El pasado viernes 25 de septiembre, un reconocido bar de la ciudad, ubicado sobre avenida Aita, fue escenario de una noche muy especial, donde la música se convirtió en punto de encuentro entre profesionales, estudiantes y jóvenes talentos.
El evento, organizado por el profesor Sergio “Chivoculebrón” Di Mario, reunió a músicos profesionales y estudiantes avanzados de guitarra, teclados, canto y batería, en una propuesta que permitió compartir el resultado de días de ensayos, aprendizaje y dedicación.
La noche comenzó con un destacado trío de guitarras integrado por Marcos Galvani, de 9 de Julio; Sergio “Chivoculebrón” Di Mario, de Buenos Aires; y Guido Cenzano, de Saladillo. Los músicos interpretaron tres temas de rock y folklore, dando el puntapié inicial a una velada cargada de música.
Luego llegó el turno de los invitados y estudiantes avanzados. En guitarra se presentó Cristian Guazzaroni, quien compartió escenario junto a Marcos Galvani y Guido Cenzano. A ellos se sumaron las excelentes voces de los jóvenes Leonardo Amaya y Renzo Puebla, en un repertorio que recorrió distintos clásicos del rock nacional y latinoamericano.
Uno de los momentos que más llamó la atención fue la participación de Pedro Guazzaroni, de apenas 8 años, quien se lució con su batería eléctrica, acompañando las interpretaciones con sus bases musicales y sus característicos platillos explosivos. Su entusiasmo y desenvoltura sobre el escenario despertaron el reconocimiento de todos los presentes.
Pero todavía quedaba una sorpresa para el final.
Como verdadera “frutilla del postre”, llegó el turno de cuatro pequeños músicos, de entre 7 y 10 años, que se animaron a subir al escenario para compartir voces y teclados: Benito Gómez, Joaquín Fernández y Dante Dellarea, junto a Pedro Guazzaroni en batería y el profesor Di Mario en guitarra.
El grupo interpretó tres canciones emblemáticas del rock nacional: “Mil Horas”, de Los Abuelos de la Nada; “Por Mil Noches”, de Airbag; y, para cerrar, nada más y nada menos que “De Música Ligera”, de Soda Stereo.
El cierre fue uno de los momentos más emotivos de la noche. Con el local gastronómico colmado de asistentes, la presentación de los pequeños músicos recibió una ovación total, coronando una jornada en la que quedó demostrado que la música no entiende de edades y que el escenario también puede ser un espacio de aprendizaje, crecimiento y encuentro.
Este tipo de eventos culturales tiene un enorme valor: permite que la música acompañe los primeros pasos de quienes están aprendiendo, mientras profesionales y docentes brindan un espacio para que nuevos talentos puedan mostrarse, compartir y ganar experiencia.
Detrás de cada presentación hay horas de ensayo, rutinas, esfuerzo y compromiso. Hay chicos y jóvenes que encuentran en la música una manera de expresarse, aprender y evolucionar, alejándose por un momento de las pantallas para encontrarse con otros, con un instrumento, con una canción y con la experiencia única de compartir un escenario.
Una noche que dejó música, emoción y, sobre todo, la certeza de que hay mucho talento por seguir descubriendo.
¡Por muchas más noches como esta, donde la música sea protagonista y los nuevos talentos tengan siempre un escenario para crecer!




