El hábito que hay que cambiar

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En el día mundial del ambiente, y luego de casi 17 años de la promulgación de la Ley Nacional de gestión de residuos domiciliarios, la sociedad aun no ha realizado los cambios de hábitos sostenibles, ni la mayoría de las ciudades ha adaptado infraestructura ni las políticas necesarias para erradicar los basurales a cielo abierto.

El hábito de  separar residuos, es posible solo con educación ambiental o ¿debemos ser más rígidos en su cumplimiento?

Se dice que un hábito es el resultado de una acción que repetimos frecuentemente de forma automática. Si nos fijamos, en nuestro día a día repetimos muchos hábitos, (vestirnos, cerrar con llave la puerta, etc)

Esas acciones rutinarias a las que llamamos hábitos y que realizamos muchas veces de modo automático, fueron incorporadas previamente mediante la educación, normas o costumbres que nos fueros transmitiendo nuestras anteriores generaciones.-

Hace 25 siglos Aristóteles, dijo: “SOMOS SERES DE HÁBITOS”. Pero el hábito puede ser modificado. Para lograr transformarlo o extinguirlo, se requiere que la persona no solamente tenga conciencia de la necesidad de modificarlo, sino que de manera repetitiva ejecute la conducta alternativa para modificarlo o eliminarlo. Para cambiar un hábito se necesita intención de querer hacerlo. Puede ser por deseo o por obligación, (comenzar con la separación selectiva de residuos en nuestros domicilios).

Ahora bien, cursándose la tremenda pandemia por el covid 19 y viéndose afectada LA SALUD de toda la población, el gobierno, por un lado, pretendió educar a la sociedad con excesiva información por redes sociales y medios de comunicación, pero sabiendo de antemano que; para lograr los resultados esperados, no podía dejar margen a lo discrecional,  obligándonos a adoptar nuevos hábitos (uso de barbijos, desinfectar lugares públicos, mantener la distancia social, etc), y probado esta, que funciono.

Análogamente y en lo que respecta a nuestra relación con los residuos domiciliarios que generamos día a día y las repercusiones en la salud que trae aparejada la persistente contaminación del ambiente, ¿es posible?, apelando únicamente a la educación y leves sanciones, dejar en manos de los ciudadanos el cumplimiento de las normas? Claramente, no!

Nuestra Ley General de Ambiente 25.675, promulgada en el año 2002, establece los presupuestos mínimos para el logro de una gestión sustentable y adecuada del ambiente…” y por otro lado, en su articulo 14 manda: La educación ambiental constituye el instrumento básico para generar en los ciudadanos, valores, comportamientos y actitudes que sean acordes con un ambiente equilibrado, propendan a la preservación de los recursos naturales y su utilización sostenible, y mejoren la calidad de vida de la población..

Luego en el año 2004, fue promulgada parcialmente la Ley Nacional de Gestión de Residuos Domiciliarios nro 25.916 , en sintonía con la Ley General de Ambiente y nuestra Constitución Nacional, la cual, si bien establece sanciones y multas, 16 años después de su promulgación, los desalentadores resultados actuales, su falta de adecuación en la mayoría de las ciudades argentinas, nos obliga a tomar el toro por las astas y confirma el dicho que “somos hijos del rigor”, con educación ambiental no fue suficiente el cambio de hábitos que necesitamos para lograr un ambiente equilibrado, sumado a la escasa infraestructura (salvo excepciones de algunos municipios del país) se incumplen las normas ambientales.

El tiempo de adaptación se terminó, nuevos desafíos nos esperan, tenemos que hacernos cargo del daño que hemos ocasionado a nuestro medio ambiente y repararlo con acciones concretas será nuestra meta, dejemos de contaminar, separemos residuos en origen, reciclemos.  exijamos que cada ciudad erradique los basurales a cielo abierto en beneficio de nuestra salud y de las futuras generaciones.

*Profesor de Derecho Ambiental: Universidad Tecnológica Nacional