viernes, diciembre 9, 2022
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Mataban a Facundo Quiroga hace 180 años

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Juan Facundo Quiroga había nacido el 27 de noviembre en 1788 en San Antonio, La Rioja, bajo la Intendencia de Córdoba ya que en esos años, el territorio era parte del Virreinato del Río de la Plata. Sus padres fueron José Prudencio Quiroga y Rosa Argañaraz, oriunda de los Llanos.

Su padre fue un hacendado sanjuanino que migró a la norteña La Rioja, estableciendo su estancia en el sureste, en la zona llamada Los Llanos, y que varias veces ejerció como comandante de las milicias de la zona.

Su educación fue relativamente buena, para las oportunidades que ofrecía la provincia. Sumó a ello alguna formación militar por un breve período, en 1815, en Buenos Aires.

En 1817 contrajo matrimonio con Dolores Fernández Cabezas con quien la unía un parentesco. Tuvieron cinco hijos llamados: Juan Ramón, Jesusa (María del Corazón de Jesús), Juan Facundo, Mercedes y José Norberto. Su hija menor, contrajp casamiento con Alfredo Demarchi, y tuvo seis hijo. Uno de ellos, Alfredo fue el que pidió a los ingleses, al donar tierras de la Estancia El Socorro, que la estación a crearse en el tramo Olascoaga-Timote se llamase Facundo Quiroga o Gral Quiroga para reivindicar a su abuelo Juan Facundo. Hoy es la población del distrito de Nueve de julio que busca su fecha de cumpleaños.

Ese mismo año fue nombrado jefe de las milicias de la comarca, con el grado de capitán y participó en las luchas por la independencia organizando milicias, persiguiendo desertores y enviando ganados al Ejército del Norte y al Ejército de los Andes . En particular, colaboró con el comandante Nicolás Dávila, segundo jefe de la columna del Ejército de los Andes que liberaría Copiacó.

Según su enemigo –y lejano pariente Sarmiento, Facundo Quiroga comenzó a ser famoso por dos hechos: encontrándose a campo traviesa fue perseguido por un ‘tigre’ que le obligó a tomar refugio en la copa de un algarrobo, auxiliado por unos gauchos, Quiroga mató al tigre y recibió el célebre apodo, “el tigre de los Llanos”.

Su figura fue creciendo en lo político y militar, a punto tal que tras mostrar coraje, inteligencia, y formación intelectual, el control de la Confederación Argentina pasó a estar en manos de los federales. En particular, de Rosas, López y Quiroga. Mientras Rosas logró mantener buenas relaciones con ambos, Quiroga y López comenzaron a tener problemas. En primer lugar, Quiroga pretendía tener algún derecho sobre Córdoba, donde López había nombrado gobernador a un federal de su mayor confianza, José Vicente Reinafé, que junto con sus hermanos formaba un clan que gobernaría la provincia por algo más de tres años. También tuvo problemas por un caballo, que había sido de Facundo pero estaba en poder de López.

Quiroga pasó los siguientes años en Buenos Aires, donde desempeñó un papel relevante: allí se debatía si el país debía darse o no una Constitución federal. Quiroga era partidario de una rápida organización nacional, pero otros caudillos —especialmente Rosas— no estaban de acuerdo, ya que sostenían que aún debía esperarse a que maduren las condiciones.

Nominalmente Quiroga fue el comandante de la Campaña al Desierto que el exgobernador Rosas emprendió contra el indio en el año 1833. Pero, en la práctica, la llevaron a cabo el gobernador de Mendoza, el sacerdote y militar Jose Felix Aldao  y los gobiernos de San Luis y Córdoba, y el propio Rosas, que fue quien más provecho obtuvo con la misma.

El comandante de la columna del centro, José Ruiz Huidobro, era un oficial que había acompañado a Quiroga en su campaña de 1831, y al regresar intentó derrocar a los Reinafé. Pero fue derrotado por la rápida reacción de éstos, y pagó con varios meses de cárcel su intento. Dado que era evidente que detrás de Ruiz Huidobro estaba Quiroga, los Reinafé decidieron que éste era un peligro para ellos. Era, además, un adversario peligroso para su jefe, Estanislao López.

En Buenos Aires, Quiroga se dedicó a la administración de la estancia que compró en San Pedro. En esa misma zona viven aún sus descendientes, entre los cuales varios heredaron su nombre completo de Facundo Quiroga. Durante su estadía fue el único que se atrevió a visitar al ex -presidente Bernardino Rivadavia en el buque en que llegaba de vuelta, al que no se permitió desembarcar y se envió de regreso al exilio.

A fines de 1834 estalló una guerra civil entre las provincias de Salta y Tucumán, cuyos gobernadores, Pablo Latorre y Alejandro Heredia, se habían enemistado por la autonomía de la provincia de Jujuy. El gobernador porteño Manuel Vicente Maza  envió a mediar al general Quiroga, con instrucciones especialmente escritas para él por Rosas, que lo acompañó un tramo del viaje.

En el viaje de ida, varios amigos le avisaron que los Reinafé querían matarlo; pero desoyó los avisos y siguió camino sin problemas. Al llegar a Santiago del Estero se enteró de que la guerra civil en el norte había finalizado y que Latorre había sido asesinado. Se dedicó a mediar para lograr una serie de tratados entre las provincias del norte, entre cuyas cláusulas figuraba la autonomía jujeña.

Iniciado su camino de regreso a principios del año siguiente, tuvo nuevos avisos sobre que había planes para asesinarlo. Pero tal vez tenía más miedo a pasar por cobarde que a la muerte. El 16 de febrero de 1835 – hoy 180 años -, una partida al mando del capitán de milicias cordobés Santos Pérez emboscó su carruaje en los breñales de un lugar solitario llamado Barranca Yaco, en el norte de la provincia de Córdoba. Quiroga se asomó con tono envalentonado (algo que le había dado buen resultado en las batallas) por la ventana de la galera exclamando “¿Quién manda a esta partida?”, siendo -como toda respuesta- muerto de un tiro en un ojo por Santos Pérez. Su cuerpo fue luego tajeado y lanceado, y todos los demás miembros de la comitiva fueron asesinados también. Entre ellos se contaba su secretario, el ex -gobernador de la provincia de San Luis, José Santos Ortíz y un niño.

El cuerpo de Quiroga fue inhumado en la Catedral de Córdoba.

El 8 de enero de 1836, la viuda de Quiroga reclamó el cadáver de su esposo. Rosas envió a su edecán, el coronel Ramón Rodríguez, quien buscó y regresó de Córdoba a Buenos Aires con sus restos mortales en medio de una gran pompa y en una imponente carroza pintada toda de rojo punzó, el color federal de uso obligatorio impuesto por el gobernador porteño.

El gobierno decretó honras fúnebres, el 7 de febrero el cadáver de Quiroga fue depositado en la iglesia de San José de Flores, el 19 de febrero de 1836 sus restos fueron homenajeados en la Iglesia de san Francisco y luego trasladados al Cementerio de la Recoleta.

Al saberse quién había sido el asesino, Rosas aprovechó el cargo sobre el asesinato de Quiroga recayéndolo sobre los hermanos Reinafé. Éstos fueron derrocados y ajusticiados unos años más tarde junto a Santos Pérez.

El cadáver de Facundo Quiroga, por decisión de sus familiares, se mantuvo en el Cementerio de la Recoleta. Allí se conservó el monumento funerario pero su féretro fue escondido en una pared tras la caída de Rosas en 1852, para evitar venganzas sobre su cadáver de parte de los enemigos de ambos.

En 1877 fue construido cerca del pórtico de la entrada del Cementerio un pequeño monumento de mármol blanco representado a una dolorosa con una placa que lleva la siguiente inscripción: “Aquí yace el general Juan Facundo Quiroga. Luchó toda su vida por la organización federal de la República”.

Su cadáver fue redescubierto el 9 de diciembre de 2004.

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