domingo, octubre 17, 2021

9 de Julio festeja 150 Años de vida en crecimiento

Municipalidad Sesquicentenario

Con un desfile de Establecimientos Educativos e Instituciones de toda la comunidad, frente a la Plaza Manuel Belgrano se desarrolla desde las 10 el acto central encabezado por el Intendente Comunal Walter Battistella.Bandera_del_Partido_Nueve_de_Julio

El Izamiento de los pabellones, Nacional, Bonaerense y Distrital, tras la colocación de una ofrenda floral en el Busto del fundador de la ciudad el 27 de octubre de 1863, Julio de Vedia, son la antesala a la ceremonia, que se podrá ver a lo largo de la Avda. Bartolomé Mitre.

Dios, todopodero, estará presente, tras las invocaciones con Oraciones por la Comunidad.  Se dará lectura a los mensajes de adhesión y salutaciones y se escuchará la palabra del Intendente Municipal por la fecha histórica.

La Banda Militar “Curupaytí” acompañará en todo momentos los sucesos.

Esta ciudad fue fundada por el Gral.  Julio de Vedia el 27 de octubre de 1863, como avance de la denominada  “Campaña al Desierto”,cuando el Ejército decidió extender la línea de fronteras. Es así como, el coronel Julio de Vedia fundó el campamento militar Nueve de Julio alrededor de una de las lagunas – hoy San Martín -de las tres que se hallaban en la zona ese día.  En 1865 se crea el Partido de Nueve de Julio.

Su nombre al principio de la colonización fue Tres Lagunas. Para los pueblos originarios del cacique Calfucurá era Cla-Lauquen.

Sus orígenes están ligados a una leyenda que sintéticamente dice que dos hermanos, hijos de un poderoso cacique araucano de la región, se habían enamorado de una misma joven cuya hermosura era ponderada en forma que igualaba a Pirepilffin, la deidad hechicera de las nieves andinas.

La cándida niña, que todavía no alcanzaba a comprender lo que era amor, jugaba con el cariño de los jóvenes igual que el pichi thapial (cachorro de león) juega con la presa que luego ha de devorar.

No entendía la joven que con ese peligroso juego exacerbaba cada día más la pasión salvaje que por ella sentían los hermanos.

Con respuestas oportunas contestaba los requerimientos amorosos de los apuestos muchachos. «Soy joven ―les decía―. No me hablen de amores porque todavía no he pensado en ello. Quiero por un tiempo más ser libre como las aves que surcan el infinito cielo. Déjenme en libertad para divertirme, que hay tiempo para amar». Y con delicados gestos, los despedía con las esperanzas.

Por esa época había llegado desde el lejano país de allende el mar, unos hombres blancos que desde el primer momento se mostraron malos e insaciables, los que no contentos con arrebatarles las mejores tierras, trataban ahora de extender sus dominios en forma que los indios no les quedarían más que los ojos para llorar sus desventuras. Ante amenaza tan tremenda, los gobiernos de las tribus habían decidido la guerra a muerte contra ese invasor. Esta no sería una de las tantas guerrillas a las que estaban acostumbrados, sino que era una guerra grande y contra un enemigo poderoso y valiente en la que muchos indios morirían; y fue por ello que los hermanos redoblaron exigentes una decisión terminante de la doncella, antes de partir para esa expedición de donde probablemente no regresarían.

«Los amo a los dos por igual, pero con el amor de hermanos. Y los quiero de igual forma que quiero a mis padres. ¿Pueden figurarse que entregaría mi corazón a alguno de ustedes, mis valientes hermanos, truncando las esperanzas del no elegido? Sigamos viviendo el sueño de una dicha imposible hasta que nuestros dioses decidan sobre nuestros destinos», terminó diciendo y presurosa se refugió en su tienda como si un temor supersticioso invadiese su corazón. Profundamente consternados, los hermanos quedaron parados frente a frente. Sus centelleantes miradas se encontraron y el pensar fue el mismo. Dirimirían en singular combate la posesión de la prenda de sus afanes. El que quedara con vida la haría suya.

Llegó la noche, en el campamento todos dormían, el silencio era únicamente interrumpido por el graznido chillón de la lechuza fatídica que parecía agorar la tragedia que se avecinaba.

Empuñando sus temibles lanzas, los hermanos montaron en sus corceles de guerra y sigilosamente se alejaron del lugar hasta llegar al pie de un médano solitario, en donde después de darse un fraternal abrazo, como señal de que ni el odio ni el rencor animaban sus acciones, se aprestaron para luchar hasta la muerte por el amor de una mujer que no podía ser de los dos.

Largo fue el combate, pues los hermanos eran aguerridos y valientes; hasta que cubiertos de múltiples heridas, se separaron alejados por sus montas, para caer finalmente muertos en diferentes sitios.

Al amanecer llegaron a los toldos de sus dueños los caballos de los hermanos con las monturas tintas de sangre como señal de que algo grave había ocurrido. Presintiendo la tragedia, la doncella corrió por el campo hasta dar con los cadáveres de sus pretendientes. Loca de desesperación y de espanto, empezó a vagar por la llanura hasta caer muerta de pena y de dolor.

El viento empezó a socavar la tierra que servía de lecho de los cadáveres, formándose un pequeño pocito donde se hizo un charquito con la primera lluvia, el que se fue agrandando con las subsiguientes, hasta convertirse en las tres lagunas que conocemos, las que son para los araucanos (mapuches) símbolos de amor, sacrificio y hermandad hasta más allá de la muerte.

Y es por eso que cuando pasaban por el lugar, jamás dejaban de beber agua en alguna de ellas.

El Escudo que caracteriza a la ciudad fue creado por el convecino Aldo Baamonde – artista plástico -. Está diseñado en un solo campo Escudode9dejuliode azul intenso, que simboliza  la inmensidad de nuestro cielo. Se representa al Sol, como un hecho creador. El sable corvo representa al coronel Julio de Vedia, en su participación en la fundación. Las 24 estrellas, representan la hermandad entre los 24 pueblos del distrito, circundando el año de su nacimiento. Las tres lagunas, representan el origen del ClaLauquén primitivo. La espiga de trigo, representa la principal riqueza agrícola, y la rueda a la industria. Finalmente, el laurel ―símbolo de gloria― reconoce a aquellos que cimentaron el hoy pujante y laborioso partido de Nueve de Julio.

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