miércoles, diciembre 1, 2021

Un Crucifijo con alto sentido sanador y salvador de la humanidad

Se trata de la imagen de Cristo en la cruz frente a la cual Francisco brindó una bendición e indulgencia plenaria al mundo por la pandemia de coronavirus que lo azota

Por primera vez en la historia milenaria de la Iglesia católica, el papa rezó -este viernes último- en solitario ante la inmensa plaza vacía de San Pedro y brindó la bendición y la indulgencia plenaria al mundo por la pandemia del coronavirus COVID-19 que lo azota a la humanidad.

Las dos principales oraciones – bendición al mundo y perdón de sus pecados – del Santo Padre fueron ante un Cristo de madera tallada, que se ubicó en el paseo que siempre congregó a miles y miles de visitantes de lunes a lunes y sin cesar, y ahora lucía vacía. Es un Jesús que vive en la iglesia de San Marcelo, que en 1522 fue llevado en procesión por las calles de Roma para acabar con la “Gran Peste” de aquel entonces. En esos años cuando finalizó la caminata por los barrios de la capital italiana, la peste había cesado y a ello se lo consideró milagroso.

Es el mismo Cristo que quedó intacto en un incendio tres años antes a ese peregrinar cuando en 1519 la iglesia ubicada en la Vía del Corso, se destruyó completamente. Los historiadores cuentan que al amanecer la población romana se acercó a ver los escombros y encontraron allí el crucifijo intacto colgado en el altar principal iluminado por una lámpara de aceite que seguía encendida.

Lo romanos tildaron de milagro ese suceso y mucho más lo ocurrido tres años después, cuando ante la “Gran Plaga” que impactaba por las muertes que provocaba, los frailes de los Siervos de María decidieron llevar el Crucifijo desde la iglesia de San Marcelo hasta la Basílica de San Pedro…y luego el Milagro. Esa procesión duró varios días, y cuando el crucifijo regresó a su lugar la plaga había desaparecido por completo y el pueblo se salvó de ser exterminado.

Este viernes, la bendición papal rememoró aquellos sucesos. La humanidad, y sobre todo los creyentes con alta fe, aguardan con paciencia los resultados. Que llegue el Milagro. Maravilla de estos tiempos que seguramente no serán como ‘mágicos’ ya que deberán ser desmenuzados los signos que envíe el Señor como lo ha hecho a lo largo de las veces que muestra su rostro vivo en la Tierra. Ya algunos ha enviado y el papá los señaló.

Hace dos días, detrás de esa imagen conmovedora y emocionante de un hombre vestido de blanco que se arrodillaba ante el Señor representado es esa Cruz, ponía en claro la debilidad del ser humano. Se desvanecían todo soberbia, altanería, hipocresías, clasicismos o divisiones, egoísmos y mucho más. La postal le hablaba al corazón de cada persona, hoy en incertidumbre sobre su futuro inmediato.

No obstante el papa Francisco con alta fortaleza le dijo a quien quiera escucharlo, que el Milagro del Siglo XXI será aceptar que todo poder se desvanece. No el del orden natural e instituido a las autoridades, sino el de ciertos estatus sociales en desmedro de otros, ya que ”Nos encontramos asustados y perdidos. Al igual que los Discípulos del Evangelio’, cuando los sorprendió una tormenta en pleno mar, recordó  Francisco y en esta barca  hoy es en la que estamos todos, donde la tranquilidad la da la serenidad, la fe y la esperanza, como Jesús que dormía ante un mar embravecido, y lo hacía confiado.

Otro Milagro de estos tiempos es aceptar que ”La tempestad desenmascara nuestra debilidad”. Invita a repensar que ‘no es bueno el sálvese quien puede’. Afloran comportamientos de miseria y que indignan. El prodigio entonces es la invitación a modificar conductas, como en la barca. La ausencia de solidaridad provoca el hundimiento. Y hoy el planeta esta en el mismo bote, y sus habitantes en un lugar de esa embarcación.

Francisco señala claramente que ”Nos hemos mantenido imperturbables, pensando mantenernos sanos en un mundo enfermo”. El Milagro será la sanación y para ello habrá que aceptar cambios individuales y colectivos. El Señor enseña que ayúdate a ti mismo que yo te ayudaré. Es decir, al esfuerzo de las transformaciones, Él acompañará para hacer más llevadera la carga.

Jesús enseñó hace XXI Siglos, ‘amaos los unos a los otros’ y de esa premisa, recien estamos en el prólogo de la aceptación del projimo o vecino inmediato, y no siempre. Ese también será un Milagro, aceptar al que tenes al lado con humildad y sencillez y en solidaridad, por el solo hecho de ser persona, sin rótulos, títulos o por lo que representa o simboliza.

Francisco resaltó en su mensaje reciente que ”En tiempos de sufrimiento, entendemos el llamado de Jesús “que todos sean uno”. La pandemia nos une en la defensa que el virus no entre en el tejido social y de ahi en cada ser. La casa, simbolo de la familia, se convierte el mejor lugar.

En la mayorìa de las comunidades, ciudades o pueblos, hay cadenas de oraciòn. El pueblo unido pide en estos dìas, con fuerza, a Dios y a la Virgen y todos los santos, por sus seres queridos y libere al mundo de este mal. Y el papa fortaleció esa inspiración del hombre señalando que ”La oración y el servicio silencioso son nuestras armas”.

Otras frases de Francisco ponen blanco sobre negro que la aceptación que: “Jesús trae serenidad en nuestras tormentas”, es comprender que se debe dar un nuevo orden en el comportamiento de cada persona, en sociedad, ya que todos necesitamos de todos. La protección en colaboracion ante fuertes tornados inesperados calma la angustia y fortalece el cuidado. El egoista muere en soledad. El solidario bajo la proteccón de la oración de sus afectos y reconocimientos.

Para aceptar los nuevos desaafíos y eso será lo milagroso, es comprendiendo la dimensión que, en alusión a Jesús, ”En su cruz hemos sido salvados; tenemos un timón”, resaltó el padre Jorge Bergoglio.

Francisco besó los pies de Jesus en esa Cruz cargada de oraciones y milagros como respuesta. Abrazarla “es animarse a abrazar todas las contrariedades de nuestro tiempo”, enfatizó el Santo Padre. Y aceptarlas será el principio de revisarlas para cambatirlas.

Convocó a unirnos en la oraciòn y desde la espiritualidad que los rezos irradian, mantener viva la Esperanza que la pandemia cesará.

Para que ello ocurra, como todo milagro – que nada es magico – se hará realidad desde el esfuerzo compartido y aceptando lo que es oportuno en el bamboleo de la barca para estabilizarla en la tormenta y que arribe a buen puerto.

Jesús se está pronunciando día a día. En este suceso fuerte y universal, con eszuerzo solidario y entendiendo que el respeto al vecino y a uno mismo, es el camino y principal comportamiento para poner en marcha el Milagro que se viene, desde ‘Ayúdate que yo te ayudaré’, y los niños anuncian con fe, ‘Todo saldrá bien’.

 

 

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