lunes, junio 24, 2024
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El hombre nace bueno y la sociedad lo corrompe: Un debate centenario sobre la naturaleza humana

Escribe para Cadena Nueve, Ramiro Parra

Está latente en la sociedad una vieja discusión sobre el rol del Estado en las organizaciones humanas. El concepto de Estado es moderno en relación a la antigüedad que tiene la manera en que el hombre se ha ido organizando y superando conflictos.

La reflexión sobre si el ser humano nace bueno o malo por naturaleza y ese debate que no ha concluido ya que es un tema de discusión prolongada en la filosofía y la psicología. Esta disputa se remonta a pensadores como Jean-Jacques Rousseau y Thomas Hobbes, quienes presentaron posturas opuestas al respecto.

Rousseau propuso la idea del “buen salvaje”, sugiriendo que los seres humanos nacen intrínsecamente buenos, pero que la sociedad y la cultura los corrompen con el tiempo. Por otro lado, Hobbes argumentó que los humanos son inherentemente egoístas y crueles, y que la sociedad civilizada es necesaria para evitar el caos y la violencia.

La influencia de la sociedad en la formación de la moralidad es innegable. Desde temprana edad, se nos enseña cómo comportarnos según las normas y valores de nuestra cultura. Sin embargo, la pregunta persiste: ¿qué seríamos sin estas influencias sociales? ¿Naturalmente buenos o naturalmente malos?

El autor también plantea el ejemplo de su perro, cuyo comportamiento no puede clasificarse como bueno o malo en el sentido moral, ya que carece de las estructuras sociales y cognitivas para entender esas categorías. Esto sugiere que la moralidad es una construcción social y no una propiedad natural de los seres vivos.

Además, se menciona la influencia de la antropología judeocristiana en la concepción de la naturaleza humana como inherentemente buena o mala. Según esta perspectiva religiosa, los seres humanos son creados a imagen y semejanza de Dios, lo que puede llevar a la creencia de que son inherentemente buenos pero también susceptibles al pecado.

En última instancia, el debate sobre la naturaleza humana sigue siendo un tema abierto, con diferentes teorías y argumentos que se enfrentan. Independientemente de la postura que se adopte, es evidente que tanto la naturaleza como la sociedad influyen en nuestras acciones y comportamientos. Y esa discusión se refleja en la importancia o no que se le da al Estado como ordenador de conductas en la sociedad y de contención de las necesidades de las organizaciones humanas.

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