viernes, octubre 22, 2021

Hace 38 años, María se presentaba como la Virgen del Rosario de San Nicolás

El 25 de septiembre de 1983, se le presentó a una vecina de es ciudad bonaerense, cuando rezaba con un rosario entre sus manos

Argentina celebra hoy el 38° aniversario de la Virgen del Rosario de San Nicolás, devoción que tiene su epicentro en el santuario erigido a la orilla del río en la población bonaerense de San Nicolás de los Arroyos.

Se trata de una advocación mariana surgida el 25 de septiembre de 1983, cuando la vecina Gladys Quiroga de Motta rezaba en su habitación de su casa en San Nicolás, con un rosario entre sus manos y se le apareció la virgen.

Según su relato, la Virgen le dijo: “cerca tuyo quiero estar, el agua es una bendición. Soy la patrona de este lugar y me harán un santuario. Cumplid mi palabra”, y con el transcurrir de los años se levantó el enorme templo a 50 metros de su casa, en el terreno denominado “El campito” donde se daban cita los fieles.

El rezo del santo rosario fue una de las devociones que se propagaron desde San Nicolás y la imagen de la Virgen de María del Rosario de San Nicolás fue bendecida en Roma en 1884 por el papa León XIII, mientras el rosario que porta recibió la bendición de Juan Pablo II.

Desde 1983, multitudes de peregrinos del país y de naciones vecinas se dan cita cada 25 de septiembre en el santuario para honrar a la Virgen de San Nicolás.

Ante la pandemia, la peregrinaciones se limitaron y este año, con extremos cuidados la presencialidad estará limitada.

Oración

Santa María, Madre nuestra que en cada misterio del Santo Rosario
nos brindas al Salvador, acudimos a Tí necesitados,
nos alegramos que desde la cruz del Señor te haya encomendado
la misión de acercarnos a Él y a su Iglesia por la conversión y la penitencia.

Alentados por la confianza que nos inspiras, ponemos en tus manos maternales
nuestras preocupaciones y temores, pero deseamos imitar tu fidelidad a Dios
aceptando con amor y humildad todas las pruebas.

¡Madre nuestra del Rosario de San Nicolás!,
que tu presencia renueve nuestra vida, alivie nuestro ser agobiado
por el sufrimiento y la enfermedad, sostenga nuestra docilidad a la gracia
y fortalezca nuestro amor a los demás, convirtiéndolos así en testigos del amor del Padre
que no vaciló por tu intermedio, en darnos a Jesús. Amén

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