jueves, diciembre 2, 2021

Orgullo de un nombre que refiere a la Declaración de la Independencia

Nueve de Julio cumple 158 años de crecimiento constante desde su fundación el 27 de octubre de 1.863 y convoca a los desafíos de proyectar su desarrollo mirando el bicentenario

Foto: Luis Burgueño

Fiel a una premisa de vida que recuerda a cada persona ‘que crecer no significa cumplir años’, Nueve de Julio es una ciudad bonaerense de la rica pampa humedad, con uno de los climas más favorecidos del planeta para una amplia gama de cultivos, ya sean para la producción de alimentos, como de forestación o parquización; y de cría de distintos tipos de animales, para reproducción, trabajo, consumo y demás, al igual que pájaros y aves.

El ejemplo más concreto es que antes de dos años de ese mojón de fundación se habían construido 165 viviendas, las cuales en su mayoría fueron a partir de mayo de 1864, después que el 12 de febrero de ese año, por decreto del gobernador Mariano Saavedra se dispuso la fundación del pueblo con el nombre de Nueve de Julio, en honor a la fecha patria, que le había impuesto Vedia y se designa al agrimensor Miguel Vaschetti para demarcar la traza y a Vedia para distribuir solares, quintas y chacras.

Esa muestra un camino de pujanza.

El convecino Roberto Castro, ha referido constantemente al hacer mención a sus orígenes antropológicos, que los hallazgos de material lítico como rederas, raspadores, hacha de mano e instrumentos de corte realizados en superficie, dan la pauta de asentamientos primitivos temporarios en la zona. El Director del Museo y Archivo Histórico ‘Julio de Vedia’, en su carácter de historiador ha hecho mención a bandas nómadas de cazadores recolectores que eligieron la zona instalándose sobre las riberas lacustres el tiempo necesario para proveerse de alimentos.

Estos habitantes prehistóricos serían los antecesores de los tehuelches -‘gente brava’ en idioma mapuche- septentrionales históricos, describiendo – sin proponérselo – de las bondades de la tierra de la región.

Y en ese contexto, cuando Julio de Vedia eligió el lugar para fundar el paraje, más allá de las razones políticas del momento, observó que su tierra podía dar beneficios.

Y es así cuando se decide desde la última línea de frontera – ubicada en Bragado – avanzar hacia el oeste, el entonces coronel Julio de Vedia fundó en el paraje conocido como Cla Lauquen -del idioma mapuche cla: ‘tres’ lafquen: ‘laguna’ – lo que sería la ciudad de Nueve de Julio. El suceso trascendente fue el martes 27 de octubre de 1863.

Y el campamento se estableció al oeste de la laguna central conocida posteriormente como Malcorra, actualmente en el parque General San Martín.

Y ahí empezó a escribirse la historia hasta nuestros días, al cumplir 158 años de aquel suceso.

Y ese avance progresivo, llevó a que el 19 de julio de 1865 fue creado por ley el partido de Nueve de Julio y por decreto del 20 de diciembre fue nombrado el primer juez de paz, instalando el juzgado a principios del año siguiente.

Y más tarde, sin la comunicación contemporánea, el 18 de febrero de 1866 se elige la primera corporación municipal y el 1 de enero de 1886 se constituye la primera municipalidad, con el Dr. Tomas D. West (primer médico de Nueve de Julio) como intendente municipal y Alejandro Muzio como presidente de su Concejo Deliberante. Todo ello, se estableció en el solar donde hoy se encuentra la primera radio y única radio en Amplitud Modulada LT33 AM 1560 y su estación complementaria – también pionera- Estación Máxima en Frecuencia Modulada 89.9, hoy con la impronta de Cadena Nueve.

Luego, en 1867 se coloca la piedra fundamental de la capilla, siendo terminadas las obras de su construcción en septiembre de ese mismo año, pero no pudo ser habilitada pues aún no había sido nombrado el párroco. En julio de 1868 la capellanía para el partido fue erigida bajo la advocación de Santo Domingo de Guzmán y el 4 de agosto de 1868 se inauguró el templo. El 30 de noviembre de 1869 fue aprobada la traza del pueblo. En 1892 el templo fue demolido para construir el actual. Por ley del 10 de enero de 1908 la ciudad en desarrollo fue declarado ciudad y cabecera de partido.

Y ese contexto de avance Nueve de Julio fue centro de aprovisionamiento de fortines vecinos, al aumentar la población y el partido se transformó en cabecera de una de las zonas comerciales más importantes de la provincia.

En 1881, según el censo provincial, se cultivaban en el partido 8.710 hectáreas y existían 534.700 cabezas de lanares, 126.134 de vacunos, 58.034 de yeguarizos y 6.757 de porcinos.

En 1882 la línea del Ferrocarril Oeste que llegaba a Bragado se prolongó hasta Nueve de Julio, inaugurándose el 25 de noviembre de 1883. En 1885 se crea la sucursal del Banco Provincia de Buenos Aires. Y así fue creciendo en servicios y población. También en centros educativos, de salud, y nacieron las instituciones que dan fuerza y pujanza y cubren necesidades de toda naturaleza para el desarrollo de una sociedad.

Nueve de Julio, nos referimos a todo el distrito, tiene 4,230 km² lo que significa 423.000 ha, de las cuales casi 400.000 son de producción agrícola con cultivos como soja, trigo, maíz, girasol, y otras similares, por citar algunas y el reto para cría de ganadera, porcinos, poco lanar o caprinos, entre otras varias para la alimentación cárnica.

Este pantallazo, convoca a los nuevejuliense, en este aniversario, a una planificación cierta y concreta de su futuro mirando los 200 aniversarios, con grandeza y proyección de nuevas generaciones. Los hombres y mujeres de la políticas e instituciones, y todos los de buena fe, tienen posibilidades para pensarlo.

Cuando un país, declara su independencia, refiere a que busca un mejor porvenir y está dispuesto a grandes desafíos para honrar esa decisión de autodeterminación de lo que proyecta.

El nombre inspira aquel suceso del 9 de Julio de 1816.

Repensar su futuro, es el mejor regalo de cumpleaños!

 

 

 

Leyenda de las tres lagunas

Dos hermanos, hijos de un poderoso cacique araucano de la región, se habían enamorado de una misma joven cuya hermosura era ponderada en forma que igualaba a Pirepilffin, la deidad hechicera de las nieves andinas. La cándida niña, que todavía no alcanzaba a comprender lo que era amor, jugaba con el cariño de los mozos igual que el pichi thapial (cachorro de león) juega con la presa que luego ha de devorar. No entendía la joven que con ese peligroso juego exacerbar cada día más la pasión salvaje que por ella sentían los hermanos. Con respuestas oportunas contestaba los requerimientos amorosos de los apuestos mancebos. «Soy joven ―les decía―. No me hablen de amores porque todavía no he pensado en ello. Quiero por un tiempo más ser libre como las aves que surcan el infinito cielo. Déjenme en libertad para divertirme, que hay tiempo para amar». Y con delicados gestos, los despedía con las esperanzas.

Por esa época había llegado desde el lejano país de allende el mar, unos hombres blancos que desde el primer momento se mostraron malos e insaciables, los que no contentos con arrebatarles las mejores tierras, trataban ahora de extender sus dominios en forma que los indios no les quedarían más que los ojos para llorar sus desventuras. Ante amenaza tan tremenda, los gobiernos de las naciones habían decidido la guerra a muerte contra ese invasor. Esta no sería una de las tantas guerrillas a las que estaban acostumbrados, sino que era una guerra grande y contra un enemigo poderoso y valiente en la que muchos indios morirían; y fue por ello que los hermanos redoblaron exigentes una decisión terminante de la doncella, antes de partir para esa expedición de donde probablemente no regresarían.

«Los amo a los dos por igual, pero con el amor de hermanos. Y los quiero de igual forma que quiero a mis padres. ¿Pueden figurarse que entregaría mi corazón a alguno de ustedes, mis valientes hermanos, truncando las esperanzas del no elegido? Sigamos viviendo el sueño de una dicha imposible hasta que nuestros dioses decidan sobre nuestros destinos», terminó diciendo y presurosa se refugió en su tienda como si un temor supersticioso invadiese su corazón. Profundamente consternados, los hermanos quedaron parados frente a frente. Sus centelleantes miradas se encontraron y el pensar fue el mismo. Dirimirán en singular combate la posesión de la prenda de sus afanes. El que quedara con vida la haría suya. Llegó la noche, en el campamento todos dormían, el silencio era únicamente interrumpido por el graznido chillón de la lechuza fatídica que parecía agorar la tragedia que se avecinaba.

Empuñando sus temibles lanzas, los hermanos montaron en sus corceles de guerra y sigilosamente se alejaron del lugar hasta llegar al pie de un médano solitario, en donde después de darse un fraternal abrazo, como señal de que ni el odio ni el rencor animaban sus acciones, se aprestaron para luchar hasta la muerte por el amor de una mujer que no podía ser de los dos. Largo fue el combate, pues los hermanos eran aguerridos y valientes; hasta que cubiertos de múltiples heridas, se separaron alejados por sus montas, para caer finalmente muertos en diferentes sitios.

Al amanecer llegaron a los toldos de sus dueños los caballos de los hermanos con las monturas tintas de sangre como señal de que algo grave había ocurrido. Presintiendo la tragedia, la doncella corrió por el campo hasta dar con los cadáveres de sus pretendientes. Loca de desesperación y de espanto, empezó a vagar por la llanura hasta caer muerta de pena y de dolor. El viento empezó a socavar la tierra que servía de lecho de los cadáveres, formándose un pequeño pozo donde se hizo un charquito con la primera lluvia, el que se fue agrandando con las subsiguientes, hasta convertirse en las tres lagunas que conocemos, las que son para los araucanos (mapuches) símbolos de amor, sacrificio y hermandad hasta más allá de la muerte. Y es por eso que cuando pasaban por el lugar, jamás dejaban de beber agua en alguna de ellas.

Bandera de Nueve de Julio.

En un solo campo de azul intenso, se representa la inmensidad de nuestro cielo. Se representa al Sol, como un hecho creador. El sable corvo representa al coronel Julio de Vedia, en su participación en la fundación. Las 24 estrellas, representan la hermandad entre los 24 pueblos del distrito, circundando el año de su nacimiento. Las tres lagunas, representan el origen del Cla Lauquen primitivo. La espiga de trigo, representa nuestra principal riqueza agrícola, y la rueda a nuestra industria. Finalmente, el laurel ―símbolo de gloria― reconoce a aquellos que cimentaron el hoy pujante y laborioso partido de Nueve de Julio.

 

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