jueves, diciembre 2, 2021

Monseñor Ariel Torrado Mosconi: “Pironio era un profeta de la esperanza”

1848

Este lunes 5 comenzó el año pironiano enrededor de Cardenal Eduardo Pironio. En su ciudad natal esta mañana hubo una misa en el Carmelo- tal como adelantara CN-  y con un posterior acto solemne en su casa paterna, propiedad que fue donada por sus familiares a la Iglesia y que hoy funciona como un Centro Vocacional.

Durante la misa matutina  Mons. Ariel Torrado Mosconi convocó a los fieles a ahondar en la persona y en el legado del purpurado durante todo este año, al que definió como “Un profeta de la esperanza”.

En su mensaje el obispo diocesano  recordó que unos de los puntos más sobresalientes de la espiritualidad del cardenal era la Pascua. “No se cansaba de escribir y de predicar sobre la dimensión pascual de la existencia cristiana y sus repercusiones en todos los ámbitos y realidades. Por eso podemos iniciar este año en que haremos memoria de su existencia enfocándola desde la perspectiva de dos “pascuas” a las que se solía referir el Padre Eduardo: la de su bautismo -que recibió aquí en nuestra iglesia de Santo Domingo- y la de su muerte -de la cual hoy se cumplen veinte años-“.

Luego describió ante los presentes  las  virtudes y cualidades personales de Pironio tanto como profeta, sacerdote y pastor. Y  agradeció “a Dios porque tuvimos entre nosotros a este hermano, nacido en esta tierra y que transitó por estas calles y lugares, que un día fue ungido como profeta, verdadero oyente, contemplativo de la Palabra; como Sacerdote porque supo configurarse con toda su existencia a Cristo sacerdote en su sacrificio pascual; y como Pastor por que amó entrañablemente a la Iglesia siendo hombre de comunión, unidad y paz”.

Acto solemne en la casa paterna

Por la tarde, se realizó un acto formal de apertura en la casa paterna del Cardenal Pironio que comenzó con la oración de la tarde (Rezo de Vísperas) y continuó con la emotiva  entronización de un Cristo artesanal en la capilla familiar. La imagen fue realizada y donada por  la hermana María Susana, una de las primeras carmelitas descalzas integrantes del grupo fundador que llegó a la ciudad de Nueve de Julio en 1963. Por entonces era novicia y durante su profesión temporal, al igual que todos los demás, en la casa del cardenal, donde funcionó en sus inicios el Carmelo San José.

Entronizaron la imagen Mons. Torrado Mosconi y el cura párroco de Nueve de Julio, Guillermo Gómez.

Anuncios y proyectos para el Año Pironiano

Durante la ceremonia el obispo convocó a todos los fieles a rezar para la pronta beatificación del Cardenal y recalcó la importancia que tiene para la ciudad y para toda la diócesis de 9 de Julio  la posibilidad de contar con un santo argentino oriundo de sus tierras.

Por otra parte anunció algunas de las actividades que tienen prevista para difundir su figura y su legado durante este año. Entre ellas restaurar la casa paterna del Cardenal y convertirla en una especie de centro cultural  o museo con muestras multimedias. También está previsto realizar charlas y talleres y lanzar un concurso para los jóvenes y para los colegios privados, cuyo premio es un viaje al próximo Encuentro de la Juventud que se realizará en Panamá (2019).

Durante los anuncios, Torrado Mosconi convocó a todos aquellos que puedan tener en sus hogares documentos, cartas, fotos u otras reliquias del cardenal, a compartirlos (a modo de préstamo) con la Iglesia para enriquecer la futura muestra. Asimismo está prevista la confección de una publicación donde queden registrados testimonios de Pironio en Nueve de Julio,  para lo que el prelado también solicitó colaboración.

El acto continuó con anécdotas y testimonios de los presentes de la vida religiosa y doméstica del  Cardenal en Nueve de Julio, su ciudad natal, a la que continuó visitando periódicamente durante toda su vida.

La vida del cardenal Pironio: una mirada desde y en el lugar de su bautismo

Unos de los puntos más sobresalientes de la espiritualidad del cardenal Pironio fue la Pascua. No se cansaba de escribir y de predicar sobre la dimensión pascual de la existencia cristiana y sus repercusiones en todos los ámbitos y realidades. Por eso podemos iniciar este año en que haremos memoria de su existencia enfocándola desde la perspectiva de dos “pascuas” a las que se solía referir el Padre Eduardo: la de su bautismo -que recibió aquí en nuestra iglesia de Santo Domingo- y la de su muerte -de la cual hoy se cumplen veinte años-.

“Primera pascua de los creyentes” dice el prefacio de la misa para la administración del bautismo. En el rito bautismal, que hunde sus raíces en la más pura tradición bíblica, cada uno de nosotros es consagrado con el santo Crisma como “profeta, sacerdote y rey”. Allí encontramos tanto el don, la identidad y la misión como -precisamente- ungidos, “otros cristos”, cristianos. Una expresión muy querida y repetida incasablemente por el Cardenal era “llamados, consagrados y enviados”. Bajo esta óptica miremos la vida de Pironio, será como una obertura o introducción a todo cuanto iremos profundizando y ahondando a lo largo de este año: profeta, sacerdote y rey.

Pironio Profeta

Sin lugar a dudas fue un hombre de la Palabra. Gran orador y predicador. Escritor prolífico. Maestro sabio y suave. Sus sermones tocaban y arrebataban los corazones. Sus escritos no solamente señalaron y abrieron caminos sino que siguen iluminando actualmente la vida de la Iglesia. Hoy, en la perspectiva de los años, podemos reconocer en Pironio un auténtico profeta de la Iglesia del siglo XX, por que fue un hombre de la Palabra contemplada que se hacía predicación iluminadora de la actualidad.

Pironio Sacerdote

Por esa centralidad de la Pascua en su vida y teología -o en su teología hecha vida- supo revalorizar el sacerdocio bautismal de los fieles, lo cual estuvo en la base tanto de su servicio a la vida consagrada como en el pastoreo a los fieles cristianos laicos. La gran encíclica “Cristifidelis laicis” de san Juan Pablo II tiene “sabor pironiano”. Mucho tuvo que ver el Cardenal en su redacción, dicen los conocedores. Desde su infancia sintió la llamada al sacerdocio y la vivió intensamente hasta el último instante de su vida. Mucho dijo e hizo por el sacerdocio, por los sacerdotes. Ello quedó plasmado y resumido en ese “magníficat sacerdotal” que entonó con motivo de sus cincuenta años de ordenación presbiteral, entre otros lugares aquí entre nosotros, y que también sigue aleccionándonos, sobre todo a los sacerdotes. Aquí quisiera destacar que él vivió su propio sacerdocio también en dimensión pascual. El sacerdocio como ofrenda, oblación, “abrazado a la cruz” -como gustaba decir- una cruz gloriosa que hacía fecundo y fructífero ese ministerio. Bien sabemos que su existencia sacerdotal estuvo jalonada y signada muchas veces por la incomprensión y hasta por el rechazo. Lo vivió en silencio, con paciencia y ofreciendo todo sobre el altar. Esta es la configuración más profunda con Cristo sacerdote. Y para ello y por ello fundo a las “Misioneras de Cristo sacerdote”

Pironio Pastor

El rey bíblico era considerado como el pastor de su pueblo. Esto pasa al Nuevo Testamento y por eso el servicio regio es acción o servicio pastoral: apacentar el rebaño, cuidarlo, guiarlo, alimentarlo, ir a buscar al que se perdió y hasta dar la vida si es necesario. Como Jesús, el Buen Pastor.  El vocablo “pastoral” es algo corriente en la Iglesia de hoy. Y también que los sacerdote somos, y debemos serlo cada vez mejor, pastores del pueblo de Dios. Pero nuestro Cardenal tiene el mérito de haber sido pionero en redescubrir, y ayudarnos a redescubrir, la dimensión y perspectiva pastoral en la vida de la Iglesia. A los sacerdotes nos ha dejado unas páginas bellas y selectas en sus “Escritos Pastorales” que aún hoy pueden ser releídos con mucho provecho porque tienen sabor al Evangelio.

Muchísimo más podríamos decir de la rica vida del Padre Pironio -como gustaba que lo llamaran aún ya siendo cardenal- pero tendremos oportunidad de hacerlo detenidamente y por boca de quienes lo conocieron o estudiaron su figura y legado. Comencemos hoy esta “memoria” recordándolo desde el lugar donde comenzó todo, desde la cercanía a la pila bautismal que lo introdujo en su primera pascua, fuente de la santidad.  Dando gracias a Dios porque tuvimos entre nosotros a este hermano, nacido en esta tierra y que transitó por estas calles y lugares, que un día fue ungido como profeta, verdadero oyente, contemplativo de la Palabra; como Sacerdote porque supo configurarse con toda su existencia a Cristo sacerdote en su sacrificio pascual; y como Pastor por que amó entrañablemente a la Iglesia siendo hombre de comunión, unidad y paz.1881

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