familias: la negligencia en el cuidado, la crianza y la educación de niños y adolescentes.
En esta oportunidad, Sofía Guaragna propuso reflexionar sobre aquellas situaciones que muchas veces se naturalizan dentro de los hogares y que, aunque no siempre son intencionales, pueden afectar profundamente el desarrollo físico, emocional, social y educativo de los chicos.
¿Qué entendemos por negligencia?
La negligencia no se limita al abandono extremo. También puede aparecer en acciones u omisiones cotidianas que ponen en riesgo el bienestar de un niño o adolescente.
Durante la charla se mencionaron como posibles expresiones de negligencia la falta de alimentación adecuada, las condiciones deficientes de higiene o vestimenta, la exposición a peligros, las ausencias prolongadas de los adultos responsables, la falta de atención médica y el incumplimiento de los controles necesarios.
También se señaló el ausentismo escolar crónico como una situación que debe ser observada, al igual que la permisividad frente a determinadas conductas de riesgo.
En el caso de los adolescentes, por ejemplo, no solamente debe prestarse atención al consumo de alcohol o drogas. También pueden existir otras conductas que requieren límites y acompañamiento, como permitir durante períodos excesivos el uso de videojuegos o que un adolescente permanezca fuera del hogar durante muchas horas sin supervisión.
La negligencia también puede aparecer desde la sobreprotección
Uno de los aspectos destacados de la conversación fue que cuidar no significa resolver absolutamente todo por los hijos.
La sobreprotección puede convertirse también en una forma de limitar el desarrollo de niños y adolescentes. Cuando los adultos toman permanentemente todas las decisiones, resuelven cada dificultad y evitan que los chicos enfrenten situaciones acordes a su edad, pueden impedir que desarrollen herramientas necesarias para desenvolverse en la vida.
La crianza requiere, entonces, un equilibrio entre protección, límites, autonomía y acompañamiento.
En ese sentido, también se planteó la importancia de que los niños puedan conocer diferentes realidades, siempre dentro de ámbitos seguros y adecuados para su edad. La sobreprotección extrema puede transformarse en una especie de “venda” que impide conocer determinadas situaciones y aprender a enfrentarlas.
Las consecuencias pueden acompañar toda la vida
La negligencia durante la infancia puede tener consecuencias que exceden ampliamente el momento en que ocurre.
Entre los posibles efectos se mencionaron problemas de salud, retrasos en el desarrollo, dificultades emocionales, baja autoestima, problemas de salud mental y dificultades para establecer vínculos seguros.
El concepto de apego seguro fue especialmente destacado: se trata de la posibilidad de que un niño construya vínculos con adultos en los que pueda confiar y a los que pueda recurrir cuando necesita protección o acompañamiento.
Cuando esa seguridad no está presente, pueden aparecer dificultades para relacionarse con otras personas, pedir ayuda, negociar, resolver conflictos o expresar emociones.
También pueden surgir problemas de aprendizaje y socialización, así como riesgos de repetir durante la adultez determinados patrones de violencia, consumo o relaciones disfuncionales.
Cuando los patrones se repiten
Uno de los puntos centrales de la charla fue evitar una mirada exclusivamente basada en el juicio.
Muchas veces, una persona reproduce durante la crianza comportamientos que ella misma vivió durante su infancia. Esto no significa justificar las conductas negligentes, sino comprender su origen para poder intervenir y romper esos patrones.
La propuesta fue pensar qué sucede detrás de cada situación y generar herramientas para que los adultos puedan modificar aquellas prácticas que perjudican a los niños.
En este sentido, la educación y la psicoeducación aparecen como herramientas fundamentales: explicar, acompañar, enseñar cuáles son los límites y mostrar qué conductas pueden resultar perjudiciales.
La escuela y las instituciones cumplen un rol fundamental
La escuela ocupa un lugar privilegiado para detectar determinadas situaciones porque es uno de los espacios donde los niños concurren de manera habitual.
Pero no es el único ámbito. También pueden intervenir clubes, centros de salud, organismos estatales y otras instituciones que forman parte de la vida cotidiana de niños y adolescentes.
La conversación también remarcó la importancia de que quienes detectan situaciones de posible negligencia actúen de acuerdo con los mecanismos institucionales correspondientes.
El objetivo de una denuncia debe ser proteger al niño o adolescente, no generar una persecución contra una familia.
En ese punto se destacó además la necesidad de preservar a quienes realizan las denuncias, especialmente en comunidades pequeñas, donde la pérdida de confidencialidad puede generar temor y desalentar futuras intervenciones.
Pedir ayuda también es una forma de cuidar
¿Qué puede hacer un adulto que reconoce que algo no está funcionando bien en su hogar?
La primera respuesta es pedir ayuda.
Si existen situaciones de violencia, problemas de consumo, dificultades de salud mental, conflictos familiares o imposibilidad de garantizar determinados cuidados, es necesario buscar acompañamiento.
Una de las recomendaciones planteadas durante el programa fue proteger a los niños de las situaciones de conflicto. Por ejemplo, si una pareja debe discutir un tema delicado, evitar hacerlo delante de los chicos y procurar que ellos permanezcan en un espacio seguro.
También se mencionó la posibilidad de recurrir a organismos e instituciones locales destinados a acompañar a niños, adolescentes y familias.
Una responsabilidad que atraviesa a toda la sociedad
La crianza no ocurre en soledad. Familias, escuelas, clubes, profesionales, organismos públicos y la comunidad en general forman parte de una red que puede contribuir a detectar y prevenir situaciones de vulnerabilidad.
Por eso, el desafío no es solamente señalar aquello que está mal, sino también construir herramientas para que las familias puedan hacerlo de otra manera.
Acompañar no significa quitar responsabilidad a los adultos. Significa comprender que, en determinados casos, detrás de una conducta negligente puede existir una historia personal marcada por la falta de cuidados, problemas de salud, aislamiento, consumo, violencia o ausencia de redes familiares.
Educar, prevenir y cuidar
La conclusión de la charla fue una invitación a mirar hacia adentro y revisar las propias prácticas de crianza.
Cuidar a niños y adolescentes implica garantizar alimentación, educación, salud, límites, afecto, protección y vínculos seguros. También significa reconocer cuándo una situación supera las posibilidades de una familia y saber pedir ayuda.
Desde “Escuela para Padres”, Sofía Guaragna planteó así una reflexión que excede a las familias y alcanza a toda la comunidad: la protección de la infancia es una responsabilidad colectiva.
La propuesta, una vez más, es educar, explicar, acompañar y actuar antes de que las situaciones se agraven.
Escuela para Padres continúa todos los martes a las 9 por Despertate, a través de Cadena Nueve, Máxima 89.9 y Visio Plus TV.
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