
Cada tercer domingo de agosto, el Día del Niño se presenta como una oportunidad para celebrar a las infancias, pero también para reflexionar sobre el compromiso que tenemos como sociedad con quienes están atravesando una de las etapas más importantes de la vida. En Argentina, la fecha es conocida actualmente como Día del Niño, una denominación que busca reconocer la diversidad de experiencias y realidades que atraviesan los niños y niñas.
En los tiempos que vivimos, criar y acompañar a un niño representa un desafío permanente. La presencia de las pantallas, el acceso temprano a las redes sociales, los cambios en las formas de vincularnos y las dificultades económicas y sociales hacen necesario recuperar una mirada integral sobre la infancia.
Los niños necesitan afecto, tiempo compartido, escucha y seguridad. Pero también necesitan adultos que puedan acompañarlos en el aprendizaje de aquello que está bien y aquello que no, estableciendo límites claros y coherentes con su edad y su etapa de desarrollo.
Poner límites no significa castigar ni ejercer violencia. Significa enseñar. Un niño pequeño necesita reglas sencillas y concretas; a medida que crece, puede comprender progresivamente las razones detrás de esas normas, asumir responsabilidades y participar en determinados acuerdos familiares. La enseñanza debe acompañar el crecimiento, sin exigirle a un niño comportamientos propios de un adulto.
La familia, la escuela y la comunidad cumplen un papel fundamental en este proceso. Educar implica transmitir valores, enseñar a respetar a los demás, aprender a tolerar la frustración, asumir responsabilidades y comprender que toda acción tiene consecuencias. También significa permitir que los chicos jueguen, se equivoquen, pregunten y puedan expresar sus emociones.
En una sociedad donde muchas veces se intenta resolver rápidamente las necesidades de los niños mediante objetos, dispositivos electrónicos o consumo, vale recordar que ningún regalo reemplaza la presencia de un adulto disponible. Un juguete puede generar alegría, pero compartir un momento, leer un cuento, salir a jugar, conversar o simplemente escuchar también son formas profundas de acompañar una infancia saludable.
La tecnología forma parte de la vida cotidiana y no se trata de negarla, sino de enseñar a utilizarla de manera responsable. El acompañamiento adulto resulta fundamental para establecer tiempos adecuados de pantalla, conocer qué contenidos consumen los niños y protegerlos de situaciones que no corresponden a su edad.
También es necesario recordar que cada infancia tiene sus propios tiempos. Comparar permanentemente a un niño con otro puede generar frustración y presiones innecesarias. Acompañar significa observar sus necesidades, respetar sus procesos y ofrecer herramientas para que pueda desarrollar progresivamente su autonomía.
El desarrollo pleno de la niñez no depende solamente de garantizar alimentación, educación y salud, aunque estos derechos son fundamentales. También requiere afecto, protección, recreación, vínculos seguros y oportunidades para aprender y participar. Un niño que se siente escuchado y valorado tiene mejores herramientas para construir su autoestima y relacionarse con los demás.
Por eso, este Día del Niño puede ser mucho más que una fecha de regalos. Puede convertirse en una oportunidad para que los adultos revisemos nuestras propias prácticas y nos preguntemos qué infancia estamos ayudando a construir.
En tiempos donde todo parece suceder cada vez más rápido, acompañar a un niño también implica saber esperar. Enseñar, explicar, poner límites, sostenerlos con paciencia y reconocer los logros cotidianos son pequeñas acciones que dejan grandes huellas.
Desde Cadena Nueve, la fecha invita a mirar a la infancia desde el compromiso colectivo: protegerlas, escucharlas y brindarles las condiciones necesarias para crecer, aprender y desarrollarse plenamente. Porque garantizar una buena infancia no es solamente una responsabilidad familiar: es una tarea de toda la sociedad y una inversión en el futuro de nuestra comunidad.


