jueves, agosto 5, 2021

El Flagelo de las drogas

Obispo 9 de julio 1

Con fecha 26 de diciembre de 2013, el titular de la Diócesis de Nueve de Julio, Santo Domingo de Guzmán, le hizo llegar una carta al Concejo de Deliberante del distrito a la luz del documento que días antes había dado a conocer una Asamblea de la Conferencia Episcopal Argentina, referido al flagelo de las drogas.

El mensaje de Monseñor Martín de Elizalde sigue teniendo plena vigencia ante la hora actual sobre la problemática. Es por ello que Cadena Nueve en el compromiso de impulsar el desarrollo y compromiso de las instituciones con la comunidad, y en este caso, con un amplio sector bonaerense, como es la diócesis con cabecera en la ciudad de Nueve de Julio, reproduce textualmente aquel envió a los representantes del pueblo, dirigido a su Presidente – Alberto Capriroli – que había asumido el día 10 de ese mes:

“Tengo el agrado de dirigirme a Ud., y por su medio, a los miembros de ese Hble. Cuerpo, para hacerle llegar la declaración de la Asamblea General de la Conferencia Episcopal Argentina sobre los peligros del consumo de drogas y la difusión del narcotráfico. Me mueve a hacerlo la certeza que, como responsables de la vida política y social de las comunidades que conforman en lo eclesiástico el territorio de la Iglesia particular de Nueve de Julio, comparten la preocupación que esta grave situación provoca. Es una preocupación que debemos asumir todos de la manera que es competencia de cada institución y de nuestra condición de ciudadanos responsables del bien común.

Concejales de diferentes distritos de la provincia de Buenos Aires se han hecho eco del mensaje de los obispos argentinos, y se han interesado por iniciar acciones concretas, incluso dando a conocer declaraciones de adhesión al documento episcopal por parte de sus respectivos Concejos (Bragado, Decr. 1568/13, del 13.11.2013; Lincoln, Resol. 735/13, del 19.11.2013; Gral. Viamonte, Resol. 647, del 27.11.2013; Pehuajó, Resol. 17/13, del 28.11.2013).

Movido por una acogida tan favorable a la llamada de los obispos argentinos, me dirijo a Ud. para manifestarle la disposición de la Iglesia diocesana, de sus parroquias e instituciones, y la mía propia, para colaborar con la autoridades y con las instancias responsables de la sociedad en los niveles locales en las acciones preventivas, formativas y asistenciales, que se implementen en los distritos que se encuentran comprendidos en nuestra jurisdicción diocesana, con el apoyo y con los recursos que están a nuestro alcance.

A continuación, propongo algunas indicaciones más concretas, en las que considero que deberíamos poder concordar los diversos sectores:

–          La coincidencia en la gravedad que este flagelo de las adicciones reviste, con un daño irreparable para la salud y la moral de la población, especialmente los jóvenes, y para la estabilidad familiar;

–          La creación de centros de prevención de adicciones o la dinamización de los existentes, con personal idóneo y recursos suficientes, y dando publicidad de su existencia y funciones a la población;

–          La presencia en hospitales y centros de salud de personal capacitado para detectar a los adictos, orientar a ellos y sus familiares, tratar las emergencias y sugerir las medidas a tomar;

–          La formación de personas competentes para acompañar terapéuticamente a los adictos y prever la creación de fuentes laborales para ellos;

–          La preparación de los docentes en las escuelas para atender las situaciones de adicción y prevenir los riesgos en las áreas de la educación;

–          Interesar a las organizaciones profesionales, educativas, empresariales, deportivas y sociales, para sumarse a este esfuerzo, promoviendo de manera clara y sin ambigüedad los valores de una vida sana y denunciando los peligros de los paraísos ficticios.

Se requiere, sin duda, para esto, además de los recursos necesarios, una conciencia fuerte en toda la comunidad, y un debate informado y sereno, que aclare las posiciones que se esgrimen, descartando las soluciones engañosas y falsas. Sería lamentable que por concesión a situaciones de poder o para evitar la exigencia de un esfuerzo profundo y sostenido, se limiten las acciones a una mera declaración de principios, expresados sin vigor ni convicción, y sin la continuidad de medidas eficaces, Un ejemplo de estas falsas soluciones lo tenemos en las propuestas de despenalización del consumo, término demasiado genérico, que bajo el propósito declarado de no hacer recaer la sanción sobre el adicto que consume –  un enfermo, en última instancia -, en realidad permite que pululen y prosperen las redes del tráfico.

Finalmente, me permito agregar una consideración que me parece importante, y es que la propuesta que la sociedad necesita debe estar dirigida a la integralidad de la persona y de su accionar, con valores objetivos y verdaderamente humanos, que contemple la situación espiritual y física de las personas y reconozca la prioridad de la conciencia para un ejercicio auténtico de la libertad, la fraternidad solidaria y la vocación a la trascendencia.

Con el deseo de fortalecer los vínculos para una acción realmente positiva en nuestras comunidades, ruego a  Dios que nos permita encontrar los caminos más conducentes y recorrerlos, para el bien de todos nuestros hermanos. Con mi saludo cordial, y los mejores deseos para el Nuevo Año”,

 *Obispo de Santo Domingo en Nueve de Julio, R. Argentina

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