viernes, julio 23, 2021

Hace 242 años había nacido Mariano Moreno impulsor de la Biblioteca Nacional

El Secretario de la Primera Junta y quien fundara la Gaceta había nacido el 23 de septiembre 1778

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Mariano Moreno, nacido en Buenos Aires el 23 de septiembre de 1778,  fue uno de los principales ideólogos e impulsores de la Revolución de Mayo, que tuvo una importante actuación como uno de los dos secretarios de la Primera Junta, resultante de la misma.

Además, entendió que se debía dar difusión de las decisiones del primer gobierno patrio y fundó La Gazeta el 7 de junio, casi al mes de la Revolución.

Como secretario era un impulsor del accionar del gobierno y en ese sentido fue redactando los puntos sobre los cuales se debía construir el país, libre de España y de toda dominación extranjera.

En ese sentido redactó el llamado Plan de operaciones —textualmente Plano que manifiesta el método de las operaciones que el nuevo gobierno Provisional de las Provincias Unidas del Río de la Plata debe poner en práctica hasta consolidar el grande sistema de la obra de nuestra libertad e independencia— es un extenso documento que fue hallado por Eduardo Madero en el Archivo General de Indias, entre los años 1886 y 1887. Se trató de una copia de una copia del original, “firmado” por Mariano Moreno el 30 de agosto de 1810.

Consta de un exordio y nueve artículos, y contiene instrucciones de política exterior e interior, medidas militares, económicas y métodos para alcanzar objetivos tácticos y estratégicos. Tiene un apéndice, también copia de una copia del original, que contiene cinco actas o resoluciones en las que constan los pasos previos que dio la Junta de Buenos Aires para la elaboración del Plan, a pocos meses de su constitución.

Mariano Moreno tenía, una sólida formación. Era el mayor de 14 hermanos.

Cursó sus estudios primarios en la escuela del Rey y secundarios en el Real Colegio de San Carlos.​ Uno de sus profesores fue Mariano Medrano, que le extendió un elogioso certificado de estudios, mientras que fray Cayetano José Rodríguez vio la vocación de Moreno por el estudio y se transformó en su protector.

A tal efecto le dio acceso a la biblioteca del convento de San Francisco y lo puso en contacto con Felipe de Iriarte, sacerdote del Alto Perú, de visita ocasional en Buenos Aires, quien sugirió que debía continuar sus estudios universitarios en Chuquisaca, a cuyo efecto le ofreció la protección del arzobispo de Chuquisaca, fray José Antonio de San Alberto, y una “mesada” o mensualidad para que pudiera pagar sus gastos en esa ciudad. Los padres, con gran esfuerzo, le costearon el viaje.

Después de un largo y penoso viaje de dos meses y medio de duración, Moreno llegó a Chuquisaca en 1800, tenía entonces 22 años, y se incorporó a la Universidad Mayor de Chuquisaca y a la Real Academia Carolina de Practicantes Juristas de Charcas.

La Academia Carolina era una institución parauniversitaria, de asistencia obligatoria y cuyos objetivos eran dar a los alumnos conocimientos útiles sobre las leyes generales del Reino y municipales.

El método utilizado era ir a las fuentes y no a los “comentarios” que se hacían de ellas y realizar prácticas de “casos” donde los alumnos desempeñaban distintas funciones que los familiarizaban con los diversos aspectos forenses y procesales.

Según consta en un certificado expedido en octubre de 1804, mientras Moreno cursaba sus prácticas en la Academia Carolina, fue distinguido, por sus “destacados méritos”, como Celador Fiscal de esa institución. La función del cargo consistía en velar por el cumplimiento de las resoluciones del presidente, examinar la documentación requerida para el ingreso que presentaban los aspirantes, firmar los gastos que rendía el tesorero, hacer de maestro de ceremonias en los actos oficiales y tomar asiento al lado del presidente de la Academia.

Allí leyó también a los teóricos de la Ilustración europea: Montesquieu, Voltaire, Diderot y Rousseau, que ejercieron gran influencia en su pensamiento ideológico. Para comprender a estos autores en su lengua original estudió el idioma inglés y el francés, y tradujo algunas de sus obras. La traducción de El contrato social de Rousseau le llevó varios años y la editó recién en 1810 en la Gazeta de Buenos Ayres, con un prólogo de su autoría:

Si los pueblos no se ilustran, si no se vulgarizan sus derechos, si cada hombre no conoce lo que vale, lo que puede y lo que se le debe, nuevas ilusiones sucederán a las antiguas, y después de vacilar algún tiempo entre mil incertidumbres, será tal vez nuestra suerte mudar de tiranos sin destruir la tiranía.

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