Las obras electorales

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Escribe Orlando Costa (*)

Tengo un recuerdo grabado en la memoria. Fue a mediados de 2007, año electoral para renovar cargos ejecutivos y legislativos. Era Intendente de Bragado en ese momento, realizábamos un acto para entregar las llaves de 570 viviendas financiadas por el Plan Federal 1 del gobierno nacional y construidas por administración municipal. Aquél día estaban el entonces Presidente de la Nación, Néstor Kirchner; el Gobernador Felipe Solá (con quien era habitual planificar y ejecutar obras, aunque tuviéramos distinta pertenencia partidaria); la senadora Cristina Fernández de Kirchner; el actual Gobernador Scioli; ministros nacionales y provinciales; legisladores e Intendentes de distintos partidos políticos.

Néstor Kirchner fue saludado por muchos vecinos y parecía contento. Él mismo, al volver a la capital, destacó positivamente en la casa Rosada, en el curso de otro acto, el hecho que oficialistas y un Intendente radical de la oposición hubieran compartido ese evento.

Fue una jornada cívica. Nos reunimos gobernantes de distinto signo político y compartimos con los ciudadanos los beneficios del esfuerzo conjunto, en un marco de respetuosa convivencia democrática. Como debieran ser todos los días, sin eliminar diferencias políticas cada uno aportando lo suyo para el bien común.

El recuerdo viene a cuento porque ayer La Nación publicó una nota detallando cómo se distribuirán 12.000 millones de pesos para obras en municipios bonaerenses mediante el Plan “Más cerca, más municipios, mejor país, más patria”.

Estos recursos serán destinados solamente a distritos gobernados por dirigentes cristinistas y serán excluidos todos aquellos que no comulguen con ese sector del oficialismo y sus proyectos. Pregunté a un Intendente del conurbano y me contestó que desconocía el plan; veo los problemas hídricos y necesidades que tiene la población vecina de 9 de Julio, con Intendente radical, y compruebo como opera el sistema político oficial.

Una primera reflexión que merece este escenario es que frente a cuestiones prioritarias como las cíclicas inundaciones que amenazan cada vez más el hábitat social y económico de la provincia; frente al calamitoso estado de las rutas o el desastroso funcionamiento ferroviario, se decide invertir en obras sólo en algunas ciudades y con una clara intención electoralista.

Es condenable que los recursos y las inversiones sean usados exclusivamente con fines electorales y en clave de internas políticas. La intención es consolidar un formato de ejercicio de poder basado en la concesión y la obediencia, sin límites. El ciudadano, como destinatario de las obras y las mejoras, queda en un plano difuso, al fondo.

La segunda reflexión es que los gobernantes se deben a todos los ciudadanos, más allá de donde vivan o quien los gobierne. Son quienes pagan los impuestos para recibir servicios y respuestas a los problemas. Por lo tanto es legítima como pocas veces la pregunta: ¿Cómo se están empleando los recursos de todos?. El Estado no tiene dueños, más allá de los destinatarios de las políticas públicas. La cosa pública es, precisamente, de todos. La asignación de recursos debería estar guiada por la verdadera necesidad y las esenciales prioridades del común y no por un amiguismo que empieza a ser suicida.

Seguramente siempre hubo preferencias y discriminaciones en las decisiones políticas de los gobiernos. Ahora bien, nunca se hizo en forma tan sistemática, tan brutal y explícita. Nunca se hizo con tanta impunidad.

Evidentemente las cosas han cambiado desde aquella foto que conservo en mi memoria de un día de 2007. Han empeorado mucho. El populismo pone la mirada en lo inmediato, el corto plazo es su tiempo sin prestar atención al futuro. No hay construcción estratégica sobre lo importante, es el día a día buscando el propio beneficio.  Una forma de entender la política que rebaja cada vez más la calidad de los discursos y de los objetivos, que abarata enormemente el voto. Como decía en la nota del diario un Intendente de los aparentemente “bendecidos” por la Casa Rosada: “Quieren que nos juguemos por Cristina a cambio de un cordón cuneta”.

 

(*) Senador de la Provincia de Buenos Aires