La luz eléctrica es el resultado de amor y entrega de una madre a estimular a un hijo rechazado por ‘incapacitado para los estudios’

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El 21 de octubre de 1879, Thomas Alva Edison,  dio nacimiento con su creación a la luz eléctrica.  Había nacido en Milan, Ohio el 11 de febrero de 1847 y falleció el 18 de octubre de 1931, en West Orange, Nueva Jersey. Fue el séptimo hijo de una familia numerosa.

Pasó tres meses por la escuela ya que sus profesores consideraban al niño que iniciaba sus estudios ‘incapacitado’ para hacerlo.

Su madre, lejos de interpretarlo como una frustración se ocupó de alentarlo, formarlo y capacitarlo para hacer frente a las dificultades.  Solo le dijo que su talento era superador, por lo cual el sistema educativo no podía contenerlo, y que ella se iba a ocupar darle enseñanza.

Además inventó el fonógrafo, la cámara de cine, de entre los 1093, que registró a su nombre en Estados Unidos, además de otras en Reino Unido, Francia y Alemania.

Edison fue uno de los primeros inventores en aplicar los principios de la producción en cadena y el trabajo en equipo a gran escala al proceso de invención, motivos por los cuales se le reconoce la creación del primer laboratorio de investigación industrial.

Pero más importante que sus muchas patentes fue el amplio impacto que tuvieron algunas de sus invenciones: la luz eléctrica y el suministro público de electricidad, la grabación de sonido y la cinematografía se convirtieron en nuevas y poderosas industrias en todo el mundo. Sus inventos contribuyeron en particular a las telecomunicaciones, como una máquina de voto, una batería para un automóvil eléctrico, la energía eléctrica, la grabación de música y las películas. Sus avanzados trabajos en estos campos no fueron más que una continuación de su primer trabajo como radiotelegrafista. Edison desarrolló un sistema de generación y distribución de energía eléctrica a las casas,​ negocios y fábricas, un avance crucial para el mundo industrializado moderno.

En 1855 a los ocho años y medio Edison entró a la escuela. Después de tres meses de estar asistiendo, regresó a su casa llorando, informando que el maestro lo había calificado de alumno “estéril e improductivo”. Es imposible establecer si su mamá,  Nancy Edison tomó muy en serio la opinión de su maestro o si pensó que ella era mejor que el profesor de su hijo. El caso es que Thomás comenzó a ser formado de manera sistemática por su madre. Amor, estímulo y disciplina caracterizaron el método de enseñanza.

Edison recordó durante el resto de su vida el resultado del dichoso incidente y hablaba del amor de su madre como fuente de estímulo. En ese sentido escribió: ‘Soy el resultado de lo que una gran mujer quiso hacer de mi’.

En 1859 empezó a vender diarios en el tren matutino que iba de Port Huron a Detroit, así como verduras, mantequilla y moras. En Detroit el tren hacía una parada de seis horas, las cuales aprovechaba pasándolas en el salón de lectura de la Asociación de Jóvenes (después Biblioteca Gratuita de Detroit). Ahí, comenzaba por leer el primer libro que se encontraba en el anaquel inferior y seguía por orden con los demás hasta terminar con toda la hilera.

Edison no quedaba satisfecho con solo leer, y comenzó a realizar diversos experimentos basándose en lo que leía en los libros de Ciencia. Utilizaba un vagón vacío como laboratorio, donde también instaló una pequeña prensa de mano que se agenció cuando un amigo del Detroit Free Press le regaló algunos tipos. El resultado fue inmediato: el Grand Trunk Herald, semanario del que Edison tiraba cuatrocientos ejemplares.

Tras salvar a un niño en las vías del tren, el padre del menor, en gratitud, (telegrafista de la estación) le enseñó código morse y telegrafía. A los quince años obtuvo su primer trabajo como telegrafista. Un año después, inventó el llamado “repetidor automático”, que transmite señales de telégrafo entre estaciones sin personal, lo que permite que prácticamente cualquiera pueda traducir fácilmente y con precisión un código a su propio ritmo y conveniencia. Curiosamente, nunca patentó la versión inicial de este invento.

Desde entonces, sus inventos fueron revolucionarios y fructíferos. Tienen vigencia, con los reacomodamientos de la tecnología.

A 140 años de su invento revolucionario, como la lamparita de luz, se resalta que el amor en la enseñanza y el estímulo son esenciales, para toda superación a temprana edad.