Hace un año el Vaticano se abrió al pueblo

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Los Cardenales habían elegido a Jorge Bergoglio como su conductor

Francisco

Hace un año, el mundo se sorprendió, y la argentina en particular, cuando su supo que el nuevo Papa de la Iglesia Católicas era el cardenal primado de la Argentina, Jorge Bergoglio.

El sus retinas y oídos, los televidentes guardan el recuerdo de su anuncio en el tradicional latin, lengua vigente en el Vaticano para este tipo de acontecimientos trascendentes.

Su imagen sencilla de blanco, y con un  “buona será”, “me fueron a buscar al fin del mundo” y “recen por mí”, comenzó con sencillez y lenguaje directo un camino que comenzó a transformar la historia contemporánea de la Iglesia Católica. Humildad, puertas abierta y el reconocimiento que él también es pecador, poniéndose como un humilde servidos, se puso a la altura de todos los seres humanos, recordando que él también nació con el pecado original. Nunca antes,  visto desde la altura del Tempo construido sobre la piedra de San Pedro.

El Papa con profundidad y lenguaje llano y directo fue sorprendiendo al mundo que lo aceptó con cariño y ejempleridad a través de algunos hechos que han marcado este primer año de su elección.

No calumnien ni sean chismosos, dijo el santo padre, señalando que  el cristiano debe vencer la tentación de “meterse en la vida de los demás”.

“La charlatanería es hacerse daño unos a otros. Como siquiera disminuir al otro, ¿no? En cambio de crecer yo, hago que el otro descienda y me siento grande. ¡Eso no va!”, dijo.

“Desinformación, difamación y calumnia, ¡son pecados! ¡Es dar una cachetada a Jesús en la persona de sus hermanos!”. La calumnia destruye a la Iglesia, dijo el Papa. “Y eso es lo que quiere el diablo”, sentenció.

Hagan lío.  Se lo dijo a una delegación de jóvenes argentinos que viajaron a Rio para participar de la Jornada Mundial de la Juventud en julio pasado: “Quiero líos en las diócesis; quiero que se salga afuera, quiero que la Iglesia salga a las calles”.

No idolatren el dinero. El Papa insiste en este tema constantemente. El dinero es un “instrumento bueno en sí mismo”, pero si no es ofrecido a los demás, se vuelve contra el hombre, advirtió recientemente. “Si las cosas, el dinero, la mundanidad se convierten en el centro de la vida, nos poseen y perdemos nuestra identidad de seres humanos (…). La posesión de cosas materiales al final nos roba el rostro, el rostro humano”.

“Quien corre tras la nada, se convierte él mismo en una nada”, subrayó.

En varias oportunidades condenó la codicia y, citando a su abuela Rosa, advirtió: “La mortaja no tiene bolsillos”.

Pecar, sí; ser corrupto no. “El problema no es ser pecadores, sino no arrepentirse del pecado, no tener vergüenza”, dijo:  “Pedro era pecador, pero no corrupto, ¿eh?”, advirtió Bergoglio.”Pecadores, sí, todos: corruptos, no”.

“De los pecadores no hace falta hablar demasiado, porque todos lo somos”, dijo en otra ocasión Francisco. Los corruptos son los que eran pecadores como nosotros, pero no han dado un paso adelante, como si se hubiesen consolidado en el pecado: ¡no necesitan a Dios!”

Sean pastores con olor a oveja, invitando a los sacerdotes a que sean “pastores con olor a oveja, en medio del rebaño”. “Al buen sacerdote se lo reconoce por cómo anda ungido su pueblo. Cuando la gente anda ungida con óleo de alegría se le nota”, aseguró el Pontífice durante la homilía.

No descarten a los más débiles .Hoy “dominan las dinámicas de una economía y una finanza carentes de ética; hoy no manda el hombre, sino el dinero, manda el dinero.”.

“Hombres y mujeres son sacrificados a los ídolos de la ganancia y del consumo”. Es la “cultura del descarte”, que hace que “resulten normales” las necesidades y los dramas de tantas personas. “La vida humana, la persona, ya no son sentidas como valores primarios a respetar y tutelar, especialmente si son pobres o discapacitados, si no sirven aún –como el niño por nacer-, o si ya no sirven –como el anciano”.

Esto es fruto de la “cultura del descarte”, que el Papa denuncia continuamente.

No desechen alimentos. La cultura del descarte nos ha vuelto insensibles incluso al desperdicio y al descarte alimentario, (nos) ha acostumbrado a lo superfluo y al desperdicio cotidiano de alimento. Al respecto reflexionó: s”, dijo el Papa. Los alimentos que se tiran son alimentos que se roban de la mesa de los pobres y del que tiene hambre.  

Mientras que la solidaridad, que es la riqueza de los pobres, a menudo se considera contraproducente, “porque se opone a la lógica de las finanzas y de la economía”. “No compartir con los pobres los propios bienes es robarles y quitarles sus vidas”.

Vayan a las periferias. “Vivir Semana Santa es ir hacia las periferias y ayudar a los que necesitan ayuda”, sostuvo el Papa en uno de sus primeros mensajes. Más tarde repetiría y ampliaría este concepto: periferias “geográficas y existenciales”.

“Seguir, acompañar a Cristo, permanecer con Él exige salir. Salir de sí, de la tentación de encerrarse en los propios esquemas que acaban por cerrar el horizonte de la acción creativa de Dios. (…) Debemos movernos hacia nuestros hermanos y hermanas, y sobre todo hacia los que están más lejos, los que son olvidados, los que necesitan comprensión, consuelo, ayuda”.

Sean católicos felices . “¡Un cristiano no puede estarlo nunca! No sean nunca hombres y mujeres tristes. ¡No se dejen ganar nunca por el desaliento! Quiero católicos felices. No se puede anunciar a Jesús con cara de funeral”.

Cuiden la creación . “Somos guardianes de la creación, del designio de Dios inscripto en la naturaleza,guardianes del otro, del medioambiente. ¡La persona humana está en peligro: he aquí la urgencia de la ecología humana!”