lunes, octubre 25, 2021

Convecinos nuevejulienses viven una experiencia única en dos ruedas

Se conocieron en el mundo de la docencia y hace dos años que en bicicleta recorrieron américa del Sur, han llegado a Costa Rica y aspiran arribar a México

«Somos Andrea Muñoz y Bruno Canevari, dos cicloviajeros argentinos, oriundos de la provincia de Buenos Aires. Ambos trabajamos en educación.

Bruno es profesor de Educación Física y Andrea es Psicopedagoga. Hace dos años renunciamos a nuestros empleos y decidimos comenzar nuestra aventura por América en dos ruedas.

Así se presentaron estos dos convecinos nuevejulienses, ante el Jornal de Costa Rica.

Bruno Canevari, observando a su padre, Rodolfo, haciendo perforaciones para agua, fue pensando la aventura. Tras conocer a Andrea Muñoz, maduraron la aventura, planificaron el viaje, consultaron amigos y comenzaron la travesía.

El viaje comenzó el 8 de agosto de 2018. Arrancamos en el norte de nuestro país, desde la provincia de Tucumán. Luego continuamos por Bolivia, Perú, Ecuador y Colombia. Cruzamos a Panamá por mar. Y actualmente Costa Rica, el sexto país que visitamos.

Nuestro sueño es unir América del Sur y América Central en bicicleta, teniendo como meta México. Es decir llegarán a América del Norte.

Todo se pensó en bicicleta. Tiene magia y otra manera de desplazamiento. En primer lugar porque la bicicleta es magia. Da muchísima libertad e independencia. Decidimos en cada ocasión nuestro avance. Nos da la posibilidad de ir conociendo todo a nuestro alrededor. Uno mismo es el que marca el ritmo y el tiempo, lo que hace que todo sea muy dinámico, expresaron al medio de Costa Rica.

‘Ambos somos dos personas muy inquietas y curiosas, y nos gusta desafiarnos, y la bici nos conquista por completo’, añadieron.

El motor de las naves somos nosotros mismos, en cuerpo y mente. Desde el comienzo del viaje, de cada día de esta aventura, a medida que avanzamos todo está en acción. Todo se fortalecer. Cada vuelta del pedal es un paso más que da nuestro sueño y vivimos a pleno cada instante de él.

La Pantera y Mística. Así se llaman. Uno pasa tanto tiempo con y sobre ellas que se tranforman en parte de nosotros, son nuestras piernas, andamos a través de ellas.

Las ‘cletas’ han ido mutando, al igual que nosotros, a lo largo de este viaje. Ellas no solo nos llevan a nosotros, sino también a nuestras cosas. Cargamos entre 30 y 40 kilos y llevamos lo esencial para poder estar en cualquier lugar.

¿Esto de lo esencial fue un gran aprendizaje’, reflexionan como convocando, en tiempos de pandemia a pensar que la vida se nutre de lo esencial y hay que cargar mochilas ajenas.

Dos ollas, un sarten, carpa, suping, dos o tres mudas de ropa, algunos litros de agua, comida y herramientas, ya que nosotros somos los mecánicos de las bicicletas.

Hoy, a dos años de haber salido, nuestra casa es Costa Rica. San Marcos de Tarrazú para ser más específicos.

La pendamia nos sorprendió, como a todos, y nos vimos obligados a frenar por un tiempo, y a pesar de que fue desesperante en algún momento, actualmente encontramos la manera de seguir en movimiento.

Decidimos deleitar a nuestros hermanos ticos con alfajores y empanadas argentinas, que por dicha les ha gustado y se han animado a probar.

Hace algunas semanas salimos todas la mañanas por diferentes zonas de Los Santos a ofrecerlos. Eso nos permite pedalear, gastar energía, conocer nuevos lugares y sostenernos económicamente, mientras esperamos la reapertura de fronteras y continuar con la aventura.

Estamos muy agradecidos a su país y a su gente por recibirnos y cobijarnos durante este tiempo. Hemos recibido muchísimo cariño y apoyo de las personas.

Costa Rica es un país rico en muchos sentidos, pero el tico, las personas de aquí, lo hacen aun mejor. Gracias por compartirlo.

‘Dentro de unos años, cuando lo de la pandemia sea historia. También lo será este país para nosotros’, reflexionaron al Jornal.

 

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