martes, octubre 19, 2021

Un sacerdote del Monasterio de Los Toldos reflexiona sobre la celebración de este Domingo

Semana Sant

 

¿Con qué pagaremos al Señor todo el bien que nos hizo?[1][Cf. Salmo 116]

Gestos de amor gratuito y gestos inesperados de odio, violencia y traición: de ambos hemos sido testigos y, puede que fautores; de ambos hubo,- ¡y sigue habiendo! -,  hacia Jesús Mesías.

En la historia de la Pasión, como nos la trae san Marcos, todo comienza con un gesto de amor gratuito. Sólo de un corazón sensible y lleno de amor puede brotar ese gesto tan femenino de derramar todo un frasco de valioso perfume sobre la persona de Jesús. La gratuidad del amor no se fija en nimiedades, es generoso hasta el extremo, hasta el absurdo de un aparente derroche.

¿Con qué pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho? Alzaré la copa de salvación, y la derramaré en libación.  El amor se hace profecía: Jesús está a punto de derramar su vida entera,- ¡hasta la última gota!-…: “Este soy Yo, esta es mi Sangre, la Sangre que se derrama  por los muchos, por todos”.   

¿Cómo pagar a Jesús su vida entregada, derramada por amor?  ¿Pagar?  ¡Si alguien ofreciera toda su fortuna a cambio del amor, sólo conseguiría desprecio!  El gesto de amor de aquella mujer sigue impregnando el mundo entero al mismo ritmo con el que la Buena Noticia de Jesús se derrama y desparrama hacia los cuatro vientos y donde sea que resuena, el ambiente queda impregnado por el aroma de aquel perfume, de aquel amor: les aseguro que allí donde se proclame la Buena Noticia, en todo el mundo, se contará también en su memoria lo que ella hizo. … Éste es mi Cuerpo,…, y esta mi Sangre: hagan esto en memoria mía: y así, cada vez que hacemos Iglesia, al reunimos en el nombre de Jesús, comemos  de ese Pan y bebemos ese Cáliz anunciando que Dios nuestro Padre nos regaló el tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia, derrochándolo en favor nuestro, dándonos a conocer el Misterio de su Voluntad.

El gesto de Judas se sitúa en las antípodas al trasformar un beso,- ¡gesto de amor y de amistad como pocos! -, en el santo y seña de su traición: El traidor les había dado esta señal: ‘es aquel a quien voy a besar. ¡Deténganlo!’

Siempre impacta e impresiona un fresco de Giotto, conservado en una capilla   de Padua,  en la lejana Italia y aquí reproducido.  En él la traición queda   indeleblemente retratada, impregnándolo todo, tanto en el abrazo artero que envuelve totalmente a Jesús,  como transparentándose en ese manto color amarillo sucio,- ¡amarillo traición lo llaman! -, que parece querer apresar entre sus pliegues al Maestro.  Los rostros de Jesús y de Judas apenas se rozan…. Y en medio de toda aquella barahúnda  Jesús no ceja en su  amistad hacia el traidor, y mirándolo fijamente  le susurra: ¡Amigo, con un beso entregas al hijo del hombre…!

Nuestro mundo está adentrándose en un espeso cono de sombras. Vamos perdiendo el rumbo.  La oscuridad y las tinieblas transformadas en odio, indiferencia, inseguridad, terror y terrorismo,…, asustan y oprimen. El amor sufrido y sufriente de Jesús, el Servidor, el Inocente, sigue asumiendo nuestras tinieblas, nuestras cobardes traiciones e innobles incoherencias.

No sólo en esta Santa Semana, -¡pero sobre todo en ella! -, no cejemos ni decaigamos en nuestro empeño de ir realizando pequeños-grandes gestos de amor  con los que seguir derramándonos gratuitamente, perfumando suavemente a cuantos nos rodean…


[1] R.P. Pedro Max Alexander osb Monasterio Santa María de Los Toldos  Elevación sobre la Palabra del Domingo de Ramos en la Pasión del Señor: Juan 13,1; Salmo 116; Cantar de los Cantares 8,7; Efesios 1,7

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