martes, noviembre 30, 2021

El Obispo señaló que la Cuaresma es “Un camino hacia la verdadera renovación interior”

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El obispo diocesano, Monseñor Ariel Torrado Mosconi ofició la misa del Miércoles de Cenizas, en la parroquia Nuestra Señora de los Dolores de la localidad de Trenque Lauquen.

Con el rito de imposición de las cenizas en la frente de los fieles, los católicos de la diócesis comenzaron el tiempo de Cuaresma, los cuarenta días con que los fieles cristianos se preparan espiritualmente para celebrar su fiesta más importante: la pascua, en donde se conmemora la muerte y resurrección de Jesús.

Tanto en su mensaje para la ocasión como en la homilía, el prelado subrayó que este tiempo es  un verdadero retiro espiritual que podemos hacer aún en nuestras tareas y ocupaciones cotidianas.  “La tradicional práctica de intensificar la oración, la penitencia y las obras de caridad, nos ayudan a profundizar nuestra relación con Dios mediante el diálogo con él, a purificarnos interiormente y a reparar nuestro equívocos. También nos permite  abrirnos a los demás, especialmente a los más necesitados, superando la indiferencia, mediante obras concretas de caridad”. Por  eso invitó a vivir estos cuarenta días como lo que realmente son “un tiempo de gracia y conversión”, enfatizó.

Al mismo tiempo, dio a conocer su mensaje cuaresmal de este año a toda la diócesis que está acompañado por el mensaje del Santo Padre. Allí puso el acento sobre dos puntos principales: la necesidad de diferenciar la falsedad o veracidad de lo que escuchamos   (habla de los “falsos profetas”) e insta a superar el egoísmo y la indiferencia ante las necesidades de los demás.

En su mensaje cuaresmal el obispo diocesano propuso acciones espirituales, formativas y pastorales concretas para realizarse en cada comunidad, a fin de que este tiempo sirva de auténtica conversión personal y pastoral y, sobre todo, de  intensa renovación espiritual.

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MENSAJE PAPAL DE CUARESMA Y PROPUESTAS PASTORALES DEL OBISPO DIOCESANO

Bien podemos imaginarnos al tiempo de Cuaresma como un “retiro espiritual” de cuarenta días con que nos preparamos a la gran celebración del Triduo Pascual. Unos “ejercicios espirituales” para el cristianos laico que va y viene desde su hogar al trabajo en la ciudad o en el campo, para el joven que trabaja o estudia, para el jubilado que ya dispone de más tiempo para la serena contemplación. También para la religiosa o el religioso que profundiza su ser consagrado en este tiempo especial de seguimiento y desierto así como para los pastores que multiplican sus esfuerzos para acompañar más intensamente a sus comunidades, sobre todo con el ministerio de la reconciliación, en estos días de gracia. ¡Todos podemos buscar y encontrar a Dios en medio de las ocupaciones cotidianas si le abrimos el corazón de verdad!

Les propongo recorrer este camino aprovechando el Mensaje cuaresmal del Santo Padre que, este año, nos invita a un fino y profundo discernimiento del corazón, como un paso en el camino de conversión que desemboca en una participación intensa en el misterio de la muerte y resurrección del Señor, para poder amarlo en los hermanos, especialmente en los necesitados y enfermos, en los pecadores y en los pobres. Luego del texto del Mensaje papal agrego algunas sugerencias para poder profundizarlo tanto personal como comunitariamente.

Cabe recordar, también, que la llamada a la conversión no solamente es individual sino que -así aparece en la misma Sagrada Escritura- está dirigida a todo un pueblo. Por eso mismo, debemos meditar el Mensaje en clave eclesial: la diócesis, cada parroquia, grupo, institución o movimiento está llamado a esa “conversión pastoral” a la cual somos convocados en esta hora de la Iglesia. Al coincidir el tiempo cuaresmal con el inicio de la mayoría de las actividades pastorales en toda comunidad, invita a leer y aplicar el documento papal a la luz de nuestro objetivo diocesano: “Caminar en comunión para anunciar a todos la alegría del Evangelio”.

«Al crecer la maldad, se enfriará el amor en la mayoría» (Mt 24,12)

Mensaje del Santo Padre Francisco para la Cuaresma de 2018

Queridos hermanos y hermanas: Una vez más nos sale al encuentro la Pascua del Señor. Para prepararnos a recibirla, la Providencia de Dios nos ofrece cada año la Cuaresma, «signo sacramental de nuestra conversión», que anuncia y realiza la posibilidad de volver al Señor con todo el corazón y con toda la vida. Como todos los años, con este mensaje deseo ayudar a toda la Iglesia a vivir con gozo y con verdad este tiempo de gracia; y lo hago inspirándome en una expresión de Jesús en el Evangelio de Mateo: «Al crecer la maldad, se enfriará el amor en la mayoría» (24,12). Esta frase se encuentra en el discurso que habla del fin de los tiempos y que está ambientado en Jerusalén, en el Monte de los Olivos, precisamente allí donde tendrá comienzo la pasión del Señor. Jesús, respondiendo a una pregunta de sus discípulos, anuncia una gran tribulación y describe la situación en la que podría encontrarse la comunidad de los fieles: frente a acontecimientos dolorosos, algunos falsos profetas engañarán a mucha gente hasta amenazar con apagar la caridad en los corazones, que es el centro de todo el Evangelio.

Los falsos profetas

Escuchemos este pasaje y preguntémonos: ¿qué formas asumen los falsos profetas? Son como «encantadores de serpientes», o sea, se aprovechan de las emociones humanas para esclavizar a las personas y llevarlas adonde ellos quieren. Cuántos hijos de Dios se dejan fascinar por las lisonjas de un placer momentáneo, al que se le confunde con la felicidad. Cuántos hombres y mujeres viven como encantados por la ilusión del dinero, que los hace en realidad esclavos del lucro o de intereses mezquinos. Cuántos viven pensando que se bastan a sí mismos y caen presa de la soledad.

Otros falsos profetas son esos «charlatanes» que ofrecen soluciones sencillas e inmediatas para los sufrimientos, remedios que sin embargo resultan ser completamente inútiles: cuántos son los jóvenes a los que se les ofrece el falso remedio de la droga, de unas relaciones de «usar y tirar», de ganancias fáciles pero deshonestas. Cuántos se dejan cautivar por una vida completamente virtual, en que las relaciones parecen más sencillas y rápidas pero que después resultan dramáticamente sin sentido. Estos estafadores no sólo ofrecen cosas sin valor sino que quitan lo más valioso, como la dignidad, la libertad y la capacidad de amar. Es el engaño de la vanidad, que nos lleva a pavonearnos… haciéndonos caer en el ridículo; y el ridículo no tiene vuelta atrás. No es una sorpresa: desde siempre el demonio, que es «mentiroso y padre de la mentira» (Jn 8,44), presenta el mal como bien y lo falso como verdadero, para confundir el corazón del hombre. Cada uno de nosotros, por tanto, está llamado a discernir y a examinar en su corazón si se siente amenazado por las mentiras de estos falsos profetas. Tenemos que aprender a no quedarnos en un nivel inmediato, superficial, sino a reconocer qué cosas son las que dejan en nuestro interior una huella buena y más duradera, porque vienen de Dios y ciertamente sirven para nuestro bien.

Un corazón frío

Dante Alighieri, en su descripción del infierno, se imagina al diablo sentado en un trono de hielo; su morada es el hielo del amor extinguido. Preguntémonos entonces: ¿cómo se enfría en nosotros la caridad? ¿Cuáles son las señales que nos indican que el amor corre el riesgo de apagarse en nosotros?

Lo que apaga la caridad es ante todo la avidez por el dinero, «raíz de todos los males» (1 Tm 6,10); a esta le sigue el rechazo de Dios y, por tanto, el no querer buscar consuelo en él, prefiriendo quedarnos con nuestra desolación antes que sentirnos confortados por su Palabra y sus Sacramentos. Todo esto se transforma en violencia que se dirige contra aquellos que consideramos una amenaza para nuestras «certezas»: el niño por nacer, el anciano enfermo, el huésped de paso, el extranjero, así como el prójimo que no corresponde a nuestras expectativas.

También la creación es un testigo silencioso de este enfriamiento de la caridad: la tierra está envenenada a causa de los desechos arrojados por negligencia e interés; los mares, también contaminados, tienen que recubrir por desgracia los restos de tantos náufragos de las migraciones forzadas; los cielos —que en el designio de Dios cantan su gloria— se ven surcados por máquinas que hacen llover instrumentos de muerte.

El amor se enfría también en nuestras comunidades: en la Exhortación apostólica Evangelii gaudium traté de describir las señales más evidentes de esta falta de amor. estas son: la acedia egoísta, el pesimismo estéril, la tentación de aislarse y de entablar continuas guerras fratricidas, la mentalidad mundana que induce a ocuparse sólo de lo aparente, disminuyendo de este modo el entusiasmo misionero.

¿Qué podemos hacer?

Si vemos dentro de nosotros y a nuestro alrededor los signos que antes he descrito, la Iglesia, nuestra madre y maestra, además de la medicina a veces amarga de la verdad, nos ofrece en este tiempo de Cuaresma el dulce remedio de la oración, la limosna y el ayuno.

El hecho de dedicar más tiempo a la oración hace que nuestro corazón descubra las mentiras secretas con las cuales nos engañamos a nosotros mismos, para buscar finalmente el consuelo en Dios. Él es nuestro Padre y desea para nosotros la vida.

El ejercicio de la limosna nos libera de la avidez y nos ayuda a descubrir que el otro es mi hermano: nunca lo que tengo es sólo mío. Cuánto desearía que la limosna se convirtiera para todos en un auténtico estilo de vida. Al igual que, como cristianos, me gustaría que siguiésemos el ejemplo de los Apóstoles y viésemos en la posibilidad de compartir nuestros bienes con los demás un testimonio concreto de la comunión que vivimos en la Iglesia. A este propósito hago mía la exhortación de san Pablo, cuando invitaba a los corintios a participar en la colecta para la comunidad de Jerusalén: «Os conviene» (2 Co 8,10). Esto vale especialmente en Cuaresma, un tiempo en el que muchos organismos realizan colectas en favor de iglesias y poblaciones que pasan por dificultades. Y cuánto querría que también en nuestras relaciones cotidianas, ante cada hermano que nos pide ayuda, pensáramos que se trata de una llamada de la divina Providencia: cada limosna es una ocasión para participar en la Providencia de Dios hacia sus hijos; y si él hoy se sirve de mí para ayudar a un hermano, ¿no va a proveer también mañana a mis necesidades, él, que no se deja ganar por nadie en generosidad?

El ayuno, por último, debilita nuestra violencia, nos desarma, y constituye una importante ocasión para crecer. Por una parte, nos permite experimentar lo que sienten aquellos que carecen de lo indispensable y conocen el aguijón del hambre; por otra, expresa la condición de nuestro espíritu, hambriento de bondad y sediento de la vida de Dios. El ayuno nos despierta, nos hace estar más atentos a Dios y al prójimo, inflama nuestra voluntad de obedecer a Dios, que es el único que sacia nuestra hambre.

Querría que mi voz traspasara las fronteras de la Iglesia Católica, para que llegara a todos ustedes, hombres y mujeres de buena voluntad, dispuestos a escuchar a Dios. Si se sienten afligidos como nosotros, porque en el mundo se extiende la iniquidad, si les preocupa la frialdad que paraliza el corazón y las obras, si ven que se debilita el sentido de una misma humanidad, únanse a nosotros para invocar juntos a Dios, para ayunar juntos y entregar juntos lo que podamos como ayuda para nuestros hermanos

El fuego de la Pascua

Invito especialmente a los miembros de la Iglesia a emprender con celo el camino de la Cuaresma, sostenidos por la limosna, el ayuno y la oración. Si en muchos corazones a veces da la impresión de que la caridad se ha apagado, en el corazón de Dios no se apaga. Él siempre nos da una nueva oportunidad para que podamos empezar a amar de nuevo.

Una ocasión propicia será la iniciativa «24 horas para el Señor», que este año nos invita nuevamente a celebrar el Sacramento de la Reconciliación en un contexto de adoración eucarística. En el 2018 tendrá lugar el viernes 9 y el sábado 10 de marzo, inspirándose en las palabras del Salmo 130,4: «De ti procede el perdón». En cada diócesis, al menos una iglesia permanecerá abierta durante 24 horas seguidas, para permitir la oración de adoración y la confesión sacramental.

En la noche de Pascua reviviremos el sugestivo rito de encender el cirio pascual: la luz que proviene del «fuego nuevo» poco a poco disipará la oscuridad e iluminará la asamblea litúrgica. «Que la luz de Cristo, resucitado y glorioso, disipe las tinieblas de nuestro corazón y de nuestro espíritu», para que todos podamos vivir la misma experiencia de los discípulos de Emaús: después de escuchar la Palabra del Señor y de alimentarnos con el Pan eucarístico nuestro corazón volverá a arder de fe, esperanza y caridad. Los bendigo de todo corazón y rezo por ustedes. No se olviden de rezar por mí.

FRANCISCO

Sugerencias para trabajar personal y comunitariamente el texto:

  1. Preguntas para un examen de conciencia:
  1. a) “Falsos profetas”. Preguntémonos, en primer lugar, qué es lo que realmente escuchamos y por lo cual nos dejamos llevar ¿oímos lo que no halaga, agrada y conviene o estamos dispuestos y abiertos a la verdad que ilumina, libera y sana? ¿cuáles son hoy los “falsos profetas” por los cuales nos dejamos manipular y seducir? Examinémonos muy sinceramente si nosotros también no corremos el riesgo de convertirnos para otros en esos “falsos profetas” que pueden llegar a ser un obstáculo para su maduración, felicidad y salvación.
  2. b) “Un corazón frío”. Dice el mismo Papa Francisco: “Preguntémonos entonces: ¿cómo se enfría en nosotros la caridad? ¿Cuáles son las señales que nos indican que el amor corre el riesgo de apagarse en nosotros?” Hagámonos este planteo.
  3. c) “¿Qué podemos hacer?” para pasar a la acción concreta. ¿Cómo viviremos este año la oración y espiritualidad, la limosna y la caridad, el ayuno y la penitencia cuaresmales de un modo más intenso, profundo y renovado?
  1. d) El fuego es símbolo de la purificación. La celebración de la noche pascual se inicia con el sugestivo rito del “fuego nuevo”. ¿deseamos ser “hombres nuevos” y llevar una “vida nueva”? ¿estamos dispuestos a dejarnos transformar por la gracia y llevar una existencia en “clave pascual” muriendo a lo malo y resucitando a lo bueno siempre y cada día?
  1. Algunas propuestas pastorales:

Al coincidir la cuaresma con el comienzo de las actividades pastorales en la mayoría de las parroquias y grupos, este Mensaje puede servirnos de buena y fuerte motivación para entusiasmarnos, unirnos y coordinar toda la tarea evangelizadora de la comunidad. Por eso mismo, es necesario que esta propuesta llegue a todos y cada uno de nuestros agentes de pastoral para ser asumida, incorporada y puesta en práctica. De lo contrario será “un documento más” que queda en “letra muerta”.

El Mensaje y las sugerencias adjuntas podrán utilizarse tanto en momentos de oración y espiritualidad (Hora Santa, Celebraciones de la Palabra, reunión semanal o mensual de grupo de oración, etc.); Encuentro de planificación de consejos, grupos, colegios, cáritas, movimientos, capillas, etc. y reuniones de formación en cualquier nivel o ámbito eclesial.

Siguiendo los cuatro puntos sugeridos por el Papa les propongo:

  1. a) Preparación para la purificación del corazón de todos los “falsos profetas” a través de una celebración penitencial comunitaria, cuyo guión, reflexión y examen de conciencia esté iluminado por el mensaje del Papa bajado a nuestra realidad personal y comunitaria.
  2. b) “Calentar” el corazón con una propuesta concreta de caridad para la comunidad.
  3. c) Programar encuentros de oración, retiros, cenas penitenciales.
  4. d) Organizar en la parroquia las “24 horas para el Señor” que han sido propuestas por el Santo Padre Francisco para el próximo 9 y 10 de marzo.
  1. Relación con los objetivos diocesanos y la marcha de cada comunidad o grupo:

La cuaresma como tiempo de conversión no sólo se ha de vivir personalmente sino que tenemos que vivirla como comunidad. Por eso al comenzar el año les propongo nuevamente la conversión pastoral, llevando a la vida de cada parroquia los objetivos que nos hemos planteado. Recordemos, entonces, el objetivo principal y los objetivos particulares que nos ayudan a concretarlo: General: “Caminar en comunión para anunciar a todos la alegría del Evangelio”, y particulares: 1) Fortalecer y suscitar los vínculos de comunión entre los agentes de pastoral para hacer creíble el anuncio; 2) favorecer y crear espacios de formación para responder a los nuevos desafíos, 3) impulsar con audacia y creatividad nuevas formas de anuncio para salir al encuentro de las periferias y nuevas realidades culturales. Recordemos que en todo esto nos inspiramos y fundamentamos en el nº 30 de “Evangelii gaudium” que nos da la clave y nota comunitaria-eclesial de todo ello.

Deseándoles, entonces, un fecundo y fructuoso camino de trabajo cuaresmal que desemboque en una auténtica alegría pascual, los bendice de corazón.

+Ariel Torrado Mosconi
Obispo de Santo Domingo en Nueve de Julio

 

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