miércoles, octubre 20, 2021

Investigación de Zaffaroni y Bonicatto: Los jóvenes, el grupo más afectado por violencia y homicidios

Zaffa Boni

Con la intención presentar una investigación que pone la lupa sobre las percepciones en relación a los episodios de violencia que soportan los habitantes de distintos barrios del Conurbano y La Plata, afectados por altos índices de homicidios dolosos, el Defensor del Pueblo bonaerense Carlos Bonicatto y el juez de la Corte Suprema de Justicia, Eugenio Zaffaroni, revelaron que los jóvenes de bajos ingresos, que viven en asentamientos y villas, conforman el segmento más vulnerable ya que sufren más agresiones (34,7%) y también son los principales responsables de ejercer la violencia (40%).

El trabajo, elaborado con datos recogidos entre junio y agosto de 2014 y titulado “Violencia y homicidios dolosos en la provincia de Buenos Aires. Perfiles socioeconómicos, experiencias y representaciones de habitantes de barrios con un alto índice de homicidios dolosos”, se desprende de las proyecciones arrojadas por el estudio realizado por el Instituto de Investigaciones de la Corte Suprema de Justicia de la Nación en 2012.

Se trata de una investigación, elaborada con la colaboración de las universidades nacionales de San Martín, La Plata, La Matanza y Avellaneda, además de la Fundación Conurbano, que pone el eje en el funcionamiento de las fuerzas de seguridad; la caracterización de víctimas y victimarios de la violencia; la procedencia de victimarios de homicidios dolosos; el vínculo entre ellos y las vías de resolución alternativas que las personas contemplan para evitar el desenlace fatal de los conflictos.

El Defensor del Pueblo, Carlos Bonicatto, señaló que la investigación parte de la “carencia de insumos de información”, por lo que resaltó la importancia de “trabajar con datos concretos, reales, para ver cómo esta problemática puede ser abordada”, a la vez que sostuvo que el trabajo “es un instrumento que debería replicarse en el resto de la Provincia y en el país”.

En ese sentido, el Defensor destacó la labor en conjunto con las universidades que participaron del proyecto, el cual espera que pueda “contribuir con el diseño de políticas públicas para que la gente que habita en los lugares de mayor complejidad puedan vivir mejor”.

Por su parte, el ministro de la Corte Suprema de Justicia, Eugenio Zaffaroni, planteó que vivimos “en un mundo particularmente violento”, por lo que es clave “trabajar con datos concretos para empezar a pensar el mundo que viene y, de ese modo, buscar la forma de modificar este grado de violencia”.

“No vamos a poder reducir estos niveles si no trabajamos sobre cuatro elementos fundamentales: qué hacemos con el tráfico y consumo de drogas, en particular de la cocaína; cómo encaramos seriamente el problema de los medios concentrados; qué hacemos con nuestra policía; y cómo atacamos la insólita profusión de armas de fuego”, sostuvo el juez del máximo tribunal nacional.

Por último, Zaffaroni indicó que “proponemos la tentativa de construir sociedades más distributivas”, por lo que reconoció que “es importante que las universidades se comprometan con las instituciones del Estado, ya que no tienen que ser un centro de formación de la elite, sino de formación de ciudadanos”.

La síntesis de la investigación señala que :

“Violencia y homicidios dolosos en la provincia de Buenos Aires. Perfiles socioeconómicos, experiencias y representaciones de habitantes de barrios con un alto índice de homicidios Dolosos”

Con los datos recabados entre 2011 y 2012 por el Instituto de Investigaciones de la Corte Suprema de Justicia como punto de partida, la Defensoría del Pueblo de la provincia de Buenos Aires realizó un trabajo de investigación cuali-cuantitativo en cinco de los barrios del área metropolitana con mayor registro de homicidios.

El estudio lleva como título “Violencia y Homicidios Dolosos en la Provincia de Buenos Aires. Perfiles socioeconómicos, experiencias y representaciones de habitantes de barrios con un alto índice de homicidios dolosos”.

Fue realizado con la colaboración de cuatro universidades nacionales: San Martín, La Plata, La Matanza y Avellaneda y la Fundación Conurbano.

La investigación apuntó a analizar las percepciones sobre la violencia que tienen quienes habitan esos barrios e intenta ser un aporte para problematizar las miradas unívocas sobre la violencia, en sintonía con el abordaje del Programa de Criminología de la UNSAM, dirigido por Raúl Zaffaroni.

El trabajo publicado por la Defensoría del Pueblo bonaerense avanza en un sentido cualitativo para indagar sobre las causas que, según quienes allí habitan, llevan a concentrar los homicidios en asentamientos y villas.

Así, la investigación permite observar que el entramado de violencias y vulneraciones de derechos tiene en el homicidio su manifestación más visible y trágica, aunque no la única: condiciones habitacionales precarias, falta de acceso a servicios públicos y sociales, condiciones sanitarias inadecuadas y la consolidación de economías de subsistencia, principalmente redes de narcotráfico, aparecen como formas de violencia en los imaginarios de los encuestados.

El universo de personas entrevistadas corresponde a los barrios de Villa Elvira (La Plata), La Rana (San Martín), Ingeniero Budge, Villa Fiorito (Lomas de Zamora) y Dock Sud (Avellaneda) y las temáticas abordadas incluyen el funcionamiento de las fuerzas de seguridad, la caracterización de víctimas y victimarios de la violencia, la procedencia de victimarios de homicidios dolosos, el vínculo entre ellos y las vías de resolución alternativas que las personas contemplan para evitar el desenlace fatal de los conflictos.

  • Una de las primeras conclusiones a las que el trabajo arriba es que el concepto de violencia no aparece como unívoco ni homogéneo. Conviven bajo su órbita aspectos muy dispares, que remiten tanto a la vida personal de los encuestados, como a cuestiones estructurales de su barrio o la sociedad.
  • Del análisis de la información surge que en torno a la idea de violencia aparecen conceptos que remiten a elementos colectivos o estructurales (como falta de educación o el deficiente acceso a derechos) e individuales (robo y violencia física, entre otros).
  •  Y al focalizar sobre la instancia posterior al hecho, el estudio deja ver que si bien existe una mayoría de personas que realizaron la denuncia policial, es considerable el porcentaje de quienes no la efectuaron.
  • Si se discriminan las denuncias según el tipo de hecho, el robo es el que más denuncias posee, pero comparativamente al resto de los delitos tiene un alto nivel de casos no denunciados.
  • Otros datos relevados permiten observar que la totalidad de homicidios registrados fueron denunciados, lo que refuerza la idea de que es uno de los delitos con menor “cifra negra”.
  • Ninguna de las denuncias por violencia de género fueron efectuadas en una comisaría de la mujer.
  • Otra de las conclusiones que resultan del trabajo de investigación es que los episodios de violencia y los homicidios dolosos ocurren mayoritariamente dentro de los mismos barrios donde habitan víctimas y victimarios.
  • Las percepciones recabadas ponen en evidencia que víctimas y victimarios pertenecen al mismo barrio, a la misma condición socioeconómica y al mismo grupo etario: jóvenes y de bajos ingresos.
  • Estos grupos de jóvenes de bajos ingresos son identificados como quienes más sufren la violencia (34,7%), y a su vez principales responsables de ejercer la violencia (40%).
  • Las personas mayoritariamente circunscriben el ejercicio y padecimiento de la violencia en el territorio que habitan. No obstante, el 75,8% de las personas consideran a su barrio como un buen lugar para vivir.
  • Se identifica al género masculino como victimario.
  • Los victimarios no son identificados con una nacionalidad específica. Por el contrario, los extranjeros no son percibidos como problemáticos (aparecen slo en un 5.9% de las respuestas).
  • En el estudio puede observarse que son las personas que no han sido víctimas de violencia las que identifican a la violencia con el robo, mientras que aquellas que han sido victimizadas la asocian mayormente con las peleas y discusiones entre vecinos.
  • La decisión de realizar el estudio en el terreno y de manera interdisciplinaria, hizo posible ver también el modo en que las personas de estos barrios perciben el accionar policial y las posibles vías de resolución alternativas a los conflictos.
  • Para gran parte de las personas encuestadas en el estudio, el conflicto que concluyó en un homicidio podría haberse evitado. Y del mismo modo, un segmento igualmente abarcativo considera que lo ocurrido podría haberse resuelto de otro modo.
  • Al explicar cómo podría haberse evitado, la mayoría deposita expectativas en diferentes formas del diálogo, mientras que el accionar policial quedó relegado al segundo lugar.
  • El modo de evitar un homicidio o de resolver de manera alternativa una situación que concluyó fatalmente, tiene que ver, en términos mayoritarios, con iniciativas relacionadas al diálogo, la comprensión y la contención, más que a intervenciones punitivas o judicializadoras.
  • Uno de los datos más significativos que se pone en evidencia en el estudio es que las causas de los homicidios dolosos se relacionan con una multiplicidad de factores, que permiten poner en tela de juicio las interpretaciones que identifican de manera unívoca a los crímenes con los delitos contra la propiedad.
  • La recurrencia de las representaciones que asocian los homicidios dolosos a los ajustes de cuentas, las venganzas, las peleas y discusiones, las cuestiones emocionales, entre otros, permite poner en cuestión las nociones que explican linealmente la violencia a través de la pobreza.
  • Según se observa de las percepciones de los encuestados, la amplia mayoría de los homicidios tuvo lugar entre personas que se conocían, muchos de los cuales tenían incluso relaciones estrechas, lo que permite formular interrogantes que se enfoquen sobre el entramado de las redes de relaciones sociales, sus actores, sus diferenciales de poder, a la hora de articular interpretaciones sobre el fenómeno de los homicidios dolosos.
  • Los encuestados consideran que las fuerzas de seguridad tienen baja presencia y a su vez, tienen una valoración mayoritariamente regular (30,1%) o negativa (37,5%).
  • Particularmente, los jóvenes registran en sus percepciones una relación de mayor conflictividad con la policía.
  • Existe la percepción de que las fuerzas de seguridad recién intervienen una vez ocurrido el hecho.
  • No se las reconoce como agentes de prevención, sino como una institución que reacciona una vez consumados los episodios de violencia.
  • Las personas que habitan los barrios victimizados reconocen en las fuerzas de seguridad a un actor poco efectivo a la hora de cumplir su rol de garante de la seguridad pública.
  • Según la percepción de la mayoría de los entrevistados, los episodios de violencia motivados por discusiones, peleas, ajustes de cuentas, venganzas y cuestiones emocionales, entre otros, explican la representación de la violencia a través de la pobreza.
  • “La investigación busca contribuir a las iniciativas de lucha simbólica contra los mecanismos de estigmatización social y de difusión de estereotipos que asimilan determinadas formas de hábitat popular, como lugar de procedencia o nacionalidad de las personas involucradas en hechos de violencia y de homicidios”, dijo el Defensor del Pueblo, Carlos Bonicatto.

“La investigación permite sustentar académicamente el diseño de políticas públicas específicas y avanzar en los debates públicos sobre la violencia y los homicidios dolosos. Sólo desde el análisis del contexto en que se producen esas muertes es posible aplicar polít

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