sábado, octubre 16, 2021

Hace 118 años moría Louis Pasteur

Hace 118 años fallecía en Francia, donde había nacido, Louis Pasteur. Fue un químico cuyos descubrimientos tuvieron enorme importancia en diversos campos de las ciencias naturales, sobre todo en la química y microbiología.

Se hizo famoso universalmente por su proceso conocido como, “Pasteurización” denominación en reconocimiento a su apellido.

A través de experimentos refutó definitivamente la teoría de la generación espontáneo y desarrolló la teoría germinal de las enfermedades infeccionas.

Por sus trabajos fue considerado el pionero de la microbiología  moderna, iniciando la llamada “Edad de Oro de la Microbiología”.

Aunque la teoría microbiana fue muy controvertida en sus inicios, hoy en día es fundamental en la medicina moderna y la microbiología clínica  y condujo a innovaciones tan importantes como el desarrollo de vacunas, antibióticos y la esterilización y la higiene, como métodos efectivos de cura y prevención contra la propagación de las enfermedades infeccionas.

Esta sagaz idea representa el inicio de la medicina científica, al demostrar que la enfermedad es el efecto visible (signos y síntomas) de una causa que puede ser buscada y eliminada mediante un tratamiento específico. En el caso de las enfermedades infecciosas, se debe buscar el germen causante de cada enfermedad para hallar un modo de combatirlo.

Sus contribuciones en la química orgánica fueron el descubrimiento del diformismo del ácido tartárico que permitió que el vino no fermentara.

Hasta ese momento se insistía en que la fermentación era un proceso químico y que no requería la intervención de ningún organismo. Con la ayuda de un microscopio, Pasteur descubrió que, en realidad, intervenían dos organismos -dos variedades de levaduras – seres vivos-   que eran la clave del proceso. Uno producía alcohol y el otro, ácido láctico, que agriaba el vino.

Pasteur había nacido el 27 de diciembre de 1822 en Dôle, Francia, donde transcurrió su infancia. De joven, no fue un estudiante prometedor en ciencias naturales; de hecho, si demostraba alguna actitud especial, era en el área artística de la pintura. Su primera ambición fue la de ser profesor de arte.

Además, utilizó un nuevo método para eliminar los microorganismos que pueden degradar al vino, la lecho o la cerveza, después de encerrar el líquido en cubas bien selladas y elevando su temperatura hasta los 44 grados centígrados durante un tiempo corto. A pesar del rechazo inicial de la industria ante la idea de calentar vino, un experimento controlado con lotes de vino calentado y sin calentar demostró la efectividad del procedimiento. Había nacido la “pasteurización”, el proceso que actualmente garantiza la seguridad de numerosos productos alimenticios del mundo.

Demostró que todo proceso de fermentación y descomposición orgánica se debe a la acción de organismos vivos y que el crecimiento de los microorganismos  en caldos nutritivos no era debido a la generación espontánea.

Para demostrarlo, expuso caldos hervidos en matraces provistos de un filtro que evitaba el paso de partículas de polvo hasta el caldo de cultivo, simultáneamente expuso otros matraces que carecían de ese filtro, pero que poseían un cuello muy alargado y curvado que dificultaba el paso del aire, y por ello de las partículas de polvo, hasta el caldo de cultivo. Al cabo de un tiempo observó que nada crecía en los caldos demostrando así que los organismos vivos que aparecían en los matraces sin filtro o sin cuellos largos provenían del exterior, probablemente del polvo o en forma de esporas.

De esta manera Louis Pasteur mostró que los microorganismos no se formaban espontáneamente en el interior del caldo, refutando así la teoría de la generación espontánea y  demostrando que todo ser vivo procede de otro ser vivo anterior (Omne vivum ex vivo).

Luego de resolver el problema de la industria vinícola, Pasteur fue contactado en 1865 por el gobierno francés para que ayudara a resolver la causa de una enfermedad de los gusanos de seda del sur de Francia, la cual estaba arruinando la producción. Pasteur, como él mismo reconoció, no sabía nada de gusanos de seda, sin embargo creía que su ignorancia le significaba una ventaja, pues le permitiría afrontar el problema sin prejuicios. Tras los éxitos obtenidos, confiaba que el método científico sería la herramienta que revelaría el misterio y le ayudaría a encontrar una solución.

Emprendió una investigación de ensayo y error durante 4 años y tras investigar meticulosamente las enfermedades del gusano de seda pudo comprender los mecanismos de contagio. Gracias al microscopio  identificó dos parásitos distintos que infectaban los gusanos y a las hojas de las cuales se alimentaban.

Su diagnóstico fue drástico: los gusanos y hojas infectadas tenían que ser destruidos y reemplazados por otros nuevos. Mediante una meticulosa selección pudo aislar un grupo sano, y cuidó que no se contagiara. Sin embargo, no todo resultaba bien: Pasteur sufrió una hemorragia cerebral que lo dejó casi hemipléjico del lado izquierdo. En cuento convaleció publicó un libro en los que detallaba sus ensayos y descubrimientos, conocimiento que otros países no tardaron en aplicar. Ya entonces la industria local de la seda recogía los frutos de su aporte y obtenía ganancias por primera vez en una década, y países como Australia y Italia imitaban ampliamente su técnica de selección.

También fue el propio Pasteur, en 1871 sugirió a los médicos de los hospitales militares a hervir el instrumental y los vendajes. Describió un horno, llamado “horno Pasteur”, útil para esterilizar instrumental quirúrgico y material de laboratorio y en el tuvieron entero apoyo.

En 1880, Pasteur se encontraba realizando experimentos con pollos para determinar los mecanismos de transmisión de la bacteria responsable del cólera aviar  que acababa con muchos de ellos. Junto con su ayudante, Charles Chamberland, inoculaban la bacteria –pasteurella multocida  a pollos y evaluaban el proceso de la enfermedad.

La historia cuenta que Pasteur iba a tomarse unas vacaciones, y encargó a Chamberland que inoculase a un grupo de pollos con un cultivo de la bacteria, antes de irse el propio ayudante de vacaciones. Pero Chamberland olvidó hacerlo, y se fue de vacaciones. Cuando ambos volvieron al cabo de un mes, los pollos estaban sin infectar y el cultivo de bacterias continuaba donde lo dejaron, pero muy debilitado. Chamberland inoculó a los pollos de todos modos y los animales no murieron. Desarrollaron algunos síntomas, y una versión leve de la enfermedad, pero sobrevivieron.Louis Pasteur

El ayudante, abochornado, iba a matar a los animales y empezar de nuevo, cuando Pasteur lo detuvo: la idea de la vacunación era conocida desde 1796 y Pasteur la conocía. Expuso a los pollos una vez más al cólera y nuevamente sobrevivieron pues habían desarrollado respuesta inmune. Pasteur no desarrolló por lo tanto la primera vacuna, pero sí la primera vacuna de bacterias artificialmente debilitadas — a partir de ese momento no hacía falta encontrar bacterias adecuadas para las vacunas, las propias bacterias debilitadas de la enfermedad a derrotar servían.

Pasteur puso este descubrimiento en práctica casi inmediatamente en el caso de otras enfermedades causadas por agentes bacterianos. En 1881, hizo una demostración dramática de la eficacia de su vacuna contra el carbunco, inoculando la mitad de un rebaño de ovejas mientras inyectaba la enfermedad a la otra mitad. Las inoculadas con la vacuna sobrevivieron, el resto, murió.

En sus estudios contra la rabia, utilizaba conejos infectados con la enfermedad, y cuando éstos morían secaba su tejido  para debilitar el agente patógeno que la produce, que hoy sabemos que es un virus.

En 1885, un niño, Joseph Meister, fue mordido por un perro rabioso cuando la vacuna de Pasteur sólo se había probado con unos cuántos perros. El niño iba a morir sin ninguna duda cuando desarrollase la enfermedad, pero Pasteur no era médico, de modo que si lo trataba con una vacuna sin probar suficientemente podía acarrear un problema legal.

Sin embargo, tras consultar con sus colegas, el químico se decidió a inocular la vacuna al muchacho. El tratamiento tuvo un éxito absoluto, el niño se recuperó las heridas y nunca desarrolló la rabia Pasteur. Más tarde, la aplicó en otro caso en Francia, y el tercero se hizo en Buenos Aires, también con éxito. La vacuna la trajo en barco uno de sus discípulos y ayudo a su desarrollo en nuestro país.

Fue el doctor Desiderio Davel que inoculó a dos hermanitos provenientes de Montevideo, que también habían sufrido mordeduras caninas. Nuestro país se convirtió así en el segundo en utilizar este producto, que aunque no estaba exento de complicaciones, en su momento salvó muchas vidas. Davel era hijo de uno de los integrantes del Regimiento que el 8 de noviembre de 1836, fundó Fortín Mulitas, que dio origen a la ciudad de 25 de Mayo.

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