El Obispo encabezó el Vía Crucis del Viernes Santo

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Monseñor Martín de Elizalde guió cada una de las Estaciones del Calvario de Jesús

Procesión Vierenes Santa1

En este Viernes Santo, el Obispo de Nueve de Julio Martín de Elizalde encabezó una procesión que Salió desde la Catedral Santo Domingo de Guzmán y culminó en la Cruz ubicada en la unión de las Avdas. Pte. Perón y Mitre.

El prelado desde un automóvil ubicado detrás de la Cruz, fue relatando el calvario de Jesús, a través de todas las Estaciones hasta llegar a su muerte.

El recorrido abarcó uno de los carriles de la Avda Mitre hasta arribar en el final Via Crucis, en la esquina del parque gral san Martín, donde se reflexionó sobre una de las jornadas más trascendentes de la feligresía católica.

Una importante cantidad de participantes de todas las edades acompañaron la marcha, mientras que  personal de la Dirección de Tránsito Municipal custodiaba a los peregrinos, permitía el paso de los vehículos por el carril libre de circulación.  Una vez más se demuestra un comportamiento cívico y ciudadano digno de elogio. Se convivió en una misma arteria respetándose dos derechos muy importantes. Uno el de la religiosidad y expresión en ese sentido. El otro, el de transitar.

Cuando se piensa con detención en la descripción del relato del Obispo, muchas caras cambiaban de semblante de solo pensar lo que padeció Jesús hasta llegar a resurrección. Solo Él como Hijo de Dios, hecho hombre lo puedo.

A medida que la marcha se alejaba del centro, la Catedral lucía silenciosa.

Más temprano, conforme a los usos horarios en Roma, el papa Francisco presidió su segundo Vía Crucis nocturno como pontífice alrededor del Coliseo romano, durante el cual se conmemora el calvario de Cristo hasta su crucifixión.

Este año el Vía Crucis tiene la impronta de Francisco, quien encargó la redacción de las meditaciones que se leen en cada estación al obispo italiano de Campobasso (sur), Giancarlo Bregantini, conocido por sus batallas contra la mafia.

La crisis económica, el desempleo, el maltrato a las mujeres, la soledad, las enfermedades, la situación de los presos fueron abordados en cada una de las estaciones.

“Padre Giancarlo”, que en su juventud fue obrero, al que la mafia de Calabria en 1994 colocó una bomba bajo el altar el día en que fue ordenado obispo, denunció también en los textos el drama de los refugiados, la trata de seres humanos, la droga, el alcohol, los abusos de la mafia.

En cada una de las estaciones la cruz fue cargada por trabajadores, empresarios, inmigrantes, detenidos, huérfanos o enfermos.

Un claro mensaje, que marca rumbos desde la Santa Sede en dirección de los Pastores de la Iglesia para lo llevan en cada Parroquia.

Vía Crucis Obisp

Vía Crucis participantes

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