martes, octubre 19, 2021

Hace 100 años nacía en Nueve de Julio Eduardo Francisco Pironio

Fue el 3 de diciembre de 1920, su vida, regalo milagroso, va camino de la Beatificación

Eduardo Francisco Pironio nació en la ciudad bonaerense de Nueve de Julio, el 3 de diciembre de 1920, mucho antes a que se instituyera el día del médico. Viene a cuenta porque fue un galeno el que le dijo a su madre, tras su primer parto,  que de tener más hijos, su vida estaba en peligro.

Giuseppe Pironio y Enrica Rosa Buttazzoni, ya casados arribaron a la Argentina provenientes de la región de Friuli en 1898. Eran los años de una fuerte corriente migratoria. Nuestro país abría las puertas al mundo en busca de jóvenes que necesitaba trabajo. Europa, y sobre todo las regiones montañosas, pasaban momentos muy duros. En ese contexto arriba esta parejita de recién casados.

Pero es el propio Eduardo Pironio quien pone en contexto su llegada ‘milagrosa’ al mundo.

‘Si tuviera que hablar de mi vida, comenzaría con mi familia y, en particular, con mi madre, que fue una mujer sencilla pero de fe profunda’.

‘Yo soy el vigésimo segundo hijo, el último nacido, y tengo que reconocer que en esta historia hay algo de milagroso’.

‘Mis padres eran italianos. Cuando nació el primer hijo, mi madre tan sólo tenía 18 años y se enfermó gravemente. Durante seis meses estuvo en cama, sin poder moverse. Cuando se recuperó los médicos le dijeron que no podría tener más hijos pues, de lo contrario, su vida correría un grave riesgo.

‘Al no saber qué hacer, mi madre fue a consultar al obispo auxiliar de La Plata, quien la tranquilizó y celebró una misa pidiendo protección’.

‘Más tarde dio a luz a 21 hijos, yo soy el último. Pero lo mejor no acaba aquí, pues después fui nombrado obispo auxiliar de La Plata, precisamente en el cargo de aquél que había bendecido a mi madre. El día de mi ordenación episcopal el arzobispo me regaló la cruz pectoral de aquel obispo, sin saber la historia que había detrás. Cuando le revelé al arzobispo que debía la vida al propietario de aquella cruz, lloró’.

Los memoriosos de historias de radio recordarán que Cardenal Pironio contó en LT33 por entonces Radio 9 de Julio (hoy Cadena Nueve) que en oportunidad de una Fiesta Patronal, visitaba la ciudad de Nueve de Julio el Obispo de La Plata, por entonces, monseñor Francisco Alberti. Durante la celebración, y tomado de la mano de su madre, al pasar a su lado, le dijo ‘Quiero ser como ese señor’. Tenía 5 años. Cuando tenía 8 murió su papá, recordó.

Su vocación religiosa fue cultivada e incentivada por su madre.

A los 18 años ingresó al seminario San José de La Plata, de donde egresó 5 años después. Iba en la búsqueda de ‘ser como ese señor’.

Con 23 años, fue ordenado sacerdote en la Basílica de Nuestra Señora de Luján. Fue el 5 de diciembre de 1943, a dos días de haber cumplido esos años. La ceremonia estuvo a cargo del obispo de Mercedes, Monseñor Anunciado Serafini.

Y pasó a desempeñarse como docente en el Seminario Pío XII de Mercedes en la provincia de Buenos Aires. Por 15 años se dedicaría a la formación de futuros sacerdotes. Hacía el viaje Luján-Mercedes todas las semanas.

Entre 1953 y 1955 cursó la licenciatura en Teología en la Pontificia Universidad Santo Tomás de Aquino de Roma. Su Tesis versó acerca de «La Paternidad Divina en los escritos de Dom Columba Marmion».

A su retorno a la Argentina, continuó su trabajo como formador en los seminarios de Mercedes y de La Plata, hasta su nombramiento como vicario general.

El 8 de diciembre de 1958, Pironio fundó el Instituto Secular «Misioneras de Jesucristo Sacerdote» en la localidad de Mercedes (provincia de Buenos Aires), con la consagración de las tres primeras Misioneras.

A partir de 1960, fue rector y profesor del Seminario Metropolitano de Villa Devoto en la Arquidiócesis de Buenos Aires y, simultáneamente, fue miembro y decano de la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica Argentina, cargos que ocuparía hasta 1963 inclusive. En ese año se desempeñó como Visitador Apostólico a las universidades católicas de la Argentina. El papa Juan XXIII lo designó para participar en la segunda sesión del Concilio Vaticano II en calidad de perito.

El 24 de marzo de 1964 fue designado obispo titular de Ceciri y obispo auxiliar de la Arquidiócesis de La Plata.

​Fue consagrado obispo el 31 de mayo en la Basílica de Nuestra Señora de Luján. Pironio eligió como lema episcopal: «Cristo entre vosotros, la esperanza de la gloria». El tema de la esperanza estaría presente de forma continua en su predicación y en sus escritos. ‘Latinoamérica es el continente de la esperanza’, repetía en los años ’70 cuando estuvo a punto de ser ungido papa, en los cónclaves que dieron nacimiento a Juan Pablo I y Juan Pablo II.

Pironio participó en carácter de Padre conciliar en las sesiones tercera y cuarta del Concilio Vaticano II..

 Desarrollaría su ministerio como obispo auxiliar de La Plata durante tres años.

El 2 de diciembre de 1967, Jerónimo Podestá dejó su cargo como obispo de la diócesis de Avellaneda y se nombró a Pironio como Administrador Apostólico de esa diócesis hasta la designación del sucesor, Antonio Quarracino, el 3 de agosto de 1968.

Pironio también fue elegido Asesor Nacional de la Acción Católica Argentina, función que desempeñó durante tres años.

A todo esto, Pironio, como gran parte de la Iglesia latinoamericana, adhirió y desarrolló los principios de la teología de la liberación aparecida en Medellín, de la que fue uno de sus fundadores. Cultivó la Teología de la Liberación desde la Praxis Pastoral.

El 19 de abril de 1972, Eduardo Pironio fue designado obispo de la diócesis de Mar del Plata, y asumió el 26 de mayo.

Ese trabajo pastoral fue interpretado como una amenaza a movimientos políticos y de poder previos al modelo de la Junta Militar que asumió en marzo de 1976 y recibió amenazas de muerte. Fue así como en 1975 la Santa Sede decidió trasladarlo a Roma.

Cardenal Eduardo Pironio trabajó en la Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM) durante muchos años, primero como secretario general (1967-1972) y luego como presidente desde noviembre de 1972.

Esto lo puso en posición de oficiar de secretario general en la II Conferencia General del Episcopado Latinoamericano en Medellín (24 de agosto al 6 de setiembre de 1968), caracterizada por su enfático compromiso con los pobres y oprimidos de América latina.

Más tarde participó de la III y de la IV Conferencia, que tuvieron lugar en Puebla (1979), y en Santo Domingo (1992) respectivamente.

El 20 de septiembre de 1975 Pironio fue nombrado arzobispo titular de Thiges y pro prefecto de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica. El papa Pablo VI lo elevó al cardenalato en el consistorio del 24 de mayo de 1976.

Tres días más tarde, el 29 de mayo de 1976 sería designado prefecto de la misma congregación, donde permanecería hasta el 8 de abril de 1984. Desde allí catalizó los cambios que las diversas congregaciones e institutos de vida consagrada debieron realizar a la luz del Concilio Vaticano II. Pablo VI tuvo gran empatía con Pironio,​ e hizo de él su confesor personal.

En tanto, favoreció en la creación del Monasterio de San José de las Hermanas Carmelitas de Nueve de Julio, ubicado en Arturo Frondizi 1.821.

Al momento de su fallecimiento el 5 de febrero de 1998, el cardenal Pironio era miembro del Consejo de la Segunda Sección de la Secretaría de Estado de la Santa Sede, de la Congregación para las Iglesias Orientales, de la Congregación para las Causas de los Santos, de la Congregación para los Obispos, de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos, de la Congregación para la Educación Católica, del Pontificio Consejo para la Interpretación de los Textos Legislativos y de la Pontificia Comisión para América Latina.

Debido a su posición e influencia en la Santa Sede, a la orientación que brindó a varias Congregaciones de la Curia Romana, a su enorme prestigio ―tanto en la Santa Sede como en la Argentina―, a su labor con los jóvenes de todo el mundo (fue gran impulsor de las primeras versiones de la Jornada Mundial de la Juventud) y a su presunta proximidad a la sucesión de Pablo VI y Juan Pablo I, algunos medios lo consideraron al momento de su muerte «el eclesiástico argentino más encumbrado de la Historia».

Sus restos fueron repatriados a la Argentina y descansan en la Basílica de Nuestra Señora de Luján, junto al altar del Sagrado Corazón de Jesús.

Esta síntesis de su vida a llevado al Obispo de Nueve de Julio, monseñor Ariel Torrado Mosconi a decir que ‘La figura de Cardenal Pironio le da a Nueve de Julio dimensión universal y trascendental’.

Fue declarado por el Papa Benedicto XVI «siervo de Dios» el 23 de junio de 2006, iniciándose el proceso de su beatificación.

Desde 2008 se procedió a la investigación de la curación completa de un niño de 15 meses que habría salvado su vida sin secuela alguna, luego de una intoxicación con purpurina. El hecho fue en Mar del Plata, su madre le pidió por su hijo.

El proceso de beatificación del Cardenal Pironio fue impulsado en 2003, al cumplirse 5 años de su fallecimiento, por la Conferencia Episcopal Argentina durante su Asamblea Plenaria de noviembre donde además decidió constituirse como el actor principal de la misma.

En el mes de abril de 2005 la causa fue aceptada por el tribunal eclesiástico del Vicariato de Roma y se designó Postulador al Padre Giuseppe Tamburrino, monje benedictino y sacerdote de la Abadía de Praglia, Italia.

Dos meses después se emitió el Edicto para poner en conocimiento de la comunidad eclesial la solicitud de la causa y solicitar noticias sobre la fama de santidad del Siervo de Dios.

 

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