lunes, abril 22, 2024
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Martín de Elizalde se pronunció ante las Festividades de San Pedro y San Pablo

En un documento denominado “La Fe de los Discípulos del Señor Resucitado y el Amor y Fidelidad a la Iglesia”, Monseñor  Martín de Elizalde, Obispo de la Diócesis  Santo Domingo de Guzmán, se pronunció  con motivo de las solemnidades del Cuerpo y la Sangre de Cristo y de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo.
Las celebraciones del próximo viernes es considera por la Iglesia Católica como una “solemnidad”, es decir,  una celebración de importancia mayor y que conmemora un hecho importante para la fe, por tanto las celebraciones eucarísticas de ese día deben ser muy bien preparadas y vividas, llenas de piedad y respeto además de un profundo sentido de celebración litúrgica .
Ante este acontecimiento trascendente, trascribimos el mensaje del Obispo Martín de Elizalde a los feligreses.
Queridos hermanos sacerdotes,
diáconos y ministros, seminaristas,
religiosos y religiosas,
hermanos y hermanas:
El mes de junio nos convoca a los cristianos para celebrar doblemente y con profunda devoción y sincera alegría el misterio de la Iglesia, en la expresión ofrecida por la liturgia: la Eucaristía, en la solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo, y el fundamento petrino y apostólico, que recordamos en la solemnidad de san Pedro y san Pablo el 29 de junio.
La Eucaristía, misterio de vida, signo de comunión
La liturgia de la Iglesia, “por cuyo medio se ejerce la obra de nuestra redención” , es la “cumbre a la cual tiende toda la actividad de la Iglesia y, al mismo tiempo, la fuente de donde mana toda su fuerza” , y en ella se hace presente en sacrificio incruento la entrega generosa del Salvador, que nos redime y nos confirma en la amistad con Dios Padre. Al celebrar la Eucaristía, somos establecidos en la comunión con el Hijo de Dios, en la fe y en la caridad, y él nos une al Padre y renueva en nosotros la presencia vivificante del Espíritu Santo. El convite a participar de la mesa del Señor, para alcanzar los frutos puestos al alcance de los miembros de la Iglesia, se dirige a todos los discípulos. De ahí la necesidad de la debida preparación para la recepción del sacramento, por la fe confesada, la coherencia de la vida, la condición moral, la disposición espiritual. La solemnidad del Cuerpo y la Sangre del Señor nos ofrece una ocasión maravillosa para renovarnos en nuestra apertura personal al misterio del encuentro con Cristo, anticipo de la Pascua definitiva, en la comunión con los santos y ángeles, señal escatológica que se hace ya presente en la vida de los fieles.
La comunión fraterna tiene también su expresión en la celebración eucarística, pues somos la comunidad de los que creen en Cristo Resucitado y se alimentan con su Cuerpo y Sangre. Este alimento, remedio del mal, fortaleza para testimoniar con la vida y apartarse del pecado (santidad), es a la vez causa y principio de toda acción evangelizadora. En el horizonte de la nueva evangelización a la que nos invita la Iglesia, la celebración del sacrificio eucarístico y la participación en él, no es solo una recomendación individual, intimista, sino la expresión más comprometida de nuestra condición de discípulos con una misión, animados por un deseo que nos es común y lanzados con dedicación y generosidad al esfuerzo evangelizador.

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